El cielo se ha aproximado a la tierra

Homilía del P. Rafael Alonso, pronunciada en la Misa del 17-9-2016. En Zurita (Cantabria, España).

El P. Rafael Alonso, fundador del Hogar de la Madre, pronunció esta homilía el 17 de septiembre de 2016. El Padre abre el corazón hablando en comunidad, en un ambiente familiar, para proponernos a la Hna. Clare como modelo de vida.

Las palabras del P. Rafael para nada quieren adelantarse al juicio de la Iglesia sobre la santidad de la Hna. Clare. En la homilía, el Padre expresa solamente su opinión personal, habiendo conocido a la Hna. Clare muy profundamente durante los quince años que esta vivió como Sierva del Hogar de la Madre.

Queridos hermanos y queridos todos: los que estáis aquí; y también los que estáis siguiéndonos por Internet en este inicio de las Eucaristías que tendremos todos los sábados, si Dios quiere, durante todo este año 2016 y el próximo 2017, hasta, aproximadamente, el mes de junio.

Un año de Gracia con sus rosas y sus espinas

Hemos querido comenzar las Eucaristías celebrando la Misa en honor de la Virgen Santísima y acordándonos, a la misma vez, de todos aquellos que han sido para nosotros, nuestros bienhechores espirituales y también materiales. Hacemos un recuento de lo que ha pasado en este año y nos encontramos con una efusión de Gracia. Gracia que a veces ha sido una cercanía del corazón de tantos que nos quieren de verdad, y otras, a la misma vez, gracias dolorosas como es; y hay que hacer referencia hoy, el paso de este mundo al otro de la hermana Clare y de esas cinco chicas: tres candidatas (Mayra, María Augusta y Yazmina); Valeria, con 15 años, todavía no podía ser candidata pero tenía en su corazón el querer morir como Sierva y, de hecho, prácticamente formaba parte de nuestra comunidad; Catalina, de 23 años, conversa, había pedido la entrada a las Siervas y ya íbamos, en el siguiente viaje, la Madre y yo, a recibirla como candidata. 

Vosotras, queridas hermanas que estáis aquí: la hermana Estela, la hermana Merly y la hermana Therésè, habéis vivido todas estas jornadas de un modo tan doloroso, ¿verdad? Y tan difícil para vuestras vidas. Nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, hemos querido estar siempre a vuestro lado para consolaros y para animaros a seguir, como lo estáis haciendo, en esta generosidad total y en esta entrega total en la que vivís. Esto, cuanto antes lo superéis, mejor. En estas circunstancias, la Madre os puede consolar, digo la Madre Ana, no digo Nuestra Madre, también la Virgen Santísima, pero la Madre Ana también ha vivido, igual que nuestra hermana Reme, situaciones muy al borde de la muerte, podríamos decir en el lenguaje humano casi situaciones desesperadas, ¿verdad? Y, sin embargo, el Señor ha querido dejarlas aquí con nosotros un poco más de tiempo. Igual que a vosotras, porque a estas horas, vosotras, probablemente, si no hubiera concurrido el amor que habéis sembrado en el corazón de estos jóvenes que estaban en el colegio y esa entrega que habéis tenido, también, con los que constituyen los Laicos del Hogar de la Madre, allí en Playa Prieta, muy probablemente a estas alturas, estaríamos celebrando Misa, y diciendo que han sido 11 las que murieron, en vez de 6.

