Homilía P.Rafael por el terremoto

Queridos hermanos:
Hoy es un día muy extraño. Raro. Porque un día el Señor me inspiró aquellas palabras en la muerte de Mamie, cuando yo celebraba la misa de exequias: "Gracias Señor por todo lo que me das, y gracias por todo lo que me quitas. Porque todo lo que me das y todo lo que me quitas procede de tu amor. Y cuando me quitas algo es para darme más." Esto se ha cumplido con nuestras hermanas.

Nosotros creemos que la muerte de Jesucristo es redención y vida nuestra y su Resurrección es también donación de vida eterna para nosotros. Esta esperanza nos llena de alegría pero no nos suprime el dolor. Podemos llorar, pero es un llanto lleno de esperanza y confianza en que un día veremos a nuestras hermanas.

Nadie podía pensar que las primeras hermanas que irían al encuentro del Señor lo harían de esta manera. Una enfermedad sí. Nos hubiera descoyuntado también, porque la muerte es algo que tiene un carácter muy extraño para el hombre. El hombre no está hecho para la muerte, está hecho para la vida.

Nos unimos al dolor de todas las hermanas y también a todo el dolor de estas madres, padres, abuelos, hermanos y hermanas de nuestras hermanas, porque también ellos sufren y tenemos que pedirle a Dios Nuestro Señor para que sufran con esperanza.

Nuestra hermana Clare tenía un lema que yo le di cuando hizo sus votos perpetuos: "Sola con el Solo". Y este lema lo ha hecho realidad ahora presentándose ante el Señor.
De nuestros labios se escuchó muchas veces la antífona del martirio de Santa Inés: "Voy hacia Ti, al que siempre he buscado, amado y deseado". Nuestra hermana Clare, cuando la conocimos, no tenía apenas formación religiosa, sabía poco de los misterios de Dios; solamente sabía que Dios había encendido en ella un fuego divino, un fuego sagrado que la llevaba a la entrega total.

“Quiero ser una monja famosa”. Y yo le dije: "Si quieres ser una monja famosa, tienes que ser muy humilde, la más humilde." Ella, que en sus años de adolescencia y primera juventud había adorado su propio cuerpo, quiso desde ese momento, desde que comprendió que Dios la llamaba a ser toda suya, dejar todo su pasado y entregarse, abandonarse confiadamente en las manos de Jesús, a quien ella eligió como su único Señor. De ese modo, verdaderamente se ha convertido en una monja famosa. El que se humilla será ensalzado.

En estos días no solamente lloran los adultos, nosotros, sino también los jóvenes y sobre todo los niños y las niñas. La hermana Clare tenía un don especialísimo, un carisma único, de atraer a los niños "no hacia mí, sino hacia Jesús". Quería que las almas de los niños no fueran manchadas por el pecado. Ella conocía bien el drama y el sufrimiento de una vida vivida en el pecado y el vicio y quería, por todos los medios, alejar de ellos a los niños. Su forma de hacerlo era cantando. Los atraía amándolos y enseñándoles canciones que muchos de ellos no olvidarán. Querían estar siempre con la hermana Clare. No porque la hermana Clare fuera fin del amor de los niños, sino porque les reflejaba a Jesús. En ella veían a Jesús y veían también a la Virgen Santísima.  

Hablo de la hermana Clare porque era la que había hecho ya votos perpetuos. En este sentido había ya terminado un itinerario de formación para entregarse totalmente a la misión que el Señor le confiara. Estuvo sirviendo al Señor aquí en España, en distintos lugares. Trabajó también en Estados Unidos, en la Parroquia de la Asunción y en el colegio que tiene la parroquia de la Asunción de Jacksonville y cuando se la destinó a servir a los pobres ahí en Playa Prieta (Ecuador), no hizo ningún reproche ni ninguna palabra de protesta o de desabrimiento. Con un espíritu verdaderamente sobrenatural, la hermana Clare pronunció su sí total. Un sí absoluto, como tantas veces había oído aquí en esta capilla y en otros múltiples sitios: "Señor, ¿Tú lo quieres? Pues yo también lo quiero".

