Dios es bondadoso y misericordioso

Homilía del P. Rafael del día 14-11-2015 (Sábado XXXII del Tiempo Ordinario)

Lectura: Sab. 18, 14-16; 19, 6-9; Evangelio: Lc. 18, 1-8

El Silencio liberador


Queridos hermanos:

La primera lectura del Libro de la Sabiduría,  puede parecer  un poco difícil de entender, sin embargo, en cuanto os diga  de lo que se trata, vais a decir: ¡ah, es verdad!

Pues, dice el texto: “Cuando un silencio lo envolvía todo y cuando estaba la noche en mitad de su carrera, tu Palabra vino y entonces destruyó todo….” Habla de muerte, de destrucción.  ¿A qué se refiere? Pues lo que está haciendo es describir lo que Dios hizo con su pueblo liberándolo de la esclavitud de Egipto a través de las 10 Plagas; la última fue  la del silencio.

Un silencio lo envolvía todo. Vino el Ángel exterminador contra los primogénitos y solamente se salvaron, como sabéis bien, aquellos que participaron en el sacrificio del cordero pascual y que con su sangre untaron las jambas y el dintel de las casas. Es decir, la parte de la puerta que está verticalmente, y el dintel, la parte de arriba. Pues bien, al llegar allí, el Ángel exterminador pasaba de largo.

Si tenéis ocasión, de ver “Los Diez Mandamientos”  que, aunque ya se haya quedado la película un poco anticuada, sin embargo podréis ver ese momento; y os acordaréis de lo que dice el Libro de la Sabiduría.

La Sabiduría y justicia de Dios

Porque Dios es sabio, Dios sabe lo que conviene y Dios quiere salvar al mayor número de hombres. Uno se pregunta ¿cómo?, ¿salvar al hombre? Sí, es así, salvar al hombre. Pues lo que quiere Dios es salvar al hombre, sin embargo el hombre lo que quiere es hacer su propio proyecto, organizar sus propios dioses, mandar a sus propios dioses o elaborar sus dioses absurdos, rarísimos, que son diabólicos y que quieren la destrucción de la humanidad .Pero  Dios lo que quiere es la salvación del hombre. Por eso, enseguida el Libro de la Sabiduría empieza a hablar de las Maravillas que hizo el Señor, realizando aquello que había prometido a Abraham ¿Os acordáis la promesa que Dios le había hecho a Abraham,  sacándolo fuera de la casa  y prometiéndole que multiplicaría su descendencia como las estrellas del cielo o como las arenas del desierto?

Entonces, mientras estaban en la esclavitud y sometidos al Faraón, que había dado la orden de matar a todos los niños que nacieran judíos, el pueblo judío sufrió primero el control de los que iban naciendo; y después incluso la extinción porque hay políticas que llevan a la supresión de la humanidad, a la supresión del hombre. Pues el faraón tenía una política de supresión de los judíos allí, en Egipto, esclavizándoles y poniéndoles trabajos agotadores de tal modo, que morían de agotamiento en el trabajo. Para los judíos era la esclavitud y esclavitud ¿sabéis lo que significa? Significa que no tienen ningunos derechos y no hacen nada más que trabajar y trabajar como si fueran animales, pero tratados peor que estos.

El Señor libera a los israelitas, precisamente, con mano fuerte y brazo extendido, los pasa  por medio del mar Rojo y los lleva hacia el desierto; y, atravesando el desierto, los llevará a la tierra prometida. En el desierto, realizará muchos signos y prodigios.

Fueron castigados a pasar más tiempo del debido en el desierto, porque ellos mismos no escucharon a Dios en el momento oportuno. Llegaron muy pronto, en pocos años, en un par de años llegaron allí, cerca de la tierra de promisión. Mandó Dios que nombraran exploradores de la tierra que les iba a dar y vinieron con unos racimos grandes de uvas y más cosas. Cuando el Señor dijo que avanzaran, a los exploradores les entró miedo y empezaron a decir “los hombres son gigantes, son descendientes de Arak”. Consideraban que eran hombres fortísimos, que medían tres metros o más, y que eran  guerreros. Y seguían diciendo: “Ya hemos visto las ciudades amuralladas, es imposible conquistarlas…”, y no se fiaron de Dios. Solamente hubo dos que se fiaron: uno fue Josué y el otro Caleb.