Sin embargo, algo grande querrá el Señor para vosotras en esta etapa, porque es como si hubiera habido un nuevo nacimiento desde ese 16 de abril, sábado, en que estuvisteis debajo de los escombros. Dios ha tenido una gran misericordia para con vosotras, pero lo que yo quería hacer notar es que ha sido una gracia dolorosa para vosotras y para todos nosotros; y que a partir de ese momento, con ojos de fe, nosotros hemos visto que era un acto fundacional en el cielo, eran la primeras Siervas que iban. Me recordaba, esta tarde, el Padre Peter, que venía conmigo en el coche, que cuando salió el primer librito de las cartas de fraternidad, yo os hacía una dedicatoria; y hubo una, me decía él, que lo recuerda porque tiene buena memoria, yo lo siento mucho pero no tengo tanta, me acuerdo de lo que me ha dicho él, pero no me acuerdo de la dedicatoria. Pues parece ser, que a alguien de vosotras le puse algo así como "serás tú la primera Hermana que vaya al cielo” y “que nos esperes allí a los que nos quedamos todavía en la tierra". Yo no sé a quién se lo puse, si hubiera sido a la Hermana Clare, sería realmente una cosa tremenda, porque casi es un acto profético sin saberlo yo, que eso es cuando hay verdaderamente profecía. Si es de otra hermana, entonces ella ya tiene que estar pensando en el cielo; y como podíamos ser cualquiera de nosotros el próximo que vaya para allá, tenemos que estar bien preparados. A mí no me extrañaría nada que la Hermana Clare hubiera ido directamente al cielo sin pasar por el purgatorio, no me hubiera extrañado nada. Pues, cuando uno conoce a una persona como la Hna. Clare y oye los testimonios de las Hermanas que convivieron en esta última etapa de su vida, de cómo era su obediencia, de cómo era su alegría, de cómo era su disponibilidad, de su dedicación, de su docilidad, de su paciencia, de su humildad; entonces nada me extrañaría.

El APRENDIZAJE MÁS QUE POR REGLAS, CON MODELOS

La figura de la Hermana Clare se va agigantando de día en día. Parece mentira que ya en una Misa de comienzo de curso, estemos hablando de una difunta pero que está viva. Tan viva, que la llevamos en nuestro corazón. Y se ha convertido verdaderamente en un modelo.  

En una reunión, creo que fue ayer o anteayer con vosotras, decíamos cómo el aprendizaje se hace más que con reglas, con modelos. Sí, las reglas son necesarias pero si hay un modelo bueno, mucho mejor. Por ejemplo, ¿cómo aprende el niño hablar, a comportarse, a valorar, los criterios, etcétera? Lo hace según la madre. Ahora bien, si tenemos una madre que no hace más que pegar a su hijo, que es desabrida, dura, difícil y que lleva una vida moral casquivana y muy sospechosa. Pues de ahí, no pueden salir, normalmente, cosas buenas y si salen es porque la gracia de Dios toca mucho el alma. Por lo que el alma de ese niño se abre al mundo de la Gracia. Esto puede darse y de hecho se da. Yo conozco casos así, pero hay otros casos en los cuales el niño es arrojado del seno familiar y echado a la calle, etc. Como consecuencia de ello,  lo normal es que se convierta en un niño de la calle y que al no tener modelos de buenos comportamientos, va pegando tumbos en la vida y dejándose llevar de la crueldad que ha visto en su familia. Nos enfrentamos, en este momento a situaciones cada vez más similares. Pues tenemos una sociedad muy hipócrita, muy muy hipócrita. O sea, que pone las bases para crear tiranos y criminales; luego hipnotiza e ideologiza sobre temas que no deben de ser ideologizados.

Dice Jaime Balmes en El Criterio que el aprendizaje se hace más que por reglas, con modelos. Y eso es lo que necesitamos más que nunca, modelos. Mientras estamos aquí, todos podemos ser modelos unos de otros en algunas cosas. Lamentablemente somos débiles y, a veces, fallamos y hay que tener cuidado para escoger bien los modelos, cogiendo aquellos que ya están acabados. En ese sentido, la Hermana Clare se ha convertido en un modelo, como también las otras “niñas” cada una a su modo y en su medida. Y entonces nosotros ya empezamos a madurar. Decía una Hermana que el cielo se ha aproximado a la tierra con la muerte de nuestra Hermana. Y caemos en la cuenta de la debilidad y del milagro que es vivir. Vivir es una debilidad. Podemos en cualquier momento hacer ¡crack! e irnos al otro “barrio”. Por eso el Señor, muchas veces decía: “vigilad y orad para no caer en la tentación”. Y decía muchas veces el Señor que estemos atentos porque a la hora que menos pensemos viene el Hijo del hombre. Hay que abandonar el camino de las vírgenes necias y hay que coger el camino de las vírgenes sensatas. O, si quieres, utilizando la parábola del sembrador, que nos ha sido propuesta hoy, nosotros tenemos que estar siempre atentos para que nuestro corazón sea profundo en orden a acoger la semilla de Dios, la Palabra de Dios. Que no haya zarzas ni espinos que la ahoguen. Vigilad para que el diablo no la coja y se la lleve, como  la semilla que cayó en el camino.

