Homilía Domingo del Buen Pastor

Estamos especialmente sensibles hoy, en primer lugar porque hemos dormido poco, porque esta ha sido una noche que podríamos llamar “toledana”. En ella hemos “estado de fiesta” todas las comunidades rezando el rosario porque existe un principio de caridad, de amor, de unidad, porque es el Señor quien nos ha unido a todos, y los sufrimientos de unas hermanas son sufrimientos para todas, al igual que para los Siervos, y naturalmente para mí también. 

Las noticias que nos llegan no son muy halagüeñas de momento, porque no hemos encontrado a varias de las hermanas todavía. Tres de ellas han aparecido con magulladuras.  A la Hna. Clare no la han localizado aún, y tampoco a cinco de nuestras candidatas. Quitando a Guadalupe y a Mercedes, que están bien, nos falta saber de Mayra, Jazmina, María Augusta y Valeria. Y puede que Catalina estuviese por allí también, sí, es posible. Vamos a esperar, que ya va a amanecer, a ver si las localizan, si es que se puede. No sabemos cuál es la situación. 

Una vez dicho esto, nuestra gran consolación es la palabra de Dios. En la primera lectura, vemos a san Pablo predicando a los judíos y a estos resistiéndose. San Pablo, entonces, recibe del Señor la inspiración de que se dedique a los gentiles. E hizo lo que Jesús  dijo de sacudirse el polvo de los zapatos porque, en vez de recibir el anuncio con buen espíritu, los judíos estaban pendientes de sus intereses. 

En último término, lo que se estaba debatiendo es una cuestión de poder y de dinero. Tenemos que tener mucho cuidado porque el Señor nos advirtió a los cristianos que tuviéramos cuidado con el fermento de los fariseos y con el fermento de Herodes. El fermento de Herodes es el estar apegado al placer, a pasárselo bien y a estar de fiesta en fiesta. Y la levadura de los fariseos es, sobre todo, la incredulidad. Incredulidad porque uno tiene muchas veces intereses personales de dinero y de poder que considera necesario defender. Y esto es lo grave que se planteaba entonces también, porque la historia nos enseña que los sumos sacerdotes eran elegidos dentro de los saduceos, por una cuestión de poder. De modo que, como tenían que pagar al gobernador de Roma para obtener su aprobación como autoridad al habérseles quitado la prerrogativa de hacerlo ellos mismos, se dedicaban a intrigar para llegar a ser sumos sacerdotes. De esta forma, hablamos de una cuestión de poder, de dinero y de prestigio. Y todo eso simulado de religión. El problema que se puede plantear es el no vivir verdaderamente de cara a Dios, sino vivir siempre con otros deseos mundanos y utilizar la religión para estas satisfacciones. El Señor nos advirtió de esto. 

No es extraño que San Pablo, que había recibido la gracia de Cristo en el camino de Damasco, la conversión, que había recibido el Evangelio de Jesucristo y unas experiencias que fueron asombrosas, encontrara la contradicción del mundo judío apegado a esta forma de vida. Porque no es un caso aislado, sino que todo esto luego se hace una red de intereses, un tejido, y ese es el problema. Entonces, san Pablo comprende: “Nosotros teníamos que anunciaros a vosotros el Evangelio pero, como no lo admitís, sabed que nos vamos a dedicar ya exclusivamente a los gentiles”. Los gentiles son los paganos, los que no eran judíos y tenían una actitud, precisamente por el propio paganismo, de una apertura mucho mayor a la verdad y a recibir la enseñanza de Jesucristo. Fruto de esto va a ser la extensión del Reino de Dios en las almas de tantos que al escuchar creerán con una fe sencilla, a los que la salvación les viene por haber creído en la palabra que se les predica. Esto es muy importante. Es lo que decíamos de que el fariseísmo es la incredulidad; eso sí, revestido de religiosidad. Pero, en el fondo, incredulidad. A nosotros también nos advierte el Señor: tened cuidado con el fermento de los fariseos, tened cuidado con esto. Por eso nosotros tenemos que tener la fe en Jesucristo, que solo por Él nos viene la salvación. 

