Miércoles, 14 Enero 2015 01:00

El sentido de la palabra del padre

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Queridos amigos, en esta ocasión quisiera que juntos reflexionemos sobre el sentido de la palabra “padre” y las diferentes maneras de serlo.Utilizaré la palabra aplicada a ambos sexos, no refiriéndome exclusivamente al varón. Un error en el que fácilmente podemos caer, es en el de creer, que por el solo hecho de concebir, engendrar, dar a luz, y estar al lado de quien nace se es padre.

Seguramente que si afirmamos que uno por sentarse detrás de un volante, cerrar la puerta y encender el motor  del coche ya es conductor, se nos reirían un buen rato, sobre todo si es un Guardia Civil y nos está pidiendo el carnet de conducir que nunca hemos sacado…

En ese sentido y, salvo la diferencia de especies, podríamos llamar padres a todos los mamíferos (por solo referirnos a ellos), pero solo circunstancialmente y casi “pidiendo permiso” decimos que tal animal es padre o madre de tal otro, como invadiendo una palabra que sabemos está solamente designada para las personas. ¡Y es qué tiene sentido!, porque en definitiva, sabemos o intuimos que padre significa mucho más que engendrar y estar al lado de quien nace...

Padre: pater, poder, primer movimiento, engendrador, padrón, tata, patriarca, progenitor, etc, etc, son una gran cantidad de sinónimos que intentan abarcar el sentido completo de esa palabra.

A la Primera Persona de la Santísima Trinidad se la reconoce por este atributo y es la primera característica que nombramos al invocar a Dios cada vez que nos persignamos: “En el nombre del Padre...” Por lo tanto, padre y por ende la paternidad, posee un significado muy amplio y se refiere a varios aspectos de la acción que lleva a cabo.

Quienes consagran su vida a Dios, también tienen la nobilísima misión de ser padres. Y lo son en el sentido espiritual. Son engendradores en los demás de semillas de vida eterna por una doble vía: por la acción de la palabra y el ejemplo de vida; y engendradores por intercesión ante Dios por medio de los méritos propios (comunión de los santos).

En referencia a la familia, decimos generalmente que padres son aquellos responsables, custodios y encargados de proteger y educar a quienes sean sus hijos. Es así, pero nos corresponde también una paternidad similar a la de Dios Padre y que también debemos imitar y es la paternidad espiritual a la que recién hacíamos referencia y que poseen los consagrados a Dios. Este sentido de la paternidad es realmente el más importante. Traer una criatura, colaborando con Dios, a la creación es grandioso, pero es muchísimo más excelso el poder ser quienes lleven, también con la ayuda de Dios, almas a la vida eterna.

Las familias tiene una misión importantísima de la que, como decíamos arriba, es poco o nada consciente. Cubrimos la doble característica que posee Dios Padre, la de creador al ser nosotros co-creadores por ser necesarios (por designio divino) para engendrar nuevos seres, y la de cooperadores con Su gracia de engendrar vida para la salvación eterna; y este es el gran punto de reflexión al que quería llegar: Padres, estamos llamados a engendrar vida eterna en nuestros hijos, estamos llamados a algo muchísimo más importante que la de simplemente educar inteligencia y voluntad, estamos llamados a colaborar con Dios para que nuestros hijos sean santos.

Es evidente que nadie da lo que no tiene, y por eso es necesario para poder colaborar con Dios a engendrar vida eterna en nuestros hijos, vivir nosotros en “Vida Eterna”, es decir, vivir en Dios, vivir en Su gracia santificante. Es allí donde se hace plena nuestra acción educativa en los hijos:

- En el plano natural  trayéndolos a la vida y formando su inteligencia y voluntad (para esto no es “necesario” vivir en gracia de Dios).

- En el plano sobrenatural, en el que viviendo en gracia de Dios me dejo llenar y “mover” por Él para que sea Él quien me moldee, y así, por la comunión de los santos y de la misma manera que los consagrados a Dios, puedan mis méritos ser concausa de santidad en mis hijos.

Quieres lo mejor para tus hijos: ¡procura ser santo! Amas realmente a tus hijos: ¡sé santo!