Entonces, el castigo de Dios fue que tuvieron que andar errantes durante 40 años por el desierto y  todos aquellos que estaban en ese momento, que eran hombres que podían haber entrado, ya no entrarían en la tierra prometida. Más adelante, pasados esos 40 años, Moisés murió en el monte Névole después de haber visto la tierra de promisión, pero no entró en ella, murió y le enterraron. Así, Josué fue el encargado, por el mismo Dios, de pasar al pueblo elegido hacia la tierra de promisión.

¿A qué viene todo esto y qué aplicación tiene? Mirad, tarde o temprano nosotros también tenemos que pasar la prueba de la Fe.

La oración confiada y constante

Habéis visto cómo el Señor nos ha predicado una parábola para indicarnos cómo tenemos que rezar siempre con fe, con constancia y  con perseverancia. Esa parábola nos relata lo siguiente: había un juez inicuo, que es uno que no quiere molestarse en administrar justicia, un tío comodón. Es como si fuera un médico muy irresponsable que le llaman por un enfermo y no acude, pero si le viene un familiar diciendo “atiéndeme, atiéndeme que mi madre está enferma”, sea a la hora que sea. Golpean a la puerta y no le dejan dormir. Ese juez se levanta para impartir justicia, aunque sea para que le dejen en paz, por egoísmo.

Mirad lo que hace ese juez inicuo, se levanta e imparte justicia en razón de la perseverancia de aquella mujer y, simplemente por egoísmo, diciendo -si yo sigo aquí en la cama y esa mujer sigue golpeando, al final se van a enterar todos de que soy un irresponsable y, encima, me he quedado sin dormir, por lo que me voy a levantar, aunque sea de mal genio y de mal talante, y voy a administrar justicia-.

Y, así pues, Dios que es nuestro Padre y que lo ve todo, si nosotros insistimos en la oración, ¿no nos dará lo que pedimos?, y dice el Señor, “Sí, ciertamente se levantará y nos hará justicia, nos dará lo que le pedimos con confianza, con fe, con humildad y con perseverancia”, por eso, el Señor nos habla de la perseverancia en la oración. Tenemos que perseverar para que el Señor nos de aquello que necesitamos en orden a la salvación y ¡claro!, eso vale para todo, para nuestra vida personal, como la familiar, la social y como la vida nacional e internacional.

El arma más poderosa de transformación del mundo es LA ORACIÓN. ¿Por qué?, porque el Señor se comprometió y es Dios que todo lo puede. “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá, porque todo el que pide recibe, al que llama se le abre y el que busca, encuentra”( Mt.7, 7-9)

¿Veis?, el arma todopoderosa para la solución de todos los problemas, es la oración, pero una oración bien hecha, una oración perseverante, humilde, confiada, es decir, llena de Fe. Por eso dice el Señor, al finalizar la parábola y la enseñanza: “Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa Fe?”, y nos damos cuenta de que la gente no persevera en la oración y, además, si me preguntáis un poco os diré, y no creo equivocarme, que una gran mayoría de los bautizados no creen que van a recibir aquello que piden, lo piden sin fe y obtienen muy poco porque no tienen Fe en lo que piden. Si pidieran con Fe, obtendrían lo que quieren obtener.

Ahora bien, San Agustín dice que cuando Dios no nos da aquello que le pedimos, es por dos razones: Porque pedimos mal, o porque pedimos cosas malas. Entonces, como el Señor ve mejor que nosotros el camino que nos lleva a la Vida Eterna, a nuestra salvación, si pedimos cosas malas, no nos la da, por ejemplo, yo no puedo pedir de ningún modo, algo que vaya en contra de la Caridad. “Señor, que mi suegra se caiga del primer piso, que se parta la crisma y así heredamos el piso”. No, eso no te lo va a dar porque pedimos cosas malas, eso es pedir cosas malas.

Tienen que ser cosas buenas y más todavía, hay que pedir del siguiente modo: “Señor, Tú sabes mejor que yo lo que me conviene, dámelo y hazme entender que eso que me das, me conviene”.

