Jueves, 03 Marzo 2016 05:00

La lujuria

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Queridos Hermanos en Cristo, ya estamos en el último punto del tema propuesto, es decir, en el punto en el que hablaremos de la lujuria, cerrando así el tema de los vicios o pecados capitales.

Para comenzar definimos la lujuria como el desorden y/o inmoderación sexual. Encontramos este significado según lo expresado por Santo Tomás en su Suma, cuando dice: “es propio de la lujuria el incumplir el orden y moderación que la razón exige en los actos venéreos”. (S. T. II II C. 153 a.3. Soluc.)

Para comprender el significado de determinadas palabras, nada mejor que acudir a su etimología. Es lo que haremos con lujuria y con venéreo, a ver si nos aclaramos un poco más. Decimos que es lujurioso el entregado a los placeres. Recordemos que etimológicamente lujuria proviene del latín luxuria que significa abundancia, extravagancia. Ambas realidades sólo posibles a los ricos, quienes vivían en permanente disfrute y goce de placeres. Nos dice Santo Tomás:
“Hay que decir: Como afirma San Isidoro en su libro Etymol., lujurioso viene a significar entregado a los placeres. Pero los placeres venéreos son lo que más degrada la mente del hombre. Por eso se consideran los placeres venéreos como la materia más apropiada de la lujuria”. (S.T. II-II C.153 a.1 Soluc.)

Y ¿qué son actos venéreos? Yendo a la etimología de la palabra reconocemos a venéreo como procedente del latín venereus, perteneciente o relativo a Venus, diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad. (Afrodita es la correspondiente diosa griega, y de ella también se desprenden palabras relacionadas entre sí, como afrodisíaco, utilizado para indicar que algo alimenta el apetito sexual). Es por tanto, un sinónimo de acto sexual el decir actos venéreos.

Continuemos nuestro pequeño estudio y veamos si esta inclinación es propia de todo ser humano o sólo de algunos de ellos. Santo Tomás lo deja claro al relacionarlo directamente con las consecuencias del pecado original, que nosotros resumíamos en dos claras consecuencias: “sed insaciable de gozar” y “horror al sufrimiento” en relación a los apetitos. A ello debemos sumarle también las consecuencias producidas en las principales facultades del alma: en la inteligencia y en la voluntad existen rémoras o trabas para bien conocer y para bien obrar. En el caso concreto de la lujuria nos dice que: “el que la concupiscencia y el placer de lo venéreo no se sujeten al imperio y moderación de la razón procede de la pena del primer pecado, en cuanto que la razón rebelde a Dios mereció que la carne se rebelara contra ella, como nos dice San Agustín en XIII De Civ. Dei”. (S. T. II-II  C.153 a.2. Resp.2)

Y no sólo es consecuencia del pecado original, y por tanto que todos padecemos (excepto la Virgen María, sin pecado concebida, y obviamente nuestro Señor Jesucristo), sino que es considerado vicio capital. Santo Tomás lo deja claro, y si bien ya tuvimos una primera vista en la introducción al tema afirmando su pertenencia a los vicios o pecados capitales, recordemos qué nos dice en concreto sobre la lujuria:
“Hay que decir: Como queda claro por lo ya dicho (q.148 a.5; 1-2 q.84 a.3 y 4), un vicio capital es el que se ordena a un fin muy apetecible, de tal modo que, al apetecerlo, el hombre llega a cometer muchos pecados, todos los cuales se dice que proceden de aquel vicio como de un vicio principal. Pero el fin de la lujuria es el deleite venéreo, que es el más fuerte. Por ello, tal deleite es sumamente apetecible por parte del apetito sensitivo, ya debido a la vehemencia del deleite, ya por lo connatural que es esta concupiscencia. Queda claro, pues, que la lujuria es un vicio capital”. (S.T. II-II C.153 a.4 Soluc.)

Vista esta introducción, caben ahora unas aclaraciones. La primera es la siguiente: ¿Santo Tomás condena el acto sexual?, y la segunda podría ser esta: ¿es mejor la virginidad?

