Somos novios... ¿en serio?

Son muchas las ocasiones en que se vive muy de cerca la ruptura de un matrimonio y en ocasiones no nos es fácil descubrir sus causas. El divorcio, ese que a finales de los 70 parecía que nunca iba a llegar a España, actualmente lo vivimos con total normalidad social.

La verdad es que son tantas las dificultades y ataques a las que se enfrentan el matrimonio y la familia, que el divorcio parece algo lejano frente a cuestiones como los ataques a la vida o a la misma concepción de lo que es o no es matrimonio.

El matrimonio, como cualquier relación humana, necesita de unas bases sobre las que asentarse, unos pilares sobre los que fundarse. Para ello, es clave el periodo previo, el noviazgo. Hoy en día, hablar de noviazgo es algo casi tabú, ya que en sí mismo conlleva el compromiso de un camino juntos hacia una posible meta, la unión conyugal. Vivimos en la cultura predominante del instante, de lo que está de moda y de la facilidad para cualquier cambio. A ello se suma la creencia de que eso del noviazgo es algo del pasado y, por tanto, incapaz ya de servir.

Ciertamente hay muchas personas, me cuesta decir jóvenes, que no se plantean tan siquiera la posibilidad de fundar una relación con visos de permanencia. Simplemente la unión hombre-mujer surge como algo circunstancial y al servicio de las necesidades individuales, inmediatas, normalmente conectadas con la satisfacción del deseo o de la mera convivencia. De ahí que carezca de sentido hablar de noviazgo, tan solo se habla de relación o de pareja.

Sin embargo, no es menos cierto que muchas parejas inician y viven su relación en camino al compromiso, ese que después con tanta facilidad parece que se rompe. A ellas hay que plantearles la importancia decisiva de este periodo del noviazgo. La clave fundamental se halla en generar una relación profunda y sincera. Profunda en la medida en que cada uno sea capaz de mostrarse tal cual es y que así puedan darse los primeros pasos en el amor de verdad, ese que es capaz de entregarse al otro más allá de uno mismo. Sinceridad en la medida en que ambos sean capaces de asumir su propia realidad y la del otro. De este modo, se va construyendo sobre terreno sólido o se tienen los elementos para acabar con una relación que no cumple las expectativas que había creado.

No sirve la superficialidad porque en ella no se puede conocer verdaderamente al otro ni uno mismo es capaz de mostrarse. El noviazgo no es solamente un tiempo de pasarlo bien o de disfrutar juntos. Es un tiempo de construcción personal, es decir, de poner en juego todas las dimensiones de la persona. 

Un lugar muy interesante para llevar a cabo ese conocimiento del otro es verlo “en su salsa”: en sus relaciones con los amigos, con las otras chicas (o chicos), con su familia, con los niños… pero también con el dinero, con la enfermedad, con el tiempo libre… Una pareja de novios no puede ni debe encerrarse en sí misma, necesita abrirse al resto de relaciones, curiosamente para conocerse con mayor certeza. Y esto es así porque luego la vida matrimonial, sí o sí, es una vida en constante relación y apertura con la realidad, y es ahí donde se dan muchos de los problemas que después conducen a la ruptura.

Desgraciadamente, hay ocasiones en las que la separación matrimonial es necesaria, pero cuidado. Cuántas veces se dice que es mejor la separación que estar juntos, sin haberse agotado todos los medios para reconstruir la relación; cuántas veces no se busca ayuda fuera del matrimonio cuando es necesario; cuántas veces aun se recurre, equivocadamente, a un nuevo hijo para fortalecer esa unión que se rompe… Asumámoslo, un divorcio siempre es un fracaso, un fracaso personal por muy justificado que pueda estar. 

Es imprescindible generar una cultura de la reparación frente a la cultura imperante del usar y tirar. Frente al ambiente social del cambio constante en busca del propio beneficio, necesitamos replantearnos el valor del don incondicional como respuesta válida, muchas veces difícil, no nos engañemos, al crecimiento personal a través del compromiso del vínculo matrimonial.

Javier Ros

Mi blog "Familia, ¡sé lo que eres!"

Nací en Valencia (España) en 1972, estoy casado y soy padre de 5 hijos. Junto con esta tarea fundamental, que es mi familia, soy profesor en la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” y en el Instituto Pontificio Juan Pablo II (sección española), así como profesor en la Escolanía de Ntra. Sra. De los Desamparados de Valencia.

Siendo importantes el doctorado en Sociología, la licenciatura en Geografía e Historia y la diplomatura en Ciencias Religiosas, el máster en Ciencias del matrimonio y la familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II ha sido la pieza clave en mi formación. Desde la perspectiva de familia se abre un campo interesantísimo y urgente en la construcción de una sociedad más humana y una Iglesia más cercana.

Javier Ros Codoñer es autor, editor y responsable del Blog Familia, ¡sé lo que eres!, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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