Flores cortadas para el Señor

Queridos hermanos:
El motivo que tenemos para reunirnos hoy en la celebración eucarística es mostrar al Señor nuestro dolor y, a la misma vez, nuestra adhesión firme aunque sea sin comprender. Hay una frase que habéis dicho muchas veces vosotras, cuando hay momentos de sufrimiento:"Dios sabe". Y en los momentos en los cuales se sufre hay que hacer un acto más fuerte todavía si cabe en la santidad, en la sabiduría, en la bondad de Dios para con nosotros. Y hacer ese acto de fe en la palabra de Dios a través de San Pablo pues dice que para los que aman a Dios, todo se les convierte en bien (Rom.8, 28).

Estando ahora en la sacristía, decía el Padre Roberto: "Ya veréis cómo ahora vais a recibir muchas bendiciones". Yo le he respondido: "Ya las estamos recibiendo". El dolor es algo con lo que tiene que contar el cristiano. El dolor es saludable. Saludable quiere decir purificatívo. Nos purifica. Nos desprende de las cosas transitorias y nos hace elevar la vista al cielo. Allí donde están los verdaderos goces. Los verdaderos bienes. Los que no pasan nunca. Cuando llega el momento de la prueba, nosotros nos estremecemos y tenemos también momentos de debilidad, que el enemigo aprovecha para causar desconcierto en nuestro corazón. Y decirnos: "Veis, Dios no es bueno. Si fuera bueno no permitiría esto ni permitiría esto otro". Pero eso es una falsísima percepción porque viene del diablo.
Cuando uno está tentado de hacer esto, debe acercarse a la Virgen, al pie de la cruz y desde su mirada dirigirla al crucificado. Y desde ahí, decirnos: Dios Padre ama al Hijo infinitamente. ¿Cómo es posible que permita el sufrimiento espantoso del Hijo al cual asocia a la misma madre, y ella en uso de su libertad, se coloca, justamente, en unión con el destino del hijo? ¿No será que nosotros no acabamos de entender, no acabamos de comprender?

Os he citado estos días atrás la frase de San Agustín:"Cree para que puedas comprender". La fe en un Dios sabio, en un Dios poderoso, en un Dios bueno que tiene poder para rescatar nuestra vida de la muerte es lo que nos ha introducido en una comprensión nueva. Jesús en Juan 6, en uno de los versículos dice: "El que oye a Dios, al Padre, y aprende, viene a mí". Aprender es la condición para poder ir a Jesús. Aprender el misterio del sufrimiento de la redención de la Cruz. Cuando Jesús hable a sus discípulos dirá "Quien quiera venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, que tome su cruz de cada día y que me siga". Nosotros estamos allí ¿Sufrimos? Sí. ¿Con desesperación? De ninguna manera ¿Por qué? Porque creemos en las palabras de Jesús que entró por la puerta de la muerte. Y nosotros con Él también entramos por esa puerta de la muerte, sabiendo que lo que hay detrás de la muerte, no es la nada, ni es la destrucción,  sino que si tenemos fe en el poder Salvador de Jesucristo y nos tomamos en serio la palabra de Dios, entonces “El rescata la vida de la muerte”, sobre todo de la segunda muerte, de la muerte eterna, de la condenación; porque existe la posibilidad.

Nuestras hermanas vivían en la caridad, en la donación total, en el olvido de sí. Nosotros podríamos decir ¿En qué se apoya usted? Vamos a ver. Yo no digo que no tuvieran debilidades. Yo digo que vivían en la caridad porque estaban unidas a Cristo, se confesaban con frecuencia, comulgaban todos los días. Incluso en la última inundación que tuvieron en el colegio, el agua sucia de cloaca llegaba hasta la capilla, a pesar de ello, ellas fueron a la iglesia parroquial para coger al Santísimo y llevárselo a su casa. También en el colegio cogieron al Santísimo que estaba en la capilla de abajo y lo subieron  arriba, a su casa.

La Hermana Estela, cuando la sacaron, estaba agarrada a la Eucaristía, porque fue lo primero que hizo, al primer golpe del terremoto. No se puso a salvo, sino fue inmediatamente a la capilla y puso a salvo al Señor ¡Tanto ama al Señor! Digo ama, porque, gracias a Dios nuestra Hermana Estela está viva, aunque con las piernas rotas y llena de magulladuras y lisiada de muchas maneras, pues todas nuestras hermanas están aterrorizadas por el estremecimiento de la tierra. Porque sigue temblando la tierra. Y les causa, ciertamente, espanto y pavor. Jamás han visto, dicen los testimonios que hemos tenido de allí, temblar así la tierra. Ni hacer un ruido tan largo y tan espantoso. Ahora  toda esta situación se tiene que ir poco a poco serenando, reponiendo y pasará un tiempo largo hasta que todo esto vuelva, más o menos, a una situación semejante a como estábamos.

