Jueves, 19 Noviembre 2015 00:00

Pecado original

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Queridos amigos, aquí estamos compartiendo algunas ideas nuevamente.

Gracias por vuestra paciencia y espero de corazón, que les sea útil, aunque sea mínimamente, las pocas ideas que expreso en los distintos artículos.

Vamos terminando nuestro recorrido, ese que iniciamos ya hace varios artículos y en el que nos proponíamos forjarnos una idea general de las “molestas tendencias desordenadas” que nuestra pobre naturaleza herida posee y las limitaciones que tiene para conocer y obrar.

Antes de seguir avanzando con los dos Pecados Capitales que nos restan por ver, la ira y la lujuria, volveremos a fundamentar algunas ideas.

Recordemos que las limitaciones e inclinaciones que padecemos como consecuencia del Pecado Original repercuten directamente en toda nuestra persona, tanto en el cuerpo como en el alma, siendo principales las que afectan al alma ya que, como seres dotados de inteligencia y voluntad como potencias rectoras de toda la persona, si se trastocan éstas, queda todo el ser entero trastocado.

No olvidemos que el primer y gran desastre provocado por el pecado de Adán fue la ruptura de la amistad con Dios. Desde allí para abajo ya todas las consecuencias son menores, aunque muy graves, debido a que nos retrasan, impiden o limitan esa “amistad vital” con la que fuimos primeramente creados y a la que somos insistentemente llamados. "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti" (Conf. 1,1,1).

Dice Santo Tomás que las consecuencias del Pecado Original recayeron en el alma como pena y en el cuerpo como castigo:

“Así pues, como el alma puede ser sujeto de culpa pero el cuerpo, de suyo, no puede serlo, (se sigue que) todo aquello que le viene al alma de la corrupción del primer pecado, tiene razón de culpa; mas lo que deriva al cuerpo, no tiene razón de culpa, sino de castigo. Por consiguiente, el alma es el sujeto del pecado original, no el cuerpo.” (S. Th. I-II C.83 a.1 en Soluc.)

La dificultad de la inteligencia para entender y de la voluntad para obrar son las consecuencias más graves, después de la pérdida de amistad con

Dios, ya que queda herida la esencia misma de la naturaleza humana. En las potencias inferiores las consecuencias son, resumidamente, “el horror al sufrimiento y la sed insaciable de gozar”, según ya habíamos visto, afectando así la inteligencia, la voluntad y los apetitos irascibles y concupiscibles.

“En la infección del pecado original hay que considerar dos cosas: 1) Su inherencia al sujeto; y en este sentido se refiere en primer lugar a la esencia del alma, como hemos dicho (a.2). 2). En segundo lugar hay que considerar su inclinación al acto; y de este modo se refiere a las potencias del alma. Luego debe referirse primariamente a aquella (potencia) que tiene la inclinación primera a pecar. Y ésta es la voluntad, como es claro por lo dicho anteriormente (q.74 a.l y 2). Por consiguiente, el pecado original primariamente se refiere a la voluntad.” (S. Th. I-II C.83 a.3 en Soluc.)

Podemos poner el siguiente ejemplo: Nuestra vida es una nave e intentamos en unas largas jornadas de días nublados, cuando las estrellas no pueden guiarnos, discernir para dónde ir (la inteligencia no conoce como debe la verdad).

La nave además tiene un motor que funciona de vez en cuando y un timón que no está del todo ajustado (la voluntad no puede amar el bien que no conoce, y para poseer los pocos bienes que limitadamente conoce está endeble y no se determina a la acción fácilmente.).

Así intentamos intuir a dónde vamos, e intentamos dominar el barco con un timón flojo y avanzamos, cuando la marea no nos arrastra (apetitos concupiscibles e irascibles), hacia donde creemos debemos ir.

En definitiva siempre avanzamos, ya que es imposible que el hombre obre sin un fin, y así, el capitán intenta hacer avanzar la nave hacia donde cree que debe ir, y más de las veces, la dirección es hacia las tormentas, las rocas, los icebergs, y tantos otros peligros que representa navegar en el mar sin sentido, incluso dando miles de vueltas en círculo. ¿No es así la vida de muchos? Navegando día a día por esta vida sin sentido, atravesando tormentas que nos destartalan y dirigiéndonos a rocas que terminarán destruyéndonos.

Si la pérdida de la amistad divina nos acarreó las consecuencias espirituales y corporales que padecemos, Cristo, el gran Restaurador, vino a ser el “Camino” que lleva de vuelta al Padre en la plenitud del Mensaje. Cristo es el que hace posible vencer y atravesar las distintas mareas y tormentas que se nos presentan en nuestro viaje. Su Providencia es camino inequívoco para quienes confían en Él.

El Padre es la meta, nuestro puerto seguro donde amarrar, y que conocemos certeramente por medio de Cristo, quien es cielo despejado que nos deja conocer a dónde debemos dirigirnos, siendo así la “Verdad” que nos guía con claridad hacia ese puerto a conquistar. “Si vosotros me conocéis, conoceréis también a mi Padre. Más aún, desde ahora lo conocéis y lo habéis visto” (Jn. 14, 7)

Él mismo también quiso ser “Vida” y por tanto es nuestro motor y timón de nuestras naves, las que con seguridad y determinación avanzan día a día hacia el puerto conocido. Él, con sus sacramentos y la posibilidad de vivir nuevamente en gracia de Dios, nos ayuda inestimablemente en esta travesía.

Imposible llegar a meta si se prescinde de la revelación de Cristo y su mediación.

“Soy Yo el camino, y la verdad, y la vida; nadie va al Padre, sino por Mí” (Jn. 14,6)

Sirva esta reafirmación de conocimientos para confirmar el camino que estamos desarrollando.

En las próximas entregas culminaremos con nuestra introducción a los Pecados Capitales.

Y les recomiendo, como tarea, la lectura tranquila y reflexionada de todo el Capítulo 16 de San Juan.

 

¡Un fuerte abrazo en Cristo y nuestra amada Madre!

Mi blog "Educación, ¿y por qué no?" 

Soy argentino, tengo 44 años, estoy casado y tengo tres hijos y actualmente resido en Madrid. He dedicado la mayor parte de mi vida al mundo de la educación, he dado clases a niños desde Primero de Primaria hasta los últimos cursos de Bachillerato. Los últimos 8 años de mi labor profesional lo he desarrollado en la dirección de Colegios Católicos.

Facundo Delpierre, es autor, editor y responsable del Blog Educación y ¿por qué no?, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com