Miércoles, 25 Febrero 2015 01:00

Esos Primeros meses

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Aquí estoy otra vez, con muchas ganas de compartir con vosotros mis experiencias. La última vez hablábamos de la importancia de pensar a la hora de educar a nuestros hijos. De pararse a reflexionar sobre sus comportamientos y ponernos metas para ir corrigiéndolos. También escribía sobre el descubrimiento que hice una vez de que los niños hacen lo que les permitimos hacer. Pero no os comenté que eso no siempre, siempre, siempre, es así.

Una excepción son los niños con problemas de comportamiento. Si tienes un hijo con TDA, dificultades de aprendizaje o con alguna enfermedad crónica, todas las ideas que puedas leer, aquí deberás filtrarlas y adaptarlas a tu necesidad. Gracias a Dios no tengo ningún niño con necesidades especiales y no puedo hablar al respecto. Admiro mucho a las madres que pasan por ahí y no conozco ninguna que, a base de cariño y muchísimo esfuerzo, no haya logrado verdaderos milagros en sus hijos.

Otra excepción, de la que sí puedo hablar, es la de los más peques. Esas miniaturas que todavía no son capaces de razonar y actuar según una lógica, esos diablillos divertidísimos que hacen lo que quieren y tras los que corremos desesperadas, porque en un despiste igual están dentro de la lavadora. Y como cada niño es un mundo y lleva su ritmo de madurez, para algunos esa fase termina al año y medio y otros (los menos, gracias a Dios) continúan así hasta los tres.

La primera idea que me viene a la cabeza es que, aunque te cueste creerlo, te entienden perfectamente. Desde muy, muy pequeños. Otra cosa es que reaccionen a tus palabras como esperamos que hagan, como haría un adulto o un niño más maduro. Pero te aseguro que te entienden. Así que les puedes hablar con soltura y llamando a cada cosa por su nombre. Eso de “chichi” en lugar de “carne” o “tete” en lugar de “chupete” no les hace falta. Si les hablas correctamente desde que son bebés te sorprenderás de lo bien que hablan cuando empiezan a soltarse. Habrán aprendido desde pequeños a construir bien las frases, a llamar las cosas por su nombre, y en la medida en que vayan madurando hablarán como se les haya hablado a ellos.

Otra consecuencia de su capacidad de comprensión auditiva es que les puedes dar órdenes que sean capaces de cumplir. Casi siempre se hacen los locos, pero cuando quieren obedecer, te dejan flipado de cómo entienden y de hasta dónde llegan. Por ejemplo, una vez saben andar, ya se les puede pedir que lleven su pañal a la basura. ¡Y lo hacen solitos¡ Pero, muy importante, hay que dar las órdenes de modo que las entiendan bien. Allá van varios trucos:

1) Dar sólo una orden. Nada de “coges el pañal, bajas del banquito, vas a la cocina, abres la tapadera de la basura y lo tiras dentro”, pues de ese modo el pobre sólo se acuerda de lo primero y se pasea por la casa con el pañal en la mano, soltándolo en cuanto encuentra algo más divertido a su alcance. Hay que dar órdenes claras y cortas, tipo: “tira el pañal en la basura de la cocina”. Nada más.

2) Ponerse a su altura mirándole a los ojos. Y si están de pie nos toca agacharnos. Tal cual. Es súper eficaz. Y tiene lógica, pues los pobres sólo ven piernas, pantalones y faldas a su alrededor, y ver la cara de su madre que le mira a los ojos les ayuda mucho en su comprensión. Es algo que no se hace mucho en España, pero fijaos cuando vayáis por Europa… ¡casi todas las madres se agachan para hablar con sus bebés!

3) Los razonamientos tipo hecho-consecuencia han de ser siempre en positivo. Me explico: a los más mayorcitos les podemos decir “si no te acabas la tortilla no tendrás yogur” y lo entienden de maravilla y se la comen en un periquete. Pero a esas edades tienes que hacerlo en positivo “¿Quieres yogur? (y de paso se lo enseñas), pues entonces cómete la tortilla”. No sabéis lo rápido que lo pillan. Este truco es muy útil incluso cuando hay que reñirles por algo. Si les razonas “deja de chillar que nos va a reñir el conductor del autobús”, el chaval seguirá con sus preciosos berridos. Pero si pruebas diciendo “¿te gusta ir en autobús? Pues aquí hay que estar calladito” quizás se decida a portarse bien.

4) También viene bien hacerles razonar sobre el comportamiento de su “mundo”, su entorno. Como funcionan mucho por imitación, a veces, nos viene bien aprovecharnos de eso para cambiar su comportamiento. Yo uso este truco por las noches, cuando de pronto lloran sin más y no hay forma de que callen. Les digo “papá está durmiendo, tu hermanito está durmiendo, los pajaritos están durmiendo, los coches están durmiendo, los gatitos están durmiendo… y tú también vas a dormir cerrando los ojitos”. La retahíla me dura hasta que veo que me escucha. Y si no está con una pataleta de aúpa, ¡me suele funcionar¡

5) Nunca preguntarles si quieren hacer esto o lo otro. A estas edades tener que tomar una decisión es algo para lo que no están maduros y se les crea confusión. Eso de “¿quieres portarte bien? ¿puedes sentarte en la silla, por favor? ¿qué quieres merendar?...” no les ayuda, les confunde. Necesitan pautas, normas, límites, que es lo que les da seguridad. Hay que darles las cosas hechas tipo “ahora te vas a estar calladito”, “te vas a sentar en la silla”, “hoy merendarás manzana y yogur”. Suena muy duro y un poco sargento, pero les hace mucho bien. Es una orden clara, positiva y breve que saben tienen que cumplir. Y lo hacen. Así que de verdad que os recomiendo que os dirijáis a ellos con un “vas a hacer….” y veréis qué bien os va.

Pero como os podéis imaginar esto no es magia y, aun así a menudo se nos van de las manos, hacen lo que quieren, nos desobedecen y nos llevan locos. Si es algo puntual, no os preocupéis, pues todos tenemos momentos malos, o días malos y hay que comprender que ellos también. De hecho el mal comportamiento nos sirve de aviso muchas veces de que están malitos, o incubando algo que todavía no ha salido. Y además han de  desobedecer para saber hasta dónde llegan: siempre están midiendo nuestras fuerzas. Pero si el comportamiento negativo es repetitivo, yo os aconsejo la técnica del “reseteo”. Aunque para no alargarme demasiado mejor la dejamos para el siguiente artículo, ¿os parece?

Mucha paciencia -y mucho cariño- con vuestros peques. Ya me vais contando lo que pensáis de estas ideas y si os funcionan y sirven de ayuda. ¡Mucho ánimo¡

Economista por la Universidad de Navarra. He sido profesora ayudante de Macroeconomía en la Universidad de Zurich, gerente de Aguirretel SL y documentalista de la Asociación Valenciana de Empresarios, entre otras cosas. Actualmente, soy ama de casa y madre, a tiempo completo de cinco pequeños, aunque en mis tiempos libres colaboro con distintas actividades educativas y completo mis estudios de postgrado en la UPV.