Querido Rousseau… ¿Y la familia?

En ocasiones se habla del contrato social como uno de los conceptos clave para entender el origen de la sociedad y del Estado. Ciertamente se trata de una de las ideas favoritas de muchos pensadores sociales y políticos. Creo que es necesario hacer un análisis crítico del mismo desde la perspectiva de familia, ya que con ello podemos arrojar una gran luz sobre este mito fundacional de la modernidad.

La idea del contrato social es elaborada por Juan Jacobo Rousseau allá por el siglo XVII en la Francia de la Ilustración. Vaya por delante un detalle biográfico del susodicho que da qué pensar. A Rousseau se le reconoce como uno de los padres de la pedagogía por su obra "El Emilio", que dicho sea de paso, es otra de las base míticas de la modernidad, en concreto de la educación. Pues bien, el autor francés abandonó a sus cuatro hijos en un orfanato; sí, en un orfanato de esos que salen en las obras de Dickens. Saber de quién estamos hablando siempre ayuda a entender el contexto cercano de la producción de un autor.

Siguiendo las ideas roussonianas, en un principio los seres humanos vivían solos, eran totalmente libres y buenos. En esta situación era imposible la violencia y el hombre era bueno por naturaleza. Sin embargo, los individuos se dieron cuenta de que si se agrupaban para vivir podían conseguir algunas ventajas y, renunciando a parte de su libertad, comenzaron a compartir sus existencias. De este modo aparece la sociedad y surge el embrión de lo que luego será el Estado. Pero ¡cuidado!, al mismo tiempo, al vivir juntos los seres humanos brota también el ansia de poder, las envidias, el robo, el asesinato,… el mal. Siendo bueno, el hombre (y la mujer, cómo no) se corrompe por la vida en sociedad.

Bien… gran propuesta de Rousseau para fundamentar la vida social. Un buen intento pero no deja de ser eso, un intento. Es más, se trata de una falsedad histórica y social que podríamos denominar más acertadamente como mito fundacional. Pero, ¿qué es esto del mito fundacional? En todas las culturas el pensamiento mítico fue un modo de entrar en la realidad para intentar dar sentido a la existencia de los individuos y de las sociedades. De esta manera los mitos explican desde parámetros racionales no científicos, el ser, el mundo y la existencia en su múltiple variedad. Aquellas explicaciones que tratan el tema del origen del mundo y de las realidades más significativas reciben el nombre de mitos fundacionales.

Si pensamos un poco nos damos cuenta de que nunca el ser humano ha podido vivir aislado, nunca ha podido existir solo ya que el hombre (y la mujer, claro) siempre es hijo. Los individuos de la especie humana no surgen de la nada, sino que surgen de la entrega fecunda de un hombre y una mujer; la familia siempre antecede a la persona humana. Junto a esto, es fácil percibir que los niños necesitan indefectiblemente a los adultos para sobrevivir y para crecer poco a poco en humanidad. La libertad que tenemos hace que la educación sea imprescindible. El ser humano en su infancia es el "animal" más precario que existe al no poseer propiamente instintos. El hombre es social porque es familiar, no porque lo haya decidido en un momento dado o porque le haya venido impuesto por algún poder ajeno. La familia es el origen del individuo y, al mismo tiempo, la raíz de la sociedad. 

Siguiendo con la crítica a Rousseau, si los hombres vivían aislados, ¿cómo eran capaces de procrear? ¿Cómo pudieron saber que había otros y que vivir con ellos les podía producir determinados beneficios? No se puede querer lo que no se ha conocido.

A todas estas objeciones, el ilustrado francés podría decir que es un modo de expresar una realidad que existió, una metáfora. Bien... si es un modo simbólico de expresar una realidad, entramos en la categoría del mito, fundacional para más señas en este caso. Pero... ¿no era la Ilustración quien buscaba acabar con el pensamiento mítico, con la superstición? ¿No se entronizó en Notre Dame a la diosa razón? ¿No nos dice la ciencia positivista, hija de la Ilustración, que de lo que no se puede comprobar empíricamente no se puede concluir nada verdadero?

Claramente nos encontramos ante una propuesta ideológica carente de todo valor científico. El contrato social no es una teoría ya que como tal no se puede demostrar; no es verificable arqueológicamente ni históricamente ni antropológicamente en el supuesto individualismo originario; mucho menos a la luz del sentido común. Tampoco es una hipótesis porque, tal como está, debe ser desechada al no poder demostrarse.
Pasar la realidad por el tamiz de la relación familiar y de la reflexión sincera puede llevarnos a poder entrar en la realidad con mayor riqueza y con una visión mucho más amplia. No debemos tener miedo a analizar las grandes propuestas de la sociedad en la que vivimos, ya que la marginación intelectual a la que está sometida la familia siempre produce una mirada sesgada de la realidad.

Además, querido Juan Jacobo... ante su incoherencia al proponer un mito como base de su reflexión filosófica ilustrada, nosotros tenemos en el Edén y en un acto de amor eterno, el origen del ser humano, del matrimonio y de la vida social. No hagan vulgares copias secularizadas de nuestra fe (y esto no va solo por el francés).

Posdata: Para aquellos que piensen que es imposible que la especie humana al completo provenga de una sola mujer, les recomiendo que investiguen los últimos descubrimientos de la genética y la hipótesis de la "Eva primigenia". Al final va a ser que hasta científicamente la Biblia tenía razón. Lo dejo en el aire...

Javier Ros

Mi blog "Familia, ¡sé lo que eres!"

Nací en Valencia (España) en 1972, estoy casado y soy padre de 5 hijos. Junto con esta tarea fundamental, que es mi familia, soy profesor en la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” y en el Instituto Pontificio Juan Pablo II (sección española), así como profesor en la Escolanía de Ntra. Sra. De los Desamparados de Valencia.

Siendo importantes el doctorado en Sociología, la licenciatura en Geografía e Historia y la diplomatura en Ciencias Religiosas, el máster en Ciencias del matrimonio y la familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II ha sido la pieza clave en mi formación. Desde la perspectiva de familia se abre un campo interesantísimo y urgente en la construcción de una sociedad más humana y una Iglesia más cercana.

Javier Ros Codoñer es autor, editor y responsable del Blog Familia, ¡sé lo que eres!, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com