Nosotros tenemos que estar siempre atentos para que la Palabra de Dios pueda ser acogida dentro de nuestro corazón, para que produzca el ciento por uno; tenemos que saber distinguir la Palabra de Dios de otras palabras que no son Dios, que vienen engañadoramente, prometiendo una felicidad y unas cosas que luego tienen unas consecuencias que te hace exclamar: ¡ay! Sabéis lo que es el ¡ay! Luego decís: me he equivocado; sin poder corregir después; me equivoqué ¡Ay si yo le hubiera hecho caso a la voz de mi conciencia! ¡Ay si hubiera sido más generoso!¡ Ay si hubiera sido más dócil! ¡Ay si hubiera sido más responsable! ¡Ay si hubiera sido más paciente! ¡Ay si hubiera sido más…!Así puedes poner hacer una lista quejas y te das cuenta de la responsabilidad que tenemos de asumir bien nuestra vida para dar buen fruto. El Señor explicaba en parábolas a los fariseos y a los que oían les decía: “porque tienen oídos y no oyen, porque tienes ojos y no ven”, es decir, no quieren ver y no quieren oír la verdad.

Nos encontramos a lo largo de nuestra vida muchos fariseos pero no se os olvide que el Espíritu Santo siempre está actuante y que una persona que es piedra (eso lo dice un Santo Padre, ahora no recuerdo quién, pero lo he leído esta mañana), que tiene un corazón que es piedra se puede convertir en tierra y en tierra que absorbe. Quizá en alguna etapa de nuestra vida alguno de nosotros, no sé si todos, probablemente todos no, nuestro corazón ha sido piedra, y piedra muy dura. Y, el Espíritu Santo ha tenido a bien convertir nuestro corazón empedrado en un corazón de tierra que sabe acoger la semilla de Dios y que está dando ya frutos de vida eterna. Y esto es lo que tenemos que procurar, porque en la primera lectura,  San Pablo nos habla de la resurrección. Nos dice que vamos a resucitar. Y  él se lo tiene que explicar a los Corintios, porque había algunos, que estaban con sus filosofías y  pensaban que no era posible que resucitásemos. También ahora dicen algunos: Jesucristo no resucitó. Lo resucitaron los apóstoles porque lo querían mucho y lo hacían presente en sus comunidades pero, realmente, no resucitó. De esta manera, nos estamos debatiendo entre la increencia y la creencia en la resurrección desde los primeros siglos, desde el momento en el que Jesucristo resucitó hasta aquí, hasta nuestros días. Es más, hasta en los apóstoles había un Santo Tomás que decía: “si no meto los dedos en los agujeros de los clavos, en sus manos, en sus muñecas y si no meto mi puño en la llaga del costado no creeré”; o sea, que fíjate tú cómo estábamos ya, a pesar de los testimonios que daban los otros apóstoles. 

De modo que no nos podemos extrañar que esto ocurra, pero nosotros que somos ya creyentes por la gracia de Dios, pongamos nuestro corazón en el cielo. Yo voy a resucitar con este cuerpo, este mismo cuerpo que tengo yo, con mis manos. Y, ¿cómo resucitaré? No lo sé, pero que me van a resucitar, seguro. Unos resucitarán a la vida y otros resucitarán para la muerte, para la muerte eterna, para la separación total de Dios. Porque el cuerpo se une al alma para sufrir o para gozar. ¡Hombre no seamos tan tontos de perder un premio tan grande por cuatro momentos de placer en esta vida! Seamos personas que piensan, ¿verdad? Y digamos: Señor, si con tu Gracia me has traído hasta aquí, no me vas a llevar hasta allá. Y hasta allá es hasta donde está la Hermana Clare, porque yo creo que sí, que tienes ese poder. Y Tú me has dado la vida sacramental a mi favor y vienes en busca de mí en cada oración, yo voy hacia ti y tú vienes hacia mí y nos encontramos en la oración. Y, además, creo que pondrás a lo largo de mi vida, las personas buenas que me ayudarán a la consecución de mi último fin, de estar allí en el cielo con mi Hermana Clare y con todas las chicas, que ya nos han precedido, en el paso de este mundo al Padre. 

