Miércoles, 04 Marzo 2015 01:00

El Rosario, aprendiendo de María

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«El cristiano que tiene el Rosario en una mano, la Biblia en la otra y a Cristo en su corazón, es un cristiano invencible».

Cuando me enseñaron que el rosario no era solo un collar de moda y empecé a rezarlo, me costaba muchísimo. Siempre decía: “bueno, serán solo quince minutos, esto no va a ser eterno. ¡Cuánto antes lo empiece, antes lo acabo!”. Pero luego fui descubriendo cómo el rosario te transporta a los misterios de la fe, no como algo difuso, sino concreto. Pronto me vi acompañando al Nazareno en el huerto, consolándole y sufriendo con Él, y también me vi alegrándome con todos los ángeles porque su Reina estaba ya en el cielo. Me di cuenta de que simplemente con un rosario entre los dedos, estaba aprendiendo de María a contemplar la belleza del rostro de su Hijo y a experimentar su profundo amor.

Por eso lo rezo cada día. Cuando lo rezo por la calle, siempre me viene la tentación de esconderlo en mi mano, porque el Malo es muy cuco y me dice: “¿qué van a pensar de ti?, ¡qué vergüenza!, ¿te sientes mejor que ellos porque tú rezas y quieres alardear de eso?”. Pero tienes que saber que el demonio hará todo lo posible para distraerte, te pondrá un montón de excusas para que no reces… y todo porque se muere de miedo cuando escucha el nombre de María. Si te ven, ¿qué puede pasar? Que la persona se alegre, pues Gloria a Dios; que se ruborice porque él o ella sí que tiene miedo de mostrar sus creencias en público, pues así despierta su fe; que se sorprenda, pues así le recuerdas que los cristianos seguimos existiendo; que se ría o te desprecie, pues más glorifico a Dios sufriendo por Él. Además, puedes rezar por las personas con las que te vas encontrando. Todo son ventajas. El testimonio siempre siembra aunque no nos demos cuenta ni veamos el fruto.

Una vez, saliendo de clase, vi uno de estos autobuses en los que se puede donar sangre. Después de entrar y realizar el cuestionario, me tumbé en la camilla y me descubrí el brazo esperando el pinchazo. La chica no encontraba mi vena y lo intentaba una y otra vez. Eso empezaba a doler y yo, que mantenía mi rosario dentro del puño, lo agarré aún con más fuerza y ella me lo vio.

- ¡Ah mira! Es un rosario, ¿no? Pobre, lo llevas porque te da suerte, ¿verdad?
* No, lo llevo porque lo rezo.
- Ah ¿sí?, ¿Pero tú eres consagrada?
* No, pero a mí me encanta el rosario porque unifica los sentidos en un mismo objetivo: agradar a María. Es un amor que engendra todavía más amor.
-Anda. Pero si yo eso solo lo recuerdo en manos de mi abuela, que siempre estaba pasando esas cuentecillas.

¡Qué pena que muchos escuchemos “rosario” y pensemos en abuelitas devotas y casi supersticiosas que no se han enterado de qué va este mundo moderno! ¿Y qué pasa con esa juventud adormecida por el mundo y el pecado? ¡Tenemos que levantarnos y la oración es el despertador!

Cuando rezas el rosario, te haces pequeño y te acurrucas en los brazos de María. ¡Qué grato regalo para Nuestra Madre! Con el rosario ofrecemos cincuenta rosas a la Virgen María simplemente porque se lo merece. Además, obtenemos abundantes gracias para santificarnos y para luchar contra la esclavitud del pecado. Es una oración sencilla de la gente sencilla para la Sencilla por antonomasia. Sí, una devoción muy apreciada por numerosos santos de todos los tiempos. Ellos sí que saben.

Mi consejo es que saques un ratito cada día para rezar el rosario con concentración y en exclusiva. Pero, ¿qué pasa cuando tienes que caminar para ir a clase o esperar el autobús? ¡No pierdas ese tiempo! Aprovecha y repítele a la Virgen cuánto la quieres. Pero, ¡cuidado! No lo reces deprisa, con ganas de acabar. ¿Qué pensarías si tu chico te dice mirando hacia un árbol y distraído: “te quiero, te quiero, te quiero, te quiero…”? No seas mecánico, saborea cada alabanza.

¡Y no te olvides de ofrecer tu rosario! Por ese amigo que está sufriendo y por ese familiar enfermo. Por la paz, por las familias, por los cristianos perseguidos que han perdido todo excepto la fe… ¡el mundo necesita tu oración! Tampoco dejes de dar gracias con el rosario: “mamá, te rezo este rosario como agradecimiento por todos los favores que cada día me regalas, porque me cuidas y me mimas como madre mía que eres”. Y sobre todo, acuérdate de reparar el Inmaculado Corazón de María. ¡Cuántas personas le ofenden cada día con sus palabras y sus gestos! Pídele perdón con humildad.

¡Rézalo! En momentos de alegría y en momentos de tribulación. ¡Qué consuelo saber que María sufre conmigo! Como sufrió al pie de la cruz viendo a su Hijo morir por amor. ¡Rézalo! Cuando algo te preocupe y cuando te hayan dado una gran noticia. Cuando el sol te abrase y cuando la lluvia te empape. ¡Rézalo!

Y repite frecuentemente: “¡Gracias mamá, porque tú sabes lo que me conviene!” ¡Cómo se alegrará Jesús al ver cuánto queremos a su madre! ¿No te encanta a ti que elogien a la tuya?

¡Buenas! Mi nombre es Esperanza y nací en Alcalá de Guadaíra, Sevilla. Soy ingeniera biomédica y trabajo como consultora de innovación en Madrid.