Homilía, 13 de noviembre del 2015

La palabra de Dios tiene el poder de purificación y de exorcización. Purifica el alma, sobre todo,  de malas ideas que nos entran provenientes del mundo.

En la primera lectura, el libro de la Sabiduría hace un diseño de cómo los hombres pervierten su intelecto y toman por dioses lo que Dios ha hecho lleno de belleza, de orden, de colorido, de sonido. Así las cosas naturales, el sol, las estrellas, las órbitas, las energías, que son obras de Dios, creación de Dios, se pueden tomar como si fueran dioses o diosas. Actualmente se está hablando mucho de la madre tierra y se la quiere como una diosa. De este modo, un teólogo de la liberación, que ya no sé si es católico, la verdad, ha escrito una carta al Santo Padre y él declara que no importa si se extermina toda la humanidad, si se acaba con toda la humanidad, porque la tierra en su capacidad evolutiva será capaz de sacar formas nuevas de vida de la tierra mejores que los hombres, porque los hombres son un cáncer para la madre tierra. Hasta ese punto se llega en el pensamiento y se adora la tierra, por encima del hombre. Y también pasa con los animales.  Cuántas veces vemos a los hombres siendo duros con sus hermanos los hombres y, sin embargo, estos mismos compran “vestiditos” a un perro. Otros, le ponen una serie de medicinas para la diabetes a sus gatitos.  Y cosas de este tipo.  Les organizamos hotelitos y los tratamos como si fueran personas humanas. ¡Qué digo personas humanas! ¡Más que personas humanas!

Ya nos avisó San Pablo que llegará un tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina,  sino que apartando sus oídos de la verdad, los aplicarán a oír patrañas. Estamos rodeados de patrañas por todos los sitios, la incolumidad e integridad de la doctrina cristiana no se defiende, y, en pro de una misericordia, se llega a negar la verdad de la doctrina cristiana creyendo, por parte de algunos, que la exposición clara y nítida de la doctrina cristiana es piedra arrojadiza contra nuestro hermano, cuando es simplemente mantenerse fiel al depósito, como el llamamiento que hace San Pablo a Timoteo. "Guarda el depósito", le dice San Pablo a Timoteo. El depósito es una figura jurídica tomada del derecho romano, según la cual una persona que es propietario de algo, la pone en las manos de otra persona para que se lo guarde y le hace un contrato tácito. De este modo lo depositado es propiedad del que ha hecho el depósito, y, por tanto, es suyo. No es nuestro. Así también Dios nos ha dado todo un depósito de verdad que va acogiendo el corazón, y guardándolo tendremos las promesas de la vida eterna.

Conforme nos vamos acercando al final de este año litúrgico, la Iglesia va poniendo las lecturas que hacen referencia a las últimas cosas, al esjaton, es decir, lo que va a ocurrir al final de toda la historia. Nos lo relata el Señor en el Evangelio  según san Lucas (17,26-37) diciendo: cuando llegue el día del Hijo del Hombre, su vuelta gloriosa, será como un relámpago. No hay que estar yendo de acá para allá, porque dicen que está aquí o está allá, sino que vendrá de una manera súbita. Hoy lo que nos dice es que ese momento del Hijo del Hombre será repentino. Como en tiempo de Noé, o en tiempo de Lot: comían, bebían, se casaban, trabajaban, construían... Y cuando llegó el momento, en tiempo de Noé: el diluvio; y en tiempo de Lot: Sodoma y Gomorra, la destrucción por el fuego y el azufre cayó sobre la ciudad.

¿Y por qué esto?  Si vosotros veis y analizáis, la realización es en razón de que los hombres se habían pervertido y ya no tenían orden moral. Uno piensa, a veces, en el tiempo que le está tocando vivir, y piensa si no es una perversión moral que un autobús vaya circulando por una gran ciudad y basta con parar el autobús, hacer un alto, subir. Luego te ponen todo para que tú mismo te suicides de una manera plácida. Según dicen. De este modo si un chico tiene una situación de desencanto amoroso, cree que ya no merece vivir la vida porque le han dado ese disgusto afectivo-sentimental, y quiere suicidarse, llega al autobús, entra aquel chaval de 16- 17 años, se pone la inyección letal y se va al otro barrio. Es una perversión moral gravísima, pero además institucionalizada y aprobada por un parlamento, por unos señores que parece que tienen el Ius Gladii, el derecho de espada de matar o de dejar vivir según ellos deseen.