Yo, normalmente rechazo la forma de predicación que dice: nuestro hermano que ya está en el cielo y todas esas cosas. Lo rechazo porque a veces la vida moral y personal de esa persona no parece que dé signos de que eso haya sucedido: es un sinvergüenza, un adultero, un ladrón, yo que sé, tantas cosas… No parece porque contradice la vida, los mandamientos de Nuestro Señor. Por lo que  yo no puedo condenarlo, ni lo condenaré nunca, pero tampoco puedo canonizarlo. Es decir, yo no puedo ni canonizar ni condenar.

No obstante, tengo como una especie de persuasión interior de que nuestra Hermana Clare es uno de esos raros acontecimientos en los que uno ha sido, digamos, compañero de viaje y que uno se queda después asombrado constatando con quién ha estado. Cuando te dicen: ¿tú sabes quién es ese que llevas a tu lado? Pues este es fulanito de tal. Y, ¿quién es ese? Búscalo en internet. Ándale pero si este hombre es un fenómeno de tal o de tal cosa y yo ni me he dado cuenta, porque no lo conocía.

Tenemos la impresión de que con la Hermana Clare nos ha pasado algo parecido. Pues, con el paso del tiempo, la figura de la Hermana Clare se va engrandeciendo cada vez más, porque la vamos conociendo en Dios y vamos conociendo quién era realmente. Pasa como nos ha pasado con Juan Pablo II o como nos ha pasado con esta mujer, que es tan agraciada espiritualmente, la Madre Teresa de Calcuta, digo agraciada desde el punto de vista espiritual porque no es que fuese una belleza de Hollywood precisamente, aunque su alma era totalmente bellísima.

Bueno, pues que nosotros pensemos así, miremos para arriba y digamos: yo tengo que vivir ya esta vida, de modo que pueda ir allí arriba porque yo tengo una etapa de mi vida que no sé si va a ser muy larga o muy corta. Si yo tuviera aquí a la Hermana Clare con sus 33 años y yo con mi 69 ya cumplidos, le diría: Hermana Clare: ¿quién va a morir antes tú o yo? Y ella me diría: pues no lo sé, Padre. Y, es verdad, lo que me dice es verdad. Pero si yo le dijera: ¿sabes tú que vas a morir antes que yo? A lo mejor ella se sorprendería y diría: ¡ah! Y yo continuaría, si lo supiera, claro,  porque no lo he sabido nunca, pues a toro pasado todo el mundo se entera de lo que sucedió. Pero antes no lo sabíamos. Y si le preguntara: ¿estás ya preparada para irte porque ya este año te vas a ir y vas a ir a presentarte delante de Jesús? Entonces, ¿cuál sería la reacción  que tendría ella? Pues a lo mejor, no muy distinta a la que tú tienes ahora, si yo te preguntara: ¿sabes que tú puedes morir antes que yo? Y yo tengo 69 años .También yo puedo morir antes que todos vosotros. Y entonces la pregunta siguiente es, ¿estamos ya preparados para poder estar con el Señor?, o ¿tenemos el corazón prendido en mil futilidades, aquí en esta vida?

La Virgen María y la Hna. Clare como modelos 

He aquí, queridos hermanos, lo que se me ocurre para la Homilía de esta inauguración: traer a la Virgen Santísima y traer a la Hermana Clare como modelos. Fijaos, Padre Peter, ¿cuál es el título de la tesis de licenciatura que vas hacer ahora?

- P. Peter María: María como modelo de participación en la Misa.

María como modelo de participación en la Eucaristía. Pensad que, en este año, tenemos que escoger como modelo de participación en la Eucaristía a Nuestra Madre. Yo le decía al Padre Peter: vas a encontrar poco de eso. Él me contestó: a lo mejor los santos Padres abordan el tema. Luego, le pregunté si sabía latín y griego, porque los necesitará.