Actualmente hay una corriente de pensamiento que intenta hacer creer que en todas las religiones hay caminos de salvación, poniéndolas todas prácticamente en el mismo plano. Eso no es así. Si os fijáis en San Pablo, no hay nada de eso. Si vais a lo que dice Jesucristo de sí mismo, no hay nada de eso. Lo que hay es que no se nos ha dado otro nombre por el que podamos salvarnos, sino el nombre de Jesús, el Hijo de Dios. Y por “nombre” se entiende lo que es su persona, Jesucristo, que es el misterio del Dios Hombre, verdadero Dios y verdadero Hombre. Él es el salvador de la humanidad. Y es salvador a través del misterio de la obediencia total al Padre hasta la muerte, y una muerte de cruz. 

Por eso nosotros podemos estar confiados en que la cruz de Nuestro Señor Jesucristo es vida y salvación nuestra. Y a través de la cruz, viene la Resurrección, porque no podemos quedarnos solo en la cruz, sino que tenemos que pasar adelante, a la Resurrección, como Jesús dijo:”Y Yo les doy vida eterna". Y la vida eterna es que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y al que Tú enviaste, Jesucristo. Precisamente esto es lo que causa la gran alegría. La gran alegría que vemos en sus discípulos, porque dice que se llenaron de alegría y del Espíritu Santo, aunque tuvieran que huir por la persecución que sufrieron. Pero ya quedó establecido en Iconio, antes de marcharse a Antioquia de Pisidia, un grupo de creyentes llenos de alegría y del Espíritu Santo. Cuando dicen “llenos del Espíritu Santo”, quiere decir que el Espíritu Santo les llenó de sus siete sagrados dones. Uno de esos dones, tan importante para poder vivir, es el don de fortaleza. 

Es decir, en medio de un mundo pagano, de un entorno pagano, ellos viven una vida cristiana y, por lo tanto, distinta completamente al mundo “paganote”. Esto pasa también entre nosotros: cuando permitimos al Señor que entre en nuestra alma y actualizamos nuestro bautismo y quizás nuestra confirmación y empezamos a ser verdaderamente cristianos, entonces nos llenamos de alegría, pero tenemos que entender claramente que no podemos ser aceptados por la mundanidad, no vamos a ser aceptados por el hombre que vive en el pecado, en la impureza, en la vanagloria, en el deseo de poder y de estima, en la envidia, en la crueldad, porque es una crueldad matar a los hijos, es horrible. Y uno, aunque no lo haya hecho, mentalmente puede estar viviendo en esa crueldad, justificando la muerte de los seres más inocentes, que son los niños en el seno de la madre, dependientes totalmente de ella. 

El cristiano vive una vida nueva. San Pablo dirá muchas veces a los gentiles: “Vosotros antes llevabais esa vida, ahora no”. Entonces, tenéis que cantar el cántico nuevo, y tenéis que llenaros de alegría y de agradecimiento ante Dios que os ha rescatado de esa situación tan perversa, tan mala, tan horrible. Doce el Señor en el Evangelio: “Y mis ovejas escuchan mi voz”. Ya no escuchamos otra voz, escuchamos la voz del Señor. Y eso, en medio de cualquier situación, por penosa que sea. Es más, la voz del Señor es la que permite que nosotros conservemos la serenidad y la alegría en medio de cualquier sufrimiento, como el que estamos pasando ahora. Nosotros, y esto es la aparente paradoja de los cristianos, podemos vivir en la profundidad de nuestro corazón enormemente felices y alegres, estando el corazón a la misma vez herido por el sufrimiento.