¡Los poderosos de este mundo! Es una perversión moral que haya 700 clínicas abiertas, subvencionadas por Obama, donde no sólo procuran el aborto, sino que venden a trocitos los cuerpos de los niños arrebatados del seno de la madre. Y, entonces, le ponen precio, desde diez dólares hasta cien dólares. Lo que más cuesta, parece ser, es la cabeza del niño porque ahí está el cerebro y pueden hacer una serie de experimentos neurológicos y demás. Es una perversión total humana. Antiguamente la perversión era con los dioses como Molok o Baal. En aquellos ritos un padre de familia ofrecía a los propios hijos. Ahí tenéis varios ejemplos del pueblo de Israel que aceptando este tipo de culto, como por ejemplo Acaz y  Manasés, pasaron a los hijos por el fuego, es decir, que los ofrecieron al dios Molok para que murieran quemados.

Tal engaño es tan grande, que realmente quien no quiera reconocer ahí las patas del diablo en el corazón del hombre, es que no tiene ojos para ver. La aplicación de los oídos a oír patrañas es constante. Hoy basta con abrir los ojos para ver cómo los hombres corren y corren. Con todas estas cosas del yoga, del reiki, de la cuestión de la salud, de la “pachá mama”, la madre tierra. La humanidad es un cáncer de la “pachá mama”, y, por lo tanto, hay que liquidar al hombre. Hay que reducirlo a nada. Hay gentes que trabajan, que dedican horas y horas a destruir al hombre. Argumentando dicha labor, tanto desde el punto vista ideológico, como desde el punto de vista real.

Por eso, no es extraño que se puedan llegar a utilizar incluso bacterias como forma de destruir parte del hombre. La esterilización del hombre, de la mujer, el interrumpir los canales deferentes del hombre para que no procree, etcétera: la lucha contra el hombre. Y el hombre se lo cree y, finalmente,  lo único que le preocupa es quién nos podrá pagar la pensión a nosotros, si no hay  hombres que trabajen, porque si no trabajan cómo nos van a pagar la pensión. Esto es un egoísmo atroz y un despiste, desde el punto de vista moral, que es auténticamente una perversión. Uno podría decir: “eso ocurre fuera, Padre”. No, no, no que está ocurriendo dentro de la Iglesia, ¡oiga! ¡Qué estamos rodeados de bautizados descreídos! Sí,  pero no solamente en los niveles bajos también en niveles altos. Lo que hemos visto ahora es simplemente la punta del iceberg, y vete a saber lo que hay y lo que dicen y lo que están hablando constantemente del lobby gay dentro del Vaticano.

Así pues, vemos cómo también dentro de la Iglesia  se encuentran estas cosas, y que estamos rodeados de una masa de bautizados descreídos: están bautizados, son cristianos y son católicos, pero les importa un bledo la fe, les importa un bledo el Evangelio y no quieren saber nada. Por lo que, ya se llega a esa degeneración moral, a dimitir de lo más propio del hombre que es pensar.

Ayer, cenando con las hermanas en Alcalá, dos de ellas me hablaban de que querían hacer pensar a unas chicas. Y entonces le dicen esas chicas: "No, no te molestes, que yo no quiero pensar". Dimitir del pensamiento es dimitir del ser humano, porque lo propio del ser humano es el pensar, la inteligencia. Los animales no piensan; sienten pero no piensan. Entonces no pensar, es tanto como querer, de motu propio y de propio intento, reducirse a simple animalidad. A ser un bruto animal más. Comer, beber y se acabó.

El  Evangelio nos habla hoy de que estarán dos en una cama y uno será dejado y el otro será tomado. Estarán dos moliendo en el mismo sitio, uno será tomado y el otro será dejado. Estarán dos en el campo, uno será tomado y el otro será dejado. Y ante esto, le preguntan los apóstoles, "¿dónde Señor?" Es decir, si le toman, si le agarran, ¿dónde se lo llevan?, ¿a dónde van? Y el Señor dice una palabra sumamente misteriosa: Allí donde está el cadáver, se juntaran los buitres ¿Qué cosa ha querido decir Jesucristo? Pensemos un poco. Lo propio del cadáver es la corrupción. Hay corrupción por ser corpóreo. Y, cuando el cuerpo se corrompe, ciertamente empiezan a trabajar las bacterias, etcétera. Por lo que si estás en el campo vienen los buitres y se lo comen. Esto es lo común. Es desde la experiencia.