Pero en medio de todo esto, las hermanas vivían en la caridad. Y por eso a mí no me extraña si nuestras hermanas, que han muerto, han experimentado al Buen pastor que las tiene de su mano. Y Baja hasta lo profundo donde estaban ellas enterradas bajo escombros, y coge sus almas, y las lleva al cielo. Cuantas veces ellas, todas, me han oído decir que hay que vivir con la inspiración que tenía Santa Inés, cuando decía "Voy hacia ti", en su martirio, "Voy hacia a ti. Al que siempre he buscado, amado y siempre he deseado".

Las vidas de nuestras hermanas se erigen en un ejemplo para todos nosotros. Y también misteriosamente las primeras que han ido al cielo, como fundamento de nuestra institución, jóvenes que habían optado por Jesucristo, y que hayan muerto de esta manera, dando la vida por ellos porque ellas también estaban allí en el colegio. Podían haber vivido muy cómodamente. La Hermana Clare era un ciclón de cualidades. Era asombrosa. Vamos a poner un pequeño video, de ella... De cómo se movía, cómo hablaba, cómo cantaba. A nosotros nos alegraba la vida siempre, siempre. Lo mismo que se dice de Jesús, que pasó haciendo el bien. También ella pasó haciendo el bien con nosotros. Porque su sola presencia, sus movimientos, sus cosas alegraban nuestro corazón. Igual que alegraba a la comunidad, alegraba también a los niños. Yo creo que hoy, especialmente, serán los niños los que la lloren. Y las niñas.

Me acuerdo cuando estaba de profesora, allí en colegio de la Asunción, que hizo una preciosa organización de niños, una organización para rezar el Rosario. El modo de llevar todo aquello era tan ilusionante, tan esplendido, que los niños iban como corderillos detrás de ella. Hay una anécdota que me la han recordado: cogieron una imagen de la Virgen feísima, que era la que llevaban en procesión para ponerla en un árbol de allí. Allí rezaban el Rosario todos los niños a la Virgen. Y entonces ella siempre pensaba "Pero que fea es esta Virgen, pero que fea. Yo no sé cómo pueden rezar estos niños a la esta Virgen". Y le dió el Señor, y nuestra Madre, una lección, pues un niño se entusiasmó con aquella Virgen y le dijo: "Hermana Clare, usted se parece a la Virgen que llevamos en procesión" Y dice ella "Me quede sin habla. No pude decir nada".

Hoy es un día alegre y triste. Alegre porque están en el cielo, yo estoy seguro que el Señor ha venido a buscarlas y que se las ha llevado al cielo. A todas ellas, a todas. Había una niñita de 15 años, alumna del colegio. El deseo de toda su vida era ser Hermana. Todos los niños y niñas querían estar con ella. Porque era muy Buena decían: porque es que es muy Buena. Y yo les he oído, a chicos más bien revoltosillos: “es que Valeria es muy Buena”. Y todos querían estar con ella. Y esta Valeria, que no ha tenido una vida fácil ni mucho menos, y que era un santita, verdaderamente. Le decían, que era una alma gemela a Santo Domingo Sabio. Y ella también decía "Yo he comprendido que tengo que ser santa muy pronto porque es que tengo muy poco tiempo para ser santa". Decía ella. Entró de aspirante con permiso de su abuela. Que es la que tenía la responsabilidad sobre ella, y finalmente su intuición era la correcta. El Señor se la ha llevado tan pronto, con 15 años. Pero nosotros, la tenemos en el corazón. Nuestras hermanas están vivas. Yo no soy muy partidario de decir eso de que nuestro hermano, ya está viendo el rostro de Dios... Yo qué sé si lo ve o no, yo no soy un canonizador. No lo sé. Pero si puedo contar la vida que estas niñas llevaban. Y el modo de actuar. Y lo que reflejaban en sus rostros. Yo creo no equivocarme si digo que da la impresión, por todos los datos que poseemos, que ellas están en el cielo o están ya muy cerca del cielo. Incluso alguna, que haya tenido una vida un poco borrascosa en su juventud, que luego enderezó sus caminos y pidió la entrada. Por lo que nosotros, la Madre y yo, estábamos diciendo que ya habría que dejarla entrar. Dos años aspirando a entrar como Sierva.

Yo estoy seguro que, por el deseo tan grande de servir a Dios nuestro Señor que tenía, estará muy cerca de Dios. María Augusta estaba haciendo cuarto de medicina. Y tenía un propósito firmísimo de seguir ya el camino de Sierva. Lo había demostrado. Llevaba ya 2 o 3 años de candidata. Jazmina fue la primera que encontraron. La Madre y yo junto con Jazmina, fuimos a visitar a su familia: su madre Doña Lilia, que tiene cáncer con metástasis estaba recibiendo quimioterapia. Cuando estábamos dentro de la casa, su padre se quedó en la entrada mirando desde lejos. Pues bien, os pido que recéis por esta familia, porque con esta situación de tanto sufrimiento se une otro aún mayor: han ido a levantar el cadáver de la hija para llevárselo a Chone y enterrarla allí. Esta situación tan tremenda es un sufrimiento para todos. Es un momento de dolor, no cabe duda, pero es un tiempo de vivir también la auténtica esperanza cristiana. Si morimos con El, viviremos con El. Entramos con El por la puerta que es El. Y entonces no tenemos qué temer. El Señor es mi pastor nada me falta. En verdes praderas me hace recostar.