Muchas veces, el Señor te da una cosa que te conviene, pero resulta que no es agradable y no la quieres. Por ejemplo, si una preciosa niña de éstas, está enferma de una infección grave, es necesario que la pongan un antibiótico pero, a lo mejor, han de administrársela vía inyectable. ¿Sabéis lo que es una inyección? Es como una especie de banderilla que cuelgan a los toros, nada más que, en vez de banderilla, es jeringuilla, en vez del toro, es la niña. La niña dice ¡a mí no!, gritando y, al estremecerse se agarra a su mamá y le dice ¡mamá no, mamá no! , y la mamá ¿qué hace?, se conmueve profundamente en sus entrañas y coge a la niña y la aparta y la sujeta fuerte y dice: “doctor, póngale la inyección”, porque la mamá sabe lo que le conviene, y entonces, la enfermera, que sabe poner las inyecciones perfectamente, con unos golpecitos logra que la niña afloje el músculo y ¡cling!, le pega un pinchazo que lo clava hasta lo más profundo, absorbe con la jeringuilla un poco para ver si ha cogido sangre, porque no puede ponerla en la vena, y entonces se la va poniendo poquito a poco, ¡claro!, la niña empieza a llorar, se retuerce….y hasta le pega a su madre, no sabe cómo reaccionar. La pobrecita se siente traicionada por su madre, porque es tonta y no comprende que es para su bien.

¡Igual nosotros!, hay muchos adultos que son como niños tontos, caprichosos, y siempre van buscando nada más que lo que les gusta. En cuanto viene una contrariedad, o algo que el Señor les da para que se ejerciten en la paciencia, entonces empiezan a protestar contra Dios. “¡Dios no me oye, Dios no me escucha!, ¡le he pedido tanto y no me da nada! Que te limpies las lágrimas y no hagas el cenizo, ¿tienes Fe en que Dios es Padre, tienes Fe en que Dios es bueno y que te da cosas buenas?, pues acepta la situación, humíllate delante de Dios porque no eres tú quien tiene las riendas de la vida, sino El, y El sabe mejor que tú lo que te conviene y te está haciendo esto para que te mantengas en humildad y te salves tú y los tuyos a través de la humildad y la aceptación.

Uno puede decir: ¡Ay, pero es que yo ese Dios no lo entiendo! ¡Claro que no lo entiendes!, tienes una cabecita muy pequeña y quieres meter en tu cabeza el modo de proceder de Dios. Por eso dice el Señor: “¿se encontrará esta Fe cuando venga el Hijo del Hombre al final? Es decir, o dicho  de otro modo, no sabemos si estamos al final de los tiempos, al principio o en medio ¡yo qué sé! No es que me importe mucho porque eso no viene ahora al caso, lo que sí viene al caso, es mi actitud, si yo tengo confianza en Dios, de que El me da lo que a mí más me conviene para mi salvación, si yo tengo esa Fe, ciertamente  lo que pida me lo dará, porque pediré cosas buenas y me lo dará. Fíjate que el Señor enseña que todavía no le habéis pedido nada y allí han pedido esto y lo otro y lo de más allá, y no habían pedido el Espíritu Santo. El Señor dice que pidamos el Espíritu Santo para que comprendamos el misterio de la vida, el misterio de nuestra vida en relación con Dios, con nuestros hermanos y con todos, y esto es lo que cada uno de nosotros debe pedir. Entonces sí, el Señor nos llevará también a hacer obras maravillosas en nuestra vida.

Lo que hemos oído en el Libro de la Sabiduría, lo realiza el Señor también con su pueblo nuevo, el nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia. Entonces, nosotros, si somos verdaderamente de aquellos que escuchan la Palabra de Dios, que la cumplen, que la viven, que confían, entonces el Señor nos hará pasar a una Tierra Prometida. El día de mañana nos llevará, ciertamente, al Cielo.

Pues nada más, que seamos buenos, que Dios Nuestro Señor nos ayude a todos, que pidamos de tal modo que seamos merecedores de recibir lo que hemos pedido con Fe, con humildad, con confianza y con constancia. Esas son las cuatro cosas importantísimas para obtener lo que pedimos a Dios, pedir con Fe, pedir con humildad, con humildad significa, si me conviene, si es bueno para mí, si es bueno para los míos, si es bueno para todos los hombres. Hay cosas que nos parecen a nosotros muy evidente que nos conviene, que son buenas cosas las que pedimos pero, ¡vete a saber!, el Señor sabe mejor, en la relación suya con la libertad de los hombres cuál es el camino mejor, y así ninguna oración se pierde y todas llegan a su término, y llegan a realizar aquello que hemos pedido, pero no de la manera como nosotros pensábamos. En esto tenemos que saber inclinar la cabeza delante de Dios.
Pedir con confianza, con Fe, la confianza está en relación con la Fe, con humildad, con constancia es decir,  con perseverancia, pedir una y otra vez, como ha hecho esa mujer que pedía justicia al juez inicuo.

¡Nada! Que la Virgen Santísima nos ayude y que nosotros seamos buenos cristianos que es lo que tenemos que hacer cada día.