¿No es verdad que nos amamos, que nos queremos en el Señor? Pues claro que sí, y ese amor lleva a participar también del sufrimiento de nuestros hermanos y a preocuparnos por ellos: cuánto frío habrán pasado, cuánta calamidad, ¿tendrán hambre?, ¿estarán heridos?, ¿habrá muerto alguna de nuestras hermanas? También la gente que hay por allí, que las quieren… Qué situación más trágica, pues ahora tendremos que levantar de nuevo ese colegio. ¿Se podrá levantar?, ¿no se podrá levantar?, ¿tendremos que suspender este curso por la situación por la que pasamos…? De modo que nosotros nos unimos al sufrimiento de nuestros hermanos porque los queremos en el Señor, y todos nosotros querríamos estar allí. 

El Señor lleva nuestra vida, nosotros no la llevamos. Causa verdaderamente una reflexión profunda el saber que si nuestras dos hermanas que se han ido desde aquí y han llegado hace unas horas a Guayaquil, se hubieran ido uno o dos días antes, probablemente la Hna. Sara María hubiera estado en la misma situación. El Señor no ha permitido eso, ¿por qué? No lo sabemos. 

La Virgen me inspiró un día este pensamiento: "Hijo mío, ¿crees que eres tú quien conduce tu vida? No eres tú, es el Señor, déjate conducir por Él". Eso mismo tenemos que saber nosotros porque ahora están nuestras hermanas allí, pero nosotros no estamos seguros que estando aquí vaya a venir una revolución social que aporree esa puerta y la eche abajo, queriendo acabar con nosotros. No, no estamos seguros. A lo mejor el Señor no lo permite, o sí. Siempre el Señor, cuando permite algo, es para sacar bienes mayores. El Señor tiene esa cualidad, que no la tienen las instituciones puramente humanas: Dios saca de los males, bienes. Y nosotros tenemos que aprender eso. Ya lo hemos aprendido, y por eso decimos ahora más que nunca que debemos tener una actitud de confianza en el poder salvador de Jesucristo, tener un abandono en sus manos, diciendo: “Señor, tú lo quieres, yo también lo quiero; aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”. Y mientras, pasar como Jesús, haciendo el bien. Nosotros no hemos podido hacer más que rezar el Rosario (que es una gran cosa), en todas nuestras comunidades.

Pues nada más, que el Señor os dé esa alegría y esa invasión del Espíritu Santo que experimentaron los discípulos ante la predicación de san Pablo. Nosotros, de esta manera, vamos a conquistar el mundo porque nos vamos a conquistar a nosotros mismos, que somos un mundo, y también llevaremos a otras almas hacia Jesucristo y Él las iluminará, las fortalecerá y las llevará como el Buen Pastor que conduce a sus ovejas. Sus ovejas escuchan la voz y Él da lo que necesitan.

En esa confianza tenemos que trabajar porque nosotros somos cooperadores, como reza el lema de Benedicto XVI, “cooperadores de la verdad”. 

Que así sea.

Homilía del domingo 17 de abril de 2016

P. Rafael Alonso Reymundo

Mi blog "Dios no se duerme nunca" 

Soy sacerdote. Catedrático jubilado de Instituto en la especialidad de Geografía e Historia, con 26 años de docencia. Predico ejercicios espirituales, retiros,… Y organizo peregrinaciones a centros marianos. He practicado el montañismo y de niño me gustaba leer los tebeos de "Roberto Alcázar y Pedrín", jugar al fútbol y la natación. Mis dos vocaciones frustradas son la de médico cirujano y payaso. Ahora cultivo en una huerta en mis tiempos libres que no son muchos. He hecho programas de TV y radio. Me conocen por "el padre amigo de Teo" (de "¡Buenas noches, Teo!"). Disfruto reflexionando sobre temas trascendentes con otros. Me gusta ver a las gentes unidas a Dios, porque son felices.

El Padre Rafael Alonso Reymundo es autor, editor y responsable del Blog Dios no se duerme nunca, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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