Aclaramos la primera diciendo que no se condena el acto sexual, ni mucho menos. Ni siquiera el acto venéreo lo encasilla dentro de los pecados, sino que el acto venéreo es lícito o ilícito si se ordena u opone al orden de la razón. Dejemos que el mismo Santo Tomás nuevamente nos lo explique con su prodigiosa clarividencia:
Es pecado, dentro de los actos humanos, aquello que se opone al orden de la razón, el cual hace (el orden mencionado) que cada cosa se oriente convenientemente a su fin. Por tanto, no se comete pecado cuando el hombre hace uso de algunas cosas conforme al fin al que están destinadas, de un modo conveniente, siempre que tal fin sea realmente bueno. Ahora bien: así como conviene que se conserve la naturaleza corpórea del individuo, también es un bien excelente el que se conserve la naturaleza de la especie humana. Y del mismo modo que, para conservar la vida del individuo, está el uso de los alimentos, así para la conservación de todo el género humano está el uso del placer venéreo. Por eso dice San Agustín en De Bono Coniug.: Lo que es el alimento para la conservación del hombre es el concúbito para la conservación de la especie. Por consiguiente, al igual que el uso de los alimentos puede hacerse sin pecado si se realiza conforme al modo y orden debido, porque se ordena a la conservación del cuerpo, así también el uso del placer venéreo puede darse sin pecado si se realiza conforme a un modo y orden debidos, en cuanto que es conveniente para la conservación del género humano”. (S. T. C. II-II C.153 a.2. Soluc.)
No hace falta aclaración alguna, lo que se condena y es pecado, es el uso indebido de los bienes, y en este caso, nos referimos a la lujuria como el uso indebido, ya sea por desordenado o inmoderado, del acto sexual.

A la segunda aclaración que queremos referirnos sobre si es mejor la virginidad, el mismo Santo Tomás, una vez más nos lo dice:
“Una cosa puede impedir la virtud de dos modos. En primer lugar, en cuanto al estado común de virtud, en cuyo caso el único obstáculo para la virtud es el pecado. En segundo lugar, en cuanto al estado perfecto de virtud, y en ese caso la virtud puede ser impedida por algo que no es pecado, pero que es menos bueno. Entonces, el uso de la mujer aparta al ánimo no de la virtud, sino de la cima, es decir, de la perfección de la virtud. De ahí que diga San Agustín en De Bono Coniug.12: Así como era bueno lo que hacía Marta ocupada en servir a los santos, pero era mejor lo que hacía María, escuchando la palabra de Dios, así también alabamos lo bueno de Susana en su castidad conyugal, pero preferimos el bien de la viuda Ana, y más aún el de la Virgen María”. (S.T. II-II C.153 a.2. Resp.1.)
Una aclaración a este asunto es la siguiente: lo que es más perfecto objetivamente no siempre es lo mejor para uno mismo. Lo mejor para uno mismo es cumplir la voluntad de Dios, y quien sigue su vocación al matrimonio convencido del llamamiento de Cristo a ese camino, está haciendo lo mejor para su alma y para muchos que le rodean. Nuestra Madre fundó un hogar cumpliendo la voluntad divina. Asimismo, siendo el sacerdocio objetivamente la vocación más perfecta, no todos están llamados a ese camino.

Para terminar por hoy, sólo algunas pequeñas indicaciones sobre la educación de los niños desde mi humilde opinión, sabiendo que existen verdaderos sabios en este asunto y que fácilmente se puede recurrir a ellos por internet. Pero para completar el pantallazo general de la temática que siguen los artículos, les diría que debemos caminar unos buenos pasos por delante de nuestros hijos, especialmente en este tema. Es imposible que vivan en una burbuja, e incluso contraproducente, pero no por ello, debemos exponerlos innecesariamente o de manera evitable, a imágenes, diálogos o situaciones, incluso cuando pensamos que no escuchan estando cerca de donde se producen estas situaciones, son mucho más atentos y curiosos de lo que creemos. Asimismo, las respuestas a sus dudas no requieren ni la mentira, ni el desarrollo completo físico-antropológico del mismo: requieren nuestra atención y cariño y con dedicarles nuestra atención y palabras, aunque no se acabe el tema ni se profundice, para ellos será suficiente.

Por otro lado, fomentar el pudor y la modestia, dos hermosas virtudes que desgraciadamente nada dicen en la actualidad. Evitar con todas nuestras fuerzas que se aburran, ya reza el refranero: “el ocio es el padre de los vicios”, y para esto pueden procurarles actividades deportivas, tareas en casa, que nos acompañen a misa o al supermercado, etc., etc. Recuerden: ¡La caridad es creativa!
Tarea, ¡infaltable tarea!

Leed del Catecismo del Iglesia católica los puntos 2331 al 2400. Es importante, como dijimos, ir unos pasos delante de nuestros hijos. Seguramente lo que aquí lean “refrescará” determinadas nociones que serán muy útiles al hablar con ellos.
Un fuerte abrazo en Cristo y que nuestra Madre nos colme de sus bendiciones.
Seguimos unidos en la oración.

Mi blog "Educación, ¿y por qué no?" 

Soy argentino, tengo 44 años, estoy casado y tengo tres hijos y actualmente resido en Madrid. He dedicado la mayor parte de mi vida al mundo de la educación, he dado clases a niños desde Primero de Primaria hasta los últimos cursos de Bachillerato. Los últimos 8 años de mi labor profesional lo he desarrollado en la dirección de Colegios Católicos.

Facundo Delpierre, es autor, editor y responsable del Blog Educación y ¿por qué no?, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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