No Engels, nunca tuviste razón

Nunca es fácil conocer los orígenes de las prácticas sociales porque muchas de ellas se hunden en la noche de los tiempos. La familia es una de ellas ya que no conocemos ninguna cultura en la que no haya estado presente en alguna de sus formas o aproximaciones. Una de las explicaciones más influyentes en el pensamiento moderno, que no por ello conocida, es la que aportó Fiedrich Engels.

En 1884 escribió El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado basándose en las ideas expuestas sobre la familia unos años antes, en 1877, por el antropólogo Lewis H. Morgan en su obra Acient Society. La idea principal es que el surgimiento de la familia basada en el matrimonio monógamo, iba ligada a la institución de la propiedad privada

Para el filósofo alemán, hubo un tiempo en que las sociedades se organizaron de modo comunal. Las decisiones se tomaban comunitariamente y las propiedades eran del grupo por lo que la violencia da intra no existía. Sin embargo, poco a poco se fue imponiendo la propiedad privada de la tierra. De este modo, lo que uno había conseguido a base de sangre, sudor y lágrimas no podía cederse a cualquiera cuando llegara la parca. De igual manera, la violencia hace acto de aparición en la historia.

Ante esta situación el varón necesitaba saber quién era su descendencia, con el fin de legarle su querida herencia. Claro, si las relaciones sexuales eran promiscuas, el hombre no tenía manera de saber quiénes eran sus hijos. Grave problema ante el nuevo régimen de propiedad. La solución fue sencilla: atar sexualmente a él una mujer y así los hijos de ella lo serían también suyos con total certeza. La monogamia llega a las sociedades humanas.

Bien,… un buen intento. Desde luego hay al menos dos aportaciones interesantes, que en mi opinión no son originales de Engels pues ya se encuentran en el mencionado Morgan. La primera consiste en entender al matrimonio y la familia como anteriores al Estado, lo que es fácilmente constatable en la historia. La segunda es que los lazos de carne y sangre son significativos para los individuos. Esta idea es muy interesante, al remarcar que el parentesco y lo familiar no son únicamente realidades sociales, sino que la biología tiene algo que decir en las relaciones humanas. Esto cada vez se pone más en duda en una sociedad emotivista con frases del estilo “tu madre es quien te ha criado y no quien te ha parido” o “lo importante es estar con quien te quiere”.

Sin embargo cabe hacer algunas precisiones importantes para no entrar de lleno y sin darnos cuenta en la pura ideología. Lo primero es constatar que no se puede demostrar de ningún modo esa supuesta época primitiva comunitaria e igualitaria. El método científico es incapaz de aportar las pruebas suficientes para tal afirmación. No hay restos arqueológicos que puedan atestiguarlo, ni fuentes escritas que con la necesaria crítica textual lo soporten, ni tan siquiera evidencias antropológicas. La mencionada época es un mito, una supuesta Edad de Oro del comunismo, una herencia de la bondad primigenia inventada por Rousseau. 

En segundo lugar, aún suponiendo, que es mucho suponer, el surgimiento de la monogamia en conjunción con la propiedad privada, cabría perfilar el tema. Ciertamente al varón le interesaría “atar” a una mujer por los motivos ya expuestos, pero… ¿no le interesaría también a la mujer? Si sus hijos son de “todos”, en esa maravillosa comuna primigenia ante la posible indiferencia de los varones hacia su prole, ¿a quién puede reclamar/exigir que atienda a su descendencia? Y ya sabemos que el varón desgraciadamente “desaparece” de la vida familiar en no pocas ocasiones. Sólo falta que pueda justificar su “escaqueo” diciendo que no sabe quiénes son sus hijos, que pueden ser de otro. También a la mujer le interesa “atar” a un varón a la hora de poder exigir sin ambages responsabilidades. 

Si bien todo lo aducido en la crítica al mito creado por Engels es lógico y coherente, a mi juicio un asunto de suma importancia es su olvido de elementos tan importantes en la relación entre hombre y mujer como son la libertad, el don de uno mismo, la renuncia, la entrega, el enamoramiento, el eros… En la falacia engelsiana todo se reduce a estructura económica y se vértebra la relación entre los sexos únicamente desde el conflicto y la dominación; no hay otra vía.

Las evidencias, muchas veces ocultadas o tergiversadas por los diversos intereses económicos o culturales, muestran que en la relación entre el varón y la mujer es posible el encuentro desde una perspectiva que no sea únicamente la utilización del otro y la imposición del más fuerte. Es más, la gran capacidad del matrimonio es justamente lo contrario. Ciertamente la construcción de un matrimonio, y por ende de una familia, teniendo presente el don, es tarea ardua y constante. Pero no es más fácil la desesperanza que anida en el corazón cuando se vive sólo para uno mismo y el otro siempre es una “amenaza” que hay que domeñar.

Al final es imprescindible darse cuenta que tantos presupuestos de la sociedad moderna no son más que visiones muy sesgadas de la realidad convertidas en ideología que convence. Que convence, al principio, porque vende un producto muy atractivo: “Conoceréis el bien y el mal y no hará falta que otro te diga lo que hacer”.

Por cierto, … ¡quién podría pensar que este gran adalid de los trabajadores fuera el empresario cuyas ganancias se invirtieron en sacar tantas veces de la ruina a Marx! No sólo esto sino que el padre intelectual del feminismo, como se ha explicado más arriba, no tenía problema en pasear con sus numerosas amantes. No Engels, nunca tuviste razón.

Javier Ros

Mi blog "Familia, ¡sé lo que eres!"

Nací en Valencia (España) en 1972, estoy casado y soy padre de 5 hijos. Junto con esta tarea fundamental, que es mi familia, soy profesor en la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” y en el Instituto Pontificio Juan Pablo II (sección española), así como profesor en la Escolanía de Ntra. Sra. De los Desamparados de Valencia.

Siendo importantes el doctorado en Sociología, la licenciatura en Geografía e Historia y la diplomatura en Ciencias Religiosas, el máster en Ciencias del matrimonio y la familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II ha sido la pieza clave en mi formación. Desde la perspectiva de familia se abre un campo interesantísimo y urgente en la construcción de una sociedad más humana y una Iglesia más cercana.

Javier Ros Codoñer es autor, editor y responsable del Blog Familia, ¡sé lo que eres!, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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