Pero cuando el Señor habla de muerte, siempre habla en dos planos: en el plano físico-humano y en el plano espiritual. ¿Os acordáis cómo le daban a Jesús las noticias? Las noticias no llegaban por la BBC ni por la CNN. Tampoco llegaban por Televisión Española ni nada de eso. Llegaban de boca en boca. Le dieron una noticia un día al Señor:” Señor, ¿te has enterado? Estaban en Siloé levantando una torre unos obreros, se derrumbó la torre y ha matado a todos. Eran 15. Y entonces el Señor dice: "¿Y creéis que aquellos son más culpables que vosotros? No, ciertamente. Y, si no os convertís todos, moriréis del mismo modo" Entonces uno dice: ¿si no me convierto me va a caer una piedra de una torre encima de la cabeza y me va a matar? ¿Es eso lo que dice? ¡No seas tonto!. Jesús está viendo dos planos. El plano físico, que el Señor ha dicho: "No tengáis miedo de los que pueden matar, separar el cuerpo del alma. Yo os diré a quien tenéis que tener miedo. Al que puede arrojar cuerpo y alma en la Gehena, es decir, el basurero donde se tira lo que no vale, lo que está podrido, está roto y es inservible.  Entonces para el Señor, lo importante no es la muerte natural, la separación del cuerpo del alma, sino que lo importante es la segunda muerte que es el infierno. Entonces, probablemente, Jesucristo estará diciendo: aquellos hombres han ido al infierno. No sé, el Señor sabrá cuál es la situación de aquellos hombres. Pero sí nos avisa que nosotros moriremos del mismo modo, si no nos convertimos. Entonces, “dónde está el cadáver vendrán los buitres”.  ¿Quiénes son los buitres? Los demonios. Dónde está la corrupción, el pecado, está el demonio. Ese es el reino de Satanás, el reino del pecado. Entonces mirad, el Señor lo que está diciendo es que tenemos que convertirnos a Él. Y que tenemos que dejar el camino del pecado para entrar en la gracia de Cristo. Por eso estamos diciendo que la palabra de Dios tiene poder purificativo, porque te cambia la mentalidad. Es una mentalidad según Dios, y te deja de tonterías: que si adelgazar, que si a comer, que si no comer esto, que si comer esto otro, y se está preocupado siempre de cosas, sin ir a lo fundamental y esencial que es la salvación del alma. Aunque no solamente la nuestra, sino también la de nuestros hermanos que están en tinieblas. Pero ciertamente en un ordenamiento de calidad, yo tengo que preocuparme de mi alma. Tengo que convertir mi alma, según las categorías de Dios que me vienen reveladas por el Hijo del hombre, que es Jesucristo nuestro Señor. Y, entonces, empieza uno a dejar tonterías: en el modo de pensar, en el modo de vivir, en el modo de hacer, en el modo de omitir. Así, de esta manera  se va entrando por un camino de conversión, que es seguridad de que Dios me tomará para llevarme a sus graneros. Luego los apóstoles, los discípulos, le preguntaron, los que son tomados, ¿dónde van? Pues hay que completar eso con otras palabras de Jesucristo donde dice que estarán donde Él esté: "Donde yo esté, allí estará también mi servidor" ¿Y quién es mi servidor? El que toma en cuenta mi Palabra. El que la escucha, la guarda y la cumple. Entonces, ¿dónde estaré yo? ¿dónde seré tomado? ¿dónde iré? Pues, el que se ha convertido con un corazón sincero, irá con el Señor. Donde yo esté, allí también estará mi siervo. Estas palabras te llenan el corazón. Apartas el oído de oír patrañas y lo aplicas a oír la verdad que es Cristo.

