Miércoles, 15 Enero 2020 12:00

Amor y verdad

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Habiendo sido yo misma una adolescente difícil, me preocupa la relación con mis hijos ahora que soy madre de tres. El consejo que recibí de parte de mi director espiritual para tratar con ellos especialmente en la adolescencia fue: "amor y diálogo", "amor y verdad". Y no hay mayor muestra de amor que hablar con la verdad y encontrarse en una mirada y en una palabra sincera del corazón.

He descubierto, a través de mi propia historia, lo positivo que es para nuestros hijos conversar con honestidad y claridad sobre las situaciones que viven, hablándoles desde nuestra propia realidad de seres imperfectos y necesitados de Dios. Es decir, no presentándonos como un producto acabado, sino uno en proceso de cambio y transformación.

Si un padre habla desde su "perfección", que no existe, no va a poder llegar al corazón del hijo. Lo que se genera es una brecha que el hijo percibe como insuperable. Recuerdo que alguna vez me dieron el consejo de agacharme y mirar a los ojos a mis hijos para hablarles cara a cara. Ese encuentro sincero de corazón a corazón hace comprender el mensaje que uno quiere transmitir. Esa invitación a "agacharnos" no es otra cosa que ese ejercicio tan necesario en la virtud de la humildad.

Cómo decía santa Teresa de Ávila: “la humildad es vivir en verdad”. Naturalmente, también la verdad incluye el reconocimiento de la belleza que Dios ha puesto en cada uno, el reconocimiento del crecimiento personal y las huellas de luz que Dios ha dejado grabadas en nuestro ser a cada  paso del camino.

El haber caído y habernos levantado nos da también la autoridad moral para, sin ningún temor, guiar con firmeza a los niños y llevarlos a una relación con Dios llena de esperanza y de la alegría que da el saberse amados y la certeza de encontrase siempre con la Misericordia de Dios.

Cuando un padre y una madre viven los sacramentos y una vida de oración, los hijos también van aprendiendo a seguir esos pasos. Si crecen teniendo esa relación personal con Dios, en su libertad sabrán escoger el bien para sus vidas. Como padres debemos orar por ellos diariamente y confiar en lo que Dios quiere para ellos y en el amor que Él les tiene.

Tengo la certeza de que contamos con la Gracia de Dios, su acción nos mueve, nos guía, nos fortalece y nos da todo para cumplir esa gran misión de guiar a nuestros hijos al cielo.

tata

Esposa y madre feliz. 

Artista, cantante y compositora católica.