Pero, lo que sí quería deciros es que la Virgen Santísima, se supone, que asistiría a la Eucaristía. Porque el Señor le dio a María como hijo a Juan y Juan era apóstol. Así que, como dice los Hechos los Apóstoles, los discípulos, los creyentes, los seguidores de Jesús, primero iban al templo escuchaban la lectura, hacían las cosas que tenían que hacer en el templo; después ya se reunían en las casas donde hacían la fractio panis, es decir, la acción que Jesús hizo en la noche antes de padecer. Así que, la Virgen Santísima asistiría. Tú puedes pensar, porque para eso tienes cabeza, cómo asistiría la Virgen Santísima al hecho de la celebración de la Eucaristía. Por eso es, por lo que nosotros decíamos que tenemos que aprender no con reglas sino con modelos: María es el mejor modelo de participación en la Eucaristía. 

El P. Peter ha escogido este tema en función de que aúna nuestras dos primeras misiones: la Eucaristía y la Virgen Santísima, ¿verdad? Que vosotras, vosotros y yo también, durante este año, vivamos fijándonos en estos modelos, que el Señor nos ha puesto tan cercanos: la Virgen Santísima tan cercana, que es Nuestra Madre espiritual. ¿Cómo enseña a hablar una madre a su hijo? Así no se dice, se dice de esta manera, venga repite conmigo y entonces se lo hace repetir. Nuestra Madre nos hace esto, y nos hace repetir. Si nosotros no somos orgullosos, si no nos enfurruñamos, si no somos tontitos de solemnidad, pues lo que haremos será lo que Nuestra Madre nos indica.

Y, luego, el otro modelo es la Hermana Clare, a la que tenéis que coger como modelo. La verdad es que, como era una chica agraciada y además guapa, porque lo tenía todo; y graciosísima, pues entonces es enormemente atractiva, pero ella nunca se quedaba en la atracción natural. Cuando, hablando con la hermana Merly y con las Hermanas que estuvieron allá, lo que más les sorprendía es como ella tenía fuerza y coraje para corregir y para enderezar la cosa para que fueran hacia Dios. Y lo decía claramente: "oye yo no soy una mujer para entretenerte a ti, sino que yo te tengo que llevar hacia el Señor, déjate de cuentos; no puedes ir hacia el Señor si no haces esto, esto, esto y esto". Ella era modelo y además podemos decir que era maestra, que Dios nuestro Señor que nos ha dado estos modelos nos bendiga y que nosotros nos abramos a lo que Dios nos ha dado.

Habéis visto que el Evangelio decía en la parábola: “el que tenga oídos para oír que oiga”. También nosotros tenemos que procurar tener oídos y si no los tenéis pedirle al Señor: Señor, dame oídos que oiga, dame ojos que vean, es decir, que oigan lo que Tú dices, que vean lo que Tú haces y lo que Tú quieres que yo haga; y que lo vea. Además, que mi voluntad se mueva para ir por la dirección que Tú quieres.

Nada más. Que seamos todos buenos.

P. Rafael Alonso Reymundo

Mi blog "Dios no se duerme nunca" 

Soy sacerdote. Catedrático jubilado de Instituto en la especialidad de Geografía e Historia, con 26 años de docencia. Predico ejercicios espirituales, retiros,… Y organizo peregrinaciones a centros marianos. He practicado el montañismo y de niño me gustaba leer los tebeos de "Roberto Alcázar y Pedrín", jugar al fútbol y la natación. Mis dos vocaciones frustradas son la de médico cirujano y payaso. Ahora cultivo en una huerta en mis tiempos libres que no son muchos. He hecho programas de TV y radio. Me conocen por "el padre amigo de Teo" (de "¡Buenas noches, Teo!"). Disfruto reflexionando sobre temas trascendentes con otros. Me gusta ver a las gentes unidas a Dios, porque son felices.

El Padre Rafael Alonso Reymundo es autor, editor y responsable del Blog Dios no se duerme nunca, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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