¡Qué animalada!

Me he dado cuenta últimamente de que es más habitual de lo que pensaba nombrar a los animales, especialmente a los de raza canina, con nombres familiares. De este modo, a la caniche se le llama hija y, a continuación, adquiere las posiciones relativas de todo el sistema de parentesco: es hermana, sobrina… Pero no sólo nos encontramos a sus dueños colocando a la mascota en el espacio de las relaciones familiares sino que el resto de la familia extensa en no pocas ocasiones también entra en el juego.

Es comprensible, hasta cierto punto, que algunos mayores hablen de este modo pues la soledad en la que muy a menudo se desenvuelven facilita cuestiones de este estilo. Sin embargo no solamente se da este fenómeno en la tercera edad. Además, ¿cómo puede una persona adulta referirse al perro de su madre como “hermano”? Entiendo que puede haber dos respuestas: bien es un modo de “entrar en el juego” y complacer en una medida a la madre o se trata de una muestra evidente del alto nivel de estulticia cognitiva y relacional en el que nuestra sociedad se mueve cada vez con mayor comodidad.

Evidentemente que el hecho de nombrar a los animales de este modo no conlleva ni puede conllevar una plena relación de parentesco al estilo humano. Puede que se trate sólo de una manera de nombrar pero puede connotar rasgos de humanización de la relación persona-animal.

Estas reflexiones, bastante simples por cierto, son una muestra sencilla y cotidiana de varios fenómenos que recorren esta modernidad avanzada que nos envuelve. Uno de ellos es la extensión y desdibujamiento de los límites de la familia hasta niveles insospechados. Otro es la ruptura y difuminación de la frontera entre lo humano y lo no humano. ¿Dónde acaba lo que podemos calificar de humano para entrar en el terreno de lo animal o no humano?

Alguno puede pensar que estos planteamientos son exagerados pero no es así. Las sinergias humano-animales se están dando ya en fenómenos como el cruce de genomas con fines médicos, las llamadas quimeras, o la búsqueda de la legitimación de relaciones sexuales con animales en algunos países escandinavos. Junto con ello, van cogiendo fuerza los planteamientos transhumanistas y cyborg para quienes la próxima fase de la evolución humana consistirá, y ya ha empezado, en la biotecnología de implantes y la transferencia de la consciencia individual a los sistemas informáticos y virtuales.

El problema es más complejo de lo que puede parecer a primera vista. Existe el llamado Proyecto Gran Simio, suscrito por organismos internacionales y algunas naciones, como por ejemplo España. El objetivo es conseguir para orangutanes, gorilas y chimpancés el estatus necesario para acceder a los Derechos Humanos. Sí, los Derechos Humanos. Claro si estos simios se equiparan a los humanos, ¿no estaremos también equiparando a los humanos a los simios? Pero claro, sería interesante que alguien a favor de este proyecto nos explicara cómo van a acceder dichos macacos a derechos como la libertad de asociación, el derecho a fundar una familia, a la libertad de conciencia o religiosa.

En el fondo de toda esta cuestión subyace una profunda crisis antropológica y cultural. Sin una clara y verdadera definición de lo humano nuestra sociedad se aboca a la deshumanización de las relaciones. Es imprescindible generar verdaderas experiencias de donación en el seno de la familia que desde la vivencia, y no desde una razón cada vez más alejada de la realidad, puedan fundamentar y desarrollar una certera concepción de lo humano.

Aquí radica el reto de nuestra época. Tradicionalmente las relaciones y muchas concepciones sociales nos venían dadas y nadie se planteaba su por qué. La tradición, la costumbre, el ejercicio del poder llevaban a que las cosas fueran como eran y ya está. Sin embargo, hoy en día es imprescindible re-pensar y re-fundamentar cualquier realidad al hilo del constante cambio social. Es por esto que se abre una puerta maravillosa para la regeneración fundamentada de las relaciones y los modos de vida. Podemos dar razones y experiencias que encaminen nuestro obrar por senderos más humanos, asentando cuestiones “de toda la vida” e innovando con nuevos procesos y concepciones sociales.

Por cierto, ¡cuánto daño ha hecho Disney! Nos ha acostumbrado desde la más tierna infancia a ver cómo hablan y se relacionan de modo humano los animales. Incluso en estudiantes universitarios me encuentro con dificultades para hacerles entender que los animales son incapaces de amar como nosotros. Pero claro… quién no ha asimilado hasta la médula que un ratón (Mickey) puede tener de mascota a un perro (Pluto) que es más pequeño que él.

Javier Ros

Mi blog "Familia, ¡sé lo que eres!"

Nací en Valencia (España) en 1972, estoy casado y soy padre de 5 hijos. Junto con esta tarea fundamental, que es mi familia, soy profesor en la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” y en el Instituto Pontificio Juan Pablo II (sección española), así como profesor en la Escolanía de Ntra. Sra. De los Desamparados de Valencia.

Siendo importantes el doctorado en Sociología, la licenciatura en Geografía e Historia y la diplomatura en Ciencias Religiosas, el máster en Ciencias del matrimonio y la familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II ha sido la pieza clave en mi formación. Desde la perspectiva de familia se abre un campo interesantísimo y urgente en la construcción de una sociedad más humana y una Iglesia más cercana.

Javier Ros Codoñer es autor, editor y responsable del Blog Familia, ¡sé lo que eres!, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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