Esta fue la vida de nuestra hermana Clare. Curiosamente ha muerto a los 33 años. Es como si hubiera sido llamada por Jesús justamente cuando Él murió. Hemos oído cómo el Señor dice: "Yo soy el Buen Pastor"; y también dice: "Yo soy la puerta". Él entró por la puerta de la muerte y nos condujo a través de esa puerta hacia el Cielo. Y esta es la gran esperanza y el gran alivio que nos queda. Ahora la hermana Clare, que amó tantísimo a las hermanas y amó la obra de Nuestra Madre, el Hogar de la Madre, intercederá por nosotros junto a estas otras hermanas nuestras que le siguieron.

María Augusta, que quería terminar medicina para poder venir aquí, con Jazmina y Mayra que, muy probablemente, en poco tiempo iban a estar entre nosotros para empezar el noviciado; Valeria, a la que admitimos con 15 años con permiso de su abuela, que era la que tenía la responsabilidad sobre ella. Era una niña dulce, buena, buenísima. La madre me decía: "Padre, tenemos que admitirla; ¡es que es tan buena!". Era querida por todos sus compañeros de estudio. Todos. Ahora llorarán también. Y también Catalina, que todavía no había dado el paso, pero llevaba ya dos años pidiéndolo, y tanto la Madre como yo estábamos ya dispuestos a darle el permiso para entrar con nosotros. A pesar de una vida borrascosa anterior, el Señor puede perdonarla, como hizo con Santa Margarita de Cortona o como hizo con María Magdalena y muchos otros grandes pecadores. Porque el pecado no es estorbo para llegar al Señor si uno aborrece sinceramente su vida de pecado y no quiere volver a esa vida jamás.

Queridísimos hermanos, me tenéis que perdonar si la homilía es un poco incoherente y dicha además con un tono de voz poco noble, más bien entre gimoteos, los míos y también los vuestros… y es que hay una cosa que tenemos que conservar siempre, y es el amor entre nosotros. Amor espiritual que busca el bien y la santidad del otro, no apropiándonos del amor de nadie, sino conduciendo siempre a aquellos que nos aman hacia Jesucristo Nuestro Señor, que debe de ser el centro de la vida del Siervo y de la Sierva y de cualquier laico del Hogar de la Madre así como de cualquier cristiano.

Nuestra tercera misión es conquistar a los jóvenes para Jesucristo, no para nosotros, ya que no somos nosotros el centro, sino que lo es el Señor y a Él tenemos que conducir las almas. Hagamos este servicio, porque entonces el Señor nos premiará. “Siervo fiel y prudente, porque has sido fiel en lo poco, te constituyo sobre lo mucho; entra en el gozo de tu Señor”. Nosotros esperamos que también nuestras hermanas pronto estén viendo el rostro de Dios.

Son muchas las plegarias que se están haciendo. Esta misma mañana Don Higinio ha celebrado misa a las 7 de la mañana; ha llamado Don Lugo para interesarse como van las cosas, va a celebrar él mismo otra misa y notificará al señor Cardenal también. Hay obispos que están rezando por nuestras hermanas. Me ha telefoneado esta mañana el director de infocatolica para interesarse y para darme el pésame a mí y a toda la obra del Hogar de la Madre… 

Muchas miradas están puestas sobre nosotros. Miradas llenas de amor y de esperanza. Nosotros no podemos defraudar. La esperanza que gran parte de la Iglesia tiene en nosotros, ciertamente no la defraudaremos si somos fieles a nuestra propia vocación y si vivimos lo que el Señor nos pide. El ejemplo de nuestras hermanas de estar donde se tiene que estar, pase lo que pase, suceda lo que sucediere, entendiendo que allí el Señor me quiere, que allí me cogerá donde Él me ha puesto, es lo que me garantizará el que nos dé el premio de la vida eterna. Como dice hoy el Evangelio: "He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia."

La hermana Sara María, que ha visto destruida la mitad de su comunidad, que ha visto destruida la casa donde ha habitado 7 años y medio, entregándose allí a aquellos niños y que, sin duda alguna, sufre ahora de un modo más intenso si cabe que nosotros, debe ser también apoyada con nuestras oraciones, así como los padres y familiares de cada una de nuestras hermanas. Detrás de cada una de vosotras hay una familia y hay unos corazones que os aman con una ternura que es realmente difícil de describir. Nosotros tenemos que estar también al lado de estos familiares porque ellos mismos son nuestra familia. No es una familia natural, es una familia espiritual. Dios ha unido a cada una de vuestras familias a nosotros, a todos nosotros. Y en ese sentido tenemos que sentirnos también solidarios con ellos, atentos a su sufrimiento, ya que cada uno lo vive de una manera y pediremos para que lo vivan cristianamente y para que se consuelen sabiendo que sus hijas han recorrido el camino que el Señor quería para ellas y que ahora recibirán el premio, la corona de gloria. 

