Domingo, 15 Marzo 2015 01:00

Los pecados capitales

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Queridos amigos,

Una alegría estar otra vez más juntos.

De acuerdo a lo que vamos desarrollando, nos toca ver en este artículo un poco más profundamente la persona humana.

Es evidente que en pocos renglones, la explicación no será lo que necesitan los oídos expertos en el tema, ni mucho menos; simplemente serán introducciones, o unas primeras herramientas con las que vamos tomando contacto y que cada uno debe ir perfeccionando de acuerdo a sus necesidades/ganas/tiempo y demás circunstancias.

Como hemos visto en los puntos del catecismo (385 al 412), la Iglesia nos enseña la realidad del pecado original y como éste, desde Adán y Eva hasta el último ser humano que vaya a ser creado, tendrá sus consecuencias (excepto en Cristo y la Virgen María).

El Padre dominico Antonio Royo Marín, nos decía que el pecado original dejó dos huellas muy claras: SED INSACIABLE DE GOZAR y HORROR AL SUFRIMIENTO. Veamos si no, en cada una de nuestras vidas, como una y otra vez se cumple esta regla cada día, a cada momento.

Podemos agregar que las potencias del alma, la Inteligencia y la voluntad, quedaron también trastocadas: la inteligencia no comprende cómo debería, y la voluntad es muy débil. No hace falta más que recordar las veces que, después de un buen tiempo de trabajo intelectual, he comprendido alguna verdad; en la escuela o universidad hemos tenido seguramente esa experiencia. O las veces que he intentado mil veces hacerme un programa de actividades que me resultaría beneficioso; ¡cuántas veces comenzamos a hacer un deporte! ¿Y la dieta? NO COMENTS…

Probadas nuestras debilidades, conociéndonos inacabados, la tarea de la educación es eso mismo: promover, completar, perfeccionar.

En el camino personal de santidad y en la educación a la santidad de nuestros hijos, tener estos conceptos claros ayudará mucho. Principalmente a uno mismo, ya que soy el único y máximo responsable de mi propia santidad. Y responderé de la de otros de manera subsidiaria, es decir, qué hice o no hice para ayudar a mi prójimo a ser santo. Recordemos que el principal obstáculo para la santidad es el pecado, entendiendo por pecado una ofensa a Dios, “una palabra, un acto o un deseo (consentido por mi voluntad, se entiende) contrarios a la ley eterna” según enseña San Agustín.

En nuestra naturaleza humana, esas debilidades que poseo como consecuencia del pecado original, son una cierta facilidad o inclinación para hacer algo, y todas ellas se encuadran dentro de los pecados capitales. Al hablar de capital en este caso no lo hacemos en el sentido de “importante” sino de raíz, principal, cabeza, de la cual brotan el resto de pecados. Estos pecados que se cometen con mayor facilidad, pueden a su vez ser veniales o mortales, dependiendo de la gravedad de la materia, y si cuento o no con el pleno conocimiento y deliberado consentimiento (es decir, que lo que se me presenta para hacer, reconozco y sé que está mal y es grave, e igualmente lo hago). Para este tema de los pecados conviene ver y

repasar los puntos 1846 a 1869 (parece todo un tratado pero son apenas dos páginas y media; vale la pena). Según el Catecismo los pecados capitales son “aquellos que generan otros pecados”:

Catecismo #1866: “Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a san Juan Casiano y a san Gregorio Magno (mor. 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza”.

No hace falta aclarar que TODOS, EXCEPTO NUESTRO SEÑOR Y LA VIRGEN MARÍA, tenemos como consecuencia del pecado original una tendencia hacia los pecados capitales. Declarado el Dogma de la Inmaculada Concepción por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula “Ineffabilis Deus”, se afirma y confirma esta gran verdad: la Virgen fue concebida sin mancha de pecado original y, por ende, sin inclinación alguna al pecado (sin mancha ni efecto del pecado original) ¡Que hermosa Madre tenemos, “llena de gracia” desde su concepción!

Para terminar por hoy, permítanme copiar-pegar esta tabla que encontré y que me parece muy interesante, además de ser muy gráfica y de fácil comprensión, para tener una confirmación de lo que hablamos. Pueden aprovechar esta tabla para hacer un examen de conciencia, seguramente que en mayor o menor medida y con mayor o menor gravedad, estarán todos en nuestra boca en la próxima confesión (por ser la raíz de todos los otros).

Pecados Capitales

Virtudes para  vencerles

1-Soberbia
ante el deseo de alto honor y gloria

Humildad Reconocer que de nosotros mismos sólo tenemos la nada y el pecado.

2-Avaricia
ante el deseo de acaparar riquezas

Generosidad
 
Dar con gusto de lo propio a los pobres y a los que necesiten.

3-Lujuria
ante el apetito sexual

Castidad. logra el dominio de los apetitos sensuales

4- Ira  
ante un daño o dificultad

Paciencia. Sufrir con paz y serenidad todas las adversidades.

5- Gula
ante la comida y bebida

Templanza. Moderación en el comer y en el beber

6- Envidia
resiente las cualidades, bienes o logros de otro porque reducen nuestra auto-estima

Caridad. Desear y hacer siempre el bien al prójimo

7- Pereza
desgano por obrar en el trabajo o por responder a los bienes espirituales

Diligencia.Prontitud de ánimo para obrar el bien

Podemos ver siguiendo la tabla, el pecado raíz y la virtud a fomentar para que ese pecado no sea fuente de más pecados. Hagamos una aplicación personal y podemos, si se animan, con ingenio, procurar actos concretos en nuestros hijos que promuevan esas virtudes.

Recordemos que el gran remedio de todo esto es Cristo y Su gracia. Que los sacramentos y la vida en gracia de Dios estén presentes permanentemente en nuestra tarea educadora.

Como tarea en casa, la que ya señalamos: leer y fijar los puntos 1846 a 1869 del Catecismo de la Iglesia Católica.

Un fuerte abrazo en Cristo y María, y ¡mucho ánimo!

Mi blog "Educación, ¿y por qué no?" 

Soy argentino, tengo 44 años, estoy casado y tengo tres hijos y actualmente resido en Madrid. He dedicado la mayor parte de mi vida al mundo de la educación, he dado clases a niños desde Primero de Primaria hasta los últimos cursos de Bachillerato. Los últimos 8 años de mi labor profesional lo he desarrollado en la dirección de Colegios Católicos.

Facundo Delpierre, es autor, editor y responsable del Blog Educación y ¿por qué no?, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com