Nosotros ante el Señor

Hoy especialmente, vamos a celebrar la Misa, en recuerdo de estos asesinados por esos hombres malvados en nombre de un dios sanguinario, no sé cómo llamarlo, porque no es de recibo. No es así Dios, eso no es Dios, porque Dios es Amor, Dios no es crueldad, no es matanza indiscriminada, y pedimos también por los que están en el otro bando, estos que decimos que somos los buenos, porque si unos matan en un sitio, en el otro, en las clínicas abortivas, están matando gente, gente, gente, y no se arma ese barullo que estamos armando en los mass media. ¡Nadie se rasga las vestiduras!, estos nuevos fariseos que se rasgan las vestiduras porque ocurre una cosa de éstas y , en este caso llevan razón pero, si valoraran la vida humana en su integridad, también armarían un lío con todos los abortos que hay en la actualidad y con todo ese descuartizamiento de los niños para luego venderlos. ¡Es una cosa espantosa!, esto me parece mucho más espantoso que ocho hombres que están medio enloquecidos por una religión enloquecedora, o como interpretan ellos el islamismo. Porque están diciendo y distinguiendo entre el mundo islámico moderado y esos otros yihadistas que matan también a los suyos, a nosotros y a los que no piensan como ellos, ¡muerte al que no piense como yo! En definitiva, esto es una cosa espantosa, pero mucho más espantoso es lo que está ocurriendo en occidente.

Vamos a rezar por todas las víctimas de los seres malvados, porque el problema es la maldad, el problema es el mal que anida en el corazón de los hombres que hacen estas barbaries  tanto el descuartizamiento de niños en el seno materno  como el coger una metralleta e irse a una discoteca y disparar indiscriminadamente.

Nada más, que el Señor nos ayude a todos y que seamos perseverantes en nuestra paciencia, con la seguridad de que el Señor nos da lo que pide nuestro corazón, si lo que pedimos es lo que el Señor quiere darnos. Nada más.

Tú, no hagas la tontería que yo hice cuando era pequeño, ponía una leyenda: “...Virgen Santa, Virgen Pura, que yo apruebe esta asignatura”. Me lo enseñaron así mis compañeros. Cuando uno es pequeño, aprende las tonterías del vecino, yo también he aprendido del vecino. En realidad yo creía que poniendo eso, ya había aprobado la asignatura ¡pero no!, hay un refrán que dice: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Tú reza pero, a la misma vez, estudia. Si no estudias y rezas mucho, ese tipo de ciencia no te viene infusa. Primero estudia y luego hay una parte de tener paz, tranquilidad etc., para saber lo que hay que poner en el examen y entonces lo pones pero primero estudia, luego reza y después te examinas y apruebas y si alguna vez no apruebas, pues es señal de que el Señor quiere que estudies más, o que le des más a la confianza, ¡vete a saber qué quiere el Señor!

Nada más, que seáis buenos.

Este día de convivencia ha sido precioso porque hemos estado aquí tanta gente hablando del matrimonio, de la entrega y de la unidad que tiene que haber en el matrimonio, y vosotros podéis pedir al Señor para que seáis capaces de entregaros totalmente cada uno a vuestra esposa/o y a vuestros hijos, etc.., y a la misma vez, vivir esa unidad que refleje el Amor que Cristo tiene por su Iglesia y la unidad que establece Cristo con la Iglesia que es indisoluble, para siempre y total.

Que Dios Nuestro Señor os lo conceda.

Así sea.

P. Rafael Alonso Reymundo

Mi blog "Dios no se duerme nunca" 

Soy sacerdote. Catedrático jubilado de Instituto en la especialidad de Geografía e Historia, con 26 años de docencia. Predico ejercicios espirituales, retiros,… Y organizo peregrinaciones a centros marianos. He practicado el montañismo y de niño me gustaba leer los tebeos de "Roberto Alcázar y Pedrín", jugar al fútbol y la natación. Mis dos vocaciones frustradas son la de médico cirujano y payaso. Ahora cultivo en una huerta en mis tiempos libres que no son muchos. He hecho programas de TV y radio. Me conocen por "el padre amigo de Teo" (de "¡Buenas noches, Teo!"). Disfruto reflexionando sobre temas trascendentes con otros. Me gusta ver a las gentes unidas a Dios, porque son felices.

El Padre Rafael Alonso Reymundo es autor, editor y responsable del Blog Dios no se duerme nunca, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com