Yo os pido también por las que han quedado vivas. Decía la Madre: a mí ya no me preocupan las que han muerto, me preocupan las que han quedado. Poneros en la situación de las que han quedado: han levantado su casa con toda la ilusión y en cosa de un par de minutos se viene abajo completamente. Es un palo tan grande. Y además muriendo allí algunos seres queridos. Esto es lo que ha ocurrido con las hermanas que están allí. Formaban todas una comunidad. Mitad han muerto, mitad viven. Las que viven, las que han quedado vivas, vivas aquí en esta tierra, han recibido una experiencia tan amarga, tan sumamente amarga, que es para tenerles compasión y apoyarles con nuestra oración, y del modo que se nos ocurra. Sobre todo con la oración. Porque el Señor tiene poder para consolar los corazones heridos y curarlos. Ahora tienen que curar, no solamente las heridas corporales sino también las heridas que se han quedado en el alma en forma de miedo, terror y espanto. Ayer por la tarde se calculaba que había habido 135 temblores, replicas pequeñas de 2 a 5 grados. Cada vez que tiembla la tierra, todo el corazón se les estremece porque han estado debajo de los escombros y a punto de morir. Como la Hermana Merly, que ha estado a punto de morir, y decía ella que estaba sofocada.
Han quedado vivas la Hermana Estela, la Hermana Merly, la Hermana Terese, irlandesa, y Guadalupe, una aspirante con 17 años, y Mercedes con 21 o 22, han podido salir con vida. Tendremos que rehacer todo esto. Y curar todo esto.
Hijas mías, si alguna está dispuesta a irse allí y sustituirlas, pues que lo diga. Pero esto es inútil, una tontería. Porque yo sé que todas estáis dispuestas a vivir lo mismo. Y volver a edificar el colegio. Necesitan a sus madres. Porque habéis sido verdaderamente madres allí. Verdaderamente madres.
De un colegio de 180 que estaba para ser destruido se ha convertido en un colegio de 410 alumnos. Vino el señor arzobispo y nos dijo: "Os pido por favor que cojáis ese colegio porque si no se hunde. No encuentro nadie que pueda llevarlo". Y nosotros que no teníamos ni idea de dirigir colegios, aceptamos en espíritu de obediencia lo que nos pedía el señor arzobispo.

Y podemos decir que en la zona de Manabí hay 1600 colegios. El nuestro estaba en el número ciento treinta y tantos. Eso es la obra de las Hermanas, día a día, día a día. Enseñando para que los niños puedan ser hombres íntegros y hombres que aprendan no solamente, a vivir aquí en este mundo, sino dirigir sus pasos hacia Dios.

Nada más, vamos a seguir esta celebración donde el gran protagonista es Jesucristo. Y donde al lado de Jesucristo, esperemos que estén ya nuestras hermanas.
Sabéis que San Pedro tuvo una visión: vio un lienzo lleno de cuadrúpedos y animales salvajes, y lo suben 3 veces para arriba. Pues bien, a mí me gustaría que el Señor os diera a alguno o alguna de vosotras una visión, donde vierais a nuestras hermanas, junto a la Virgen Santísima, junto al Señor y que la Hermana Clare esté ya inventando, alguna canción para cantársela al Señor. Y que eso constituyera una gran alegría. Digo que es una tontería pedir esto, ¿verdad?, Incluso hasta puede ser… ¡Qué idiotez! ¡Qué cosas digo!

Yo no sé si nos estarán viendo nuestras hermanas de Guayaquil por Internet. Pues les diría a ellas "No tengáis miedo hermanas. El Señor lo sabe todo. Lo puede todo y os ama." Y el Señor pondrá fin a la prueba cuando Él lo considere oportuno, y entonces resplandecerá mucho más fuerte su Gloria. Que así sea.

P. Rafael Alonso Reymundo

Mi blog "Dios no se duerme nunca" 

Soy sacerdote. Catedrático jubilado de Instituto en la especialidad de Geografía e Historia, con 26 años de docencia. Predico ejercicios espirituales, retiros,… Y organizo peregrinaciones a centros marianos. He practicado el montañismo y de niño me gustaba leer los tebeos de "Roberto Alcázar y Pedrín", jugar al fútbol y la natación. Mis dos vocaciones frustradas son la de médico cirujano y payaso. Ahora cultivo en una huerta en mis tiempos libres que no son muchos. He hecho programas de TV y radio. Me conocen por "el padre amigo de Teo" (de "¡Buenas noches, Teo!"). Disfruto reflexionando sobre temas trascendentes con otros. Me gusta ver a las gentes unidas a Dios, porque son felices.

El Padre Rafael Alonso Reymundo es autor, editor y responsable del Blog Dios no se duerme nunca, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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