Entonces, la vida cambia. Ya las cosas funcionan de otro modo completamente distinto. Eso es lo que le paso a Doña Sancha, una niña de 16 años, hija de unos condes de Montilla. Los padres, los condes, estaban muy entusiasmados con San Juan de Ávila, al que habían conocido, habían empezado a dirigirse con él, se confesaban con él, e iban ya avanzando por el camino de la  santidad.  Porque la santidad no es solamente privativa de religiosos, sino que la santidad es participación de la santidad de Dios, por lo que cualquier fiel cristiano puede ser santo. Los padres hablaron a su hija, Doña Sancha, insistiéndole para que fuera a hablar con el maestro Ávila, que es como se le conocía a San Juan de Ávila. Ella no quería, se excusaba.  En aquel tiempo no se hacía como ahora. Ahora los hijos son ofensivos y más. Te pegan una patada en los dientes en cuanto te das un poco la vuelta. Pero, en aquel tiempo, había una cosa que se llamaba respeto y reverencia. Con respeto y reverencia a los padres se excusaba la niña para no ir, pues no quería ir.  Pero tanto le insistieron que al final accedió. Entonces la niña, como era hija de los condes, se puso sus mejores galas para ir al Maestro Ávila. Y venga allí a peinarla, ponerle cintas, corpiños y todos los aparatejos que se ponían en aquel entonces. Cada tiempo tiene su modo de vestir a sus gentes. Y llena de mundanidad con sus collares, sus alhajas, con sus pendientes, sus anillos, una princesita con su paje fue a ver al Maestro Ávila. Se presenta allí y el Maestro Ávila la vio y le dijo: "Hueles a pecado. Vete. Cámbiate y vístete de una forma sencilla y luego me vienes a ver". Oye, como un corderito.  Porque cuando a una persona se le dice la verdad y es humilde, cambia. Si ella hubiera sido soberbia, no hubiera vuelto. Así pues, fue otra vez al Maestro Ávila, ya vestida con ropas sencillas, y a partir de ese momento inició una nueva vida. No está beatificada ni canonizada, no sé porqué. Es a ella a quien le dedica el Audi filia”, un hito magnifico de la literatura espiritual y mística del siglo de oro español, junto a Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz: “Escucha hija, mira. Prendado esta el rey de tu belleza”. Empezó a llevar una nueva vida. Murió a los 24 años en olor de santidad. Allí mismo, en su propia casa, se hizo un lugar retirado donde ella rezaba, meditaba, se ofrecía a Dios etc. Una vida santa.

Bueno, os digo todo esto porque la palabra de Dios tiene este poder purificativo y exorcizador. Es decir, nos clarifica las ideas de la mente, del intelecto, y también nos lanza todas las miserias que en el corazón del hombre pretende sembrar el demonio.  Eso es así.

Que Dios nuestro Señor nos ayude para que nosotros podamos vivir según lo que hemos leído.  Los hombres desgraciadamente se dedican a adorar lo que llaman la madre tierra, volviendo otra vez al paganismo y pierden el sentido de lo que son. Pero el hombre no es enemigo de la tierra. El hombre es aquel que ha salido de las manos de Dios con una perfección suma. Si bien cuando crea las cosas y los animales “vio Dios que era bueno” lo que había hecho, cuando llega al hombre dirá que era muy bueno. Era bueno, bueno. Para indicarlo, como no tenían un superlativo, lo hacían repetitivamente, dos veces o tres: “Amen, amen”, “Bueno bueno”,  “Santo, santo, santo”, que quiere decir Santísimo, muy bueno. No lo supremo bueno, porque lo supremo bueno es Dios. Entonces en vez de ver al hombre como el ápice de la creación, lo ve como enemigo de la tierra y los mismos hombres engañados destruyen a los otros hombres. Ese es el problema: que se ha perdido la proporción y la realidad, porque esa realidad y esa proporción nos la da el mismo Dios.

Que Dios nuestro Señor nos ayude. Nos ponemos en las manos de la Virgen Santísima, Nuestra Madre, para que nos ayude en orden de ver las cosas como Dios las ve, y no hacer ningún endiosamiento de ninguna criatura que tiene que estar al servicio del hombre para gloria de Dios Nuestro Padre. Que así sea.

P. Rafael Alonso Reymundo

Mi blog "Dios no se duerme nunca" 

Soy sacerdote. Catedrático jubilado de Instituto en la especialidad de Geografía e Historia, con 26 años de docencia. Predico ejercicios espirituales, retiros,… Y organizo peregrinaciones a centros marianos. He practicado el montañismo y de niño me gustaba leer los tebeos de "Roberto Alcázar y Pedrín", jugar al fútbol y la natación. Mis dos vocaciones frustradas son la de médico cirujano y payaso. Ahora cultivo en una huerta en mis tiempos libres que no son muchos. He hecho programas de TV y radio. Me conocen por "el padre amigo de Teo" (de "¡Buenas noches, Teo!"). Disfruto reflexionando sobre temas trascendentes con otros. Me gusta ver a las gentes unidas a Dios, porque son felices.

El Padre Rafael Alonso Reymundo es autor, editor y responsable del Blog Dios no se duerme nunca, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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