Por un doble designio divino, Dios quiso que fuéramos colaboradores suyos de primer orden en la generación de vida en el ámbito natural y también en el sobrenatural.

En el orden natural nadie puede darse vida así mismo y necesita, especialmente durante los primeros años de vida, el cuidado y protección de otros. Al paso del tiempo, ya podemos cuidarnos por nosotros mismos y podemos ser parte de la generación de nuevas vidas.

Exactamente lo mismo ocurre en el ámbito sobrenatural, respondemos con nuestra voluntad las diferentes gracias que Dios nos envía invitándonos a una intimidad que signifique conversión, y así nacemos a la vida sobrenatural. Esas gracias proceden de mil circunstancias diferentes, pero generalmente Dios se sirve de otras personas como causas segundas quienes por medio de un buen ejemplo, una buena prédica, un buen consejo, etc, etc, colaboran con Dios para dar comienzo a esa vida eterna. Asimismo, durante los primeros tiempos de ese “nacimiento a Dios”, necesitamos la ayuda de otros para que esa vida no se trunque, y ya con el tiempo, es directamente nuestra responsabilidad y fidelidad a Sus gracias lo que hará que crezca sobrenaturalmente.

Las familias que tienen hijos cumplen con el primer designio divino. Las personas que viviendo en gracia cumplen la voluntad de Dios, cumplen el segundo.

Nosotros como padres estamos llamados a cumplir el doble designio: colaborar con Dios para traer nueva vida al mundo en el orden natural, y colaborar con Dios para generar vida sobrenatural en tantas almas como podamos, comenzando por la nuestra, siguiendo por la de nuestros hijos y después lo que el orden de caridad indique (cónyuge, padres, hermanos, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc, incluso enemigos).

Tomémonos cinco minutos y PENSEMOS SERIAMENTE:

1. ¿Estoy convencido realmente que con la ayuda de Dios puedo ser santo?
2. ¿Mi sentido de santidad, concuerda con lo que la Madre Iglesia nos enseña que es la santidad? Si no lo sé, debería buscar urgentemente en el Catecismo que significa ser santo (recomiendo utilizar el índice temático, allí encontrarán: Santificación, y Santo/santidad). Nada más importante que saber a lo que estamos llamados en esta vida.
3. ¿Procuro realmente poner de manera constante los medios para crecer en vida espiritual?
4. ¿Procuro para mis hijos la santidad? ¿Cuido los ejemplos que le doy? ¿Les tengo paciencia? ¿Rezo con ellos?, ¿ven que voy a Misa cuando la Iglesia lo manda por precepto?, ¿rezo y hago sacrificios personales para que Dios los colme de gracias? ¿Cuido sus ambientes?: que miran en la TV, como juegan y que se dicen con otros amigos, como visten, etc. ¿Cuido mi pudor delante de ellos para que ellos sean cuidadosos de su propia intimidad? ¿Invoco al Ángel de la Guarda de ellos para que los cuide y proteja? ¿Los consagro a Dios y a nuestra Madre? Y esta última pregunta: ¿soy consciente de que los hijos que tenemos a cargo son de Dios y que como dueño de ellos puede llamarlos cuando quiera tanto a la vida eterna como a padecer una enfermedad grave o a seguir los caminos que Él les tenga preparado para ser santos (vida familiar, sacerdotal, religiosa, soltero)? Ánimo y a pedir a Dios que nos ayude a ser verdaderamente padres, en el sentido profundo y completo de la palabra. Que la intimidad con Cristo y la intercesión de nuestra hermosa Madre lo hagan posible.

 

Un saludo y ¡seguimos en la próxima entrega!

Mi blog "Educación, ¿y por qué no?" 

Soy argentino, tengo 44 años, estoy casado y tengo tres hijos y actualmente resido en Madrid. He dedicado la mayor parte de mi vida al mundo de la educación, he dado clases a niños desde Primero de Primaria hasta los últimos cursos de Bachillerato. Los últimos 8 años de mi labor profesional lo he desarrollado en la dirección de Colegios Católicos.

Facundo Delpierre, es autor, editor y responsable del Blog Educación y ¿por qué no?, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com