El perdón en Cristo

Homilía pronunciada en la Festividad de Santo Tomás de Aquino, el 28 de enero de 2003.

Aprender a perdonar

El evangelio de hoy habla de perdón. Impresiona mucho cómo el Señor muere en la cruz perdonándonos. Nosotros nos asemejamos a Dios en la medida en la que alcanzamos a perdonar a nuestros enemigos y a amar a todos los hombres, perdonándolos. Sabéis cuánto cuesta perdonar, a los que nos han hecho mal, a los que en nuestra vida, de alguna manera, han herido la dignidad profunda de nuestro ser humano, a los que han ejercido con nosotros algún tipo de violencia. En esta identificación que algunos de vosotros habéis hecho con Jesús y en vuestras oraciones hacéis con Jesús, identificaos también con Él en su capacidad de perdonar. Él perdona infinitamente como Dios que es. Y esto, es lo que más nos sorprende a nosotros: cómo el Señor perdona los pecados y las blasfemias. Solamente hay que tener cuidado para no ofender a Dios diciendo que en Jesús hay un espíritu inmundo porque el espíritu, que habita en Jesús, es el Espíritu Santo, es el espíritu de amor. Y procurad que no llegue nunca a vuestros labios una ofensa de este tipo, porque el Señor dice “que no se le perdonará jamás”. Cargará siempre con su pecado. Pero nosotros tenemos que aprender a perdonar como Jesús perdona, a transformarnos en verdaderos cristianos, es un camino. Una, me podrá decir: padre soy Sierva, me he entregado a Dios. Yo le digo: sí, es verdad, eres Sierva, te has entregado a Dios, felicidades porque te ha llamado, y porque tú has respondido. Pero no basta con eso, tienes que ir arrancando de tu alma todo lo que es rencor, odio, lo que son manías y ,sobre todo, esa parte profunda de nuestro ser que ha podido quedar herido, de alguna manera, por una serie de experiencias en nuestra vida pasada que nos han marcado tan profundamente. Y necesitamos perdonar. Y necesitamos también ser perdonados. Por eso os digo: sed generosos en el perdón, porque el perdón es amor a Dios.

Perdonar por amor

Que Dios nuestro señor nos ayude a todos, queridos hermanos, pues perdonando curamos la herida de nuestra alma, porque no entramos por la vía de retener el odio o el rencor hacia los que nos han hecho mal, sino que entramos por la vía divina como la que siguió Jesús y la Virgen Santísima, Nuestra Madre, que perdonan  todos los males que infligen sobre ellos los pecadores. Esta gran lección la hemos visto también en los grandes hombres de nuestro tiempo. Ayer salió en el video, que estábamos viendo de las catacumbas del siglo XX, el ejemplo de Antón Luli, que es una verdadera vida martirial ya en este mundo. Se quedó sin juventud, se quedó sin nada. Es una vida que apabulla, impresiona y yo supongo que no será el único que haya vivido esto, sino tantos y tantos en la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo que han tenido que vivir así. Antón, cuando sale de la cárcel, a sus casi 70 años, se encuentra al policía carcelero que le había maltratado, ofendido, blasfemado tantas veces y se fue a él y le dio un abrazo. Cuánta identificación con Cristo en el corazón de un hombre y cómo triunfa el amor sobre el odio. Uno queda sobrecogido con esto, con la fuerza que da Dios a los hombres para que puedan perdonar totalmente, borrar la culpa, a base de amor. Cristo muere perdonando. Por lo que, nosotros tenemos que aprender también a perdonar, para poder morir a nosotros mismos y morir a nuestro pecado, de tal modo, que merezcamos también el perdón de Dios. Nada más queridos hermanos, sed buenos, amad siempre y perdonad siempre, porque así podremos rezar bien el Padre Nuestro: perdona nuestras ofensas, porque nosotros hemos perdonado, a los que nos han ofendido. Que así sea.

P. Rafael Alonso Reymundo

Mi blog "Dios no se duerme nunca" 

Soy sacerdote. Catedrático jubilado de Instituto en la especialidad de Geografía e Historia, con 26 años de docencia. Predico ejercicios espirituales, retiros,… Y organizo peregrinaciones a centros marianos. He practicado el montañismo y de niño me gustaba leer los tebeos de "Roberto Alcázar y Pedrín", jugar al fútbol y la natación. Mis dos vocaciones frustradas son la de médico cirujano y payaso. Ahora cultivo en una huerta en mis tiempos libres que no son muchos. He hecho programas de TV y radio. Me conocen por "el padre amigo de Teo" (de "¡Buenas noches, Teo!"). Disfruto reflexionando sobre temas trascendentes con otros. Me gusta ver a las gentes unidas a Dios, porque son felices.

El Padre Rafael Alonso Reymundo es autor, editor y responsable del Blog Dios no se duerme nunca, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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