Dios nuestro Señor nos ayude a todos. Es ahora el momento de una mayor fidelidad. Observemos lo que la hermana Sara María decía en la reunión sobre la muerte que tuvimos hace poco: “Para mí la muerte es lo mismo que decía Pablo Domínguez, una puerta que tengo que cruzar, que tenemos que cruzar”. Hagamos que nuestra vida sea de tal modo que vayamos detrás de Jesucristo, porque yendo detrás de Él, que cruzó también la puerta de la muerte, que murió en la cruz, Él nos llevara a la resurrección. Si morimos con Cristo sabemos que resucitaremos con Cristo. Esta es nuestra gran alegría porque “el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán”. Las palabras de Jesucristo son espíritu y vida. Las palabras de Jesucristo son definitivas porque son propias de lo divino, del Verbo Eterno encarnado que nos quiere, que nos ama, que nos precede y que nos ha dicho: “El que viene a Mí recibirá vida en abundancia”. La vida espiritual, la vida de la visión del cielo. Allí, dice San Agustín "Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos".

Yo imagino que la Virgen Santísima habrá salido al encuentro de las almas de nuestras hermanas y les habrá dicho: "Hijas mías, venid; sois fundamento del Hogar de la Madre, sois fundamento de las Siervas del Hogar de la Madre. El Señor, mi Hijo, lo ha querido así; aceptadlo y entrad ahora en el gozo del Señor." 

Nada más, que seáis buenas, que seáis buenos. Que viváis también para ser humildes, reconociendo la mano de Dios Padre providente que se manifiesta en nuestras vidas. Démosle gracias también por todos los beneficios que da el Señor a nuestras almas así como a la institución de los Siervos y Siervas del Hogar.

Es un comienzo extraño, raro… quizás lo entenderemos dentro de unos cuantos años, quizás dentro de 20-25 años digamos: “¿Te acuerdas de aquello?, mira la cantidad de bendiciones que se han derivado de un mal terrible”. También nosotros reconocemos que Dios es el único que puede transformar y sacar bienes de los males. Y de este mal no sé que bienes vamos a sacar, aunque intuyo algunos: un crecimiento en el amor; un crecimiento en “estar preparados”, porque en el momento que menos pensemos viene el Hijo del hombre; un aumento de unidad entre nosotros, de fidelidad en el buen camino, en el auténtico camino de vivir los mandamientos de Dios y los consejos evangélicos con mayor perfección.

Como decía el Padre Paul Sigl: "No hagamos caso al demonio, que nos tentará para que tengamos una especie de sospecha de que Dios no es bueno." Dios es bueno por encima de todo. Mira a Jesús en la cruz; mira a la Virgen al pie de la cruz y vence al demonio con la confianza, con el reconocimiento de que Dios es sabio, es todopoderoso y es bueno. Y este reconocimiento nos librará de las tentaciones del demonio y hará que nosotros crezcamos cada vez más en santidad. Que así sea.

P. Rafael Alonso Reymundo

Mi blog "Dios no se duerme nunca" 

Soy sacerdote. Catedrático jubilado de Instituto en la especialidad de Geografía e Historia, con 26 años de docencia. Predico ejercicios espirituales, retiros,… Y organizo peregrinaciones a centros marianos. He practicado el montañismo y de niño me gustaba leer los tebeos de "Roberto Alcázar y Pedrín", jugar al fútbol y la natación. Mis dos vocaciones frustradas son la de médico cirujano y payaso. Ahora cultivo en una huerta en mis tiempos libres que no son muchos. He hecho programas de TV y radio. Me conocen por "el padre amigo de Teo" (de "¡Buenas noches, Teo!"). Disfruto reflexionando sobre temas trascendentes con otros. Me gusta ver a las gentes unidas a Dios, porque son felices.

El Padre Rafael Alonso Reymundo es autor, editor y responsable del Blog Dios no se duerme nunca, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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