Martes, 22 Diciembre 2015 00:00

Los pecados capitales: ira y lujuria

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Queridos amigos, antes que nada les deseo que este tiempo de preparación para la Navidad les sea sumamente provechoso y tengan la gracia de disponerse íntimamente para un verdadero acontecimiento personal y no sólo para un alegre festejo familiar o social.

Iremos culminando nuestra andadura por este breve recorrido por los pecados capitales, restándonos solamente echar un vistazo al pecado de ira y al de lujuria.

Recordemos brevemente que los hábitos son ciertas cualidades estables de las potencias del alma que nos inclinan a obrar fácil, pronta y deleitablemente, y cuando eso que obramos habitualmente es moralmente malo, lo llamamos vicio, y si es moralmente bueno, virtud. Por eso nos referimos a los pecados o vicios capitales como aquellos que tienen “la razón (o carácter) de origen próximo respecto de otros muchos pecados” como dice Santo Tomás en el Tratado de los vicios y los pecados de su Suma (I II C.158 a.6en soluc.).

En este artículo y en el próximo, trataremos sobre el pecado de la ira, al que Santo Tomás define como una pasión compuesta de tristeza y deseo de venganza:

“[…]de la tristeza causada a uno se origina, en la parte sensitiva, el deseo de rechazar la injuria inferida a uno mismo o a otros. Así pues, la ira es una pasión compuesta de tristeza y de deseo de venganza”. (III C.15 a.9 en Soluc.)

Y la enmarca dentro de los vicios o pecados capitales, diciendo:

“Como queda claro por lo dicho ya (1-2 q.84 a.3.4), se llama vicio capital a aquel del que nacen muchos vicios. De la ira pueden nacer muchos vicios de un doble modo. Primero, por parte de su objeto, que es sumamente apetecible, en cuanto que la venganza se apetece bajo la razón de justo y honesto, como ya vimos (a.4). En segundo lugar, por su ímpetu, que arrastra la mente a la ejecución de todo lo ordenado. Es, pues, evidente que la ira es un vicio capital”. (II II C.158 a.1 en Sol.)

Pero tenemos que tener en cuenta una aclaración para introducirnos en este pecado o vicio capital y es la siguiente:

En todos los pecados o vicios capitales que hemos visto: soberbia, avaricia, pereza, gula, envidia y la que nos queda por ver, la lujuria, la misma palabra define en sí el pecado o vicio. Por ejemplo, la soberbia es un amor propio desordenado, pero no es que esté mal amarse, sino que ese amor esté desordenado. De la misma manera, en la gula no está mal el comer, sino el desorden en la comida. La pereza igual, ya que el descanso es necesario, pero el exceso del mismo ya es pecado. Así en todo, incluso en la envidia, podemos decir que el bien ajeno no está mal, lo malo es que yo esté triste por ello; y así también en la lujuria, no está mal el sexo en sí, sino en cuanto está desordenado. 

En el caso de la ira nos sucede algo particular y es que con la misma palabra podemos definir algo que en sí no es bueno ni malo, ya que esa indignación y rápida e impetuosa reacción como consecuencia de la misma con el deseo seguido de venganza, no es en sí un pecado al poder estar sujeto a razón y, por tanto, incluso ser virtuoso si es habitual. Escuchemos a Santo Tomás como magistralmente lo explica:

“Por eso la envidia, en cuanto se nombra, nos recuerda algo malo, como dice el Filósofo en II Ethic. 8. Esto, sin embargo, no puede decirse de la ira, la cual es el deseo de venganza, puesto que apetecer la venganza puede ser bueno o malo”. (II II C.158 a.1 en Sol.)

Y agrega con respecto a la ira:

“De este modo puede hallarse el mal en la ira: airándose por exceso o por defecto contra la recta razón. Pero el airarse conforme a la recta razón es laudable”. (II II C.158 a.1 en Sol.)

Es por tanto un acto bueno airarse conforme a la recta razón. No realizar los actos buenos cuando corresponden, muchas veces conlleva un pecado de omisión que puede, incluso, ser grave.

Muchas veces nuestra pasividad amparada en un “poner la otra mejilla” mal entendido, que esconde quizá una cobardía o comodidad, está muy lejos de ser lo que el mismo Cristo predicó con su ejemplo. Cristo y sus santos supieron poner la otra mejilla o airarse cuando correspondía (conforme a la recta razón).

Por tanto, la ira en sí no es pecado, como tampoco lo es comer, reproducirse, descansar, etc., sino en cuanto dichos actos NO se realizan bajo razón. 

“Por otra parte, en los actos humanos, el bien y el mal se dicen en relación con la razón, porque, como dice Dionisio […] el bien del hombre es ser según la razón, mientras que el mal es lo que está fuera de la razón. En efecto, el bien de cada cosa es lo que le conviene según su forma, y el mal es lo que tiene fuera del orden de su forma. Por consiguiente, es claro que la diferencia entre el bien y el mal, considerada en cuanto al objeto, se relaciona de por sí con la razón, es decir, según que el objeto convenga o no con la razón”. (I II C.18 a.5 en Sol.)

Como propedéutico de este vicio, basta lo hablado y dejaremos un pequeño desarrollo y las conclusiones pertinentes para la próxima entrega.

Les mando un fuerte abrazo y nos vemos, si Dios quiere, ¡el año que viene!

Seguimos unidos en la oración.

«No hay persona más feliz que el santo» In memoriam Facundo Delpierre Tosetto (1973-2018)

FA8

Facundo es una de esas personas que a todo el mundo le hubiera encantado conocer. Y si hubierais tenido la gracia de hacerlo, de haberla tratado más. Tenía esa fuerza abrasadora que imprime Dios en las almas de los conversos e irradiaba su divino fuego a todo el que tenía la dicha de encontrarse con él.

Facu –como le llamaban sus más allegados- murió de manera repentina el 11 de agosto del año 2018.  IFL tenía la dicha de contar con su colaboración en esta página, donde escribía en su blog «Educación, ¿y por qué no?». Sus artículos se pueden encontrar a continuación.

Aquí podéis leer sobre Facundo para poder conocer su semblanza.

«No hay persona más feliz que el santo» In memoriam PARTE I

«No hay persona más feliz que el santo» In memoriam PARTE II

 

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