Cómo enseñar a tu hijo a tolerar la frustración

La semana pasada acudí a una charla muy interesante en la Escuela de Padres del cole de uno de mis hijos. La ponente era Pilar Alamá, una experta educadora con muchos años a sus espaldas trabajando con niños en la etapa de infantil.  Voy a intentar transmitiros todo lo que nos enseñó.

El tema era “Cómo enseñar a tu hijo a tolerar la frustración” y parece algo exagerado eso de la “frustración” cuando se trata de niños pequeños, pero de verdad que no es así. Y si no, ¿de dónde salen tantas pataletas?, ¿por qué esos enfados cuando se les dice que no? Vamos a ahondar en el tema.

Lo primero de todo hay que distinguir entre frustración y fracaso. Lo segundo es un hecho, lo primero es una vivencia emocional, una actitud. Es decir, no es un fracaso sentirse frustrado, es algo normal, una reacción habitual cuando las cosas no salen como queremos. Y eso ocurre a cualquier edad. Pero aunque sea normal, no hemos de acostumbrarnos a ello, es decir, no es necesario frustrarse ante el fracaso. Y aquí está el quid de la cuestión, hay que enseñar a nuestros hijos a enfrentarse de forma positiva ante las adversidades de la vida. Y desde muy pequeños.

El adulto que se hunde con facilidad ante los problemas no ha aprendido en su infancia a enfrentarse a ellos. Y siendo verdad que hay temperamentos más luchadores que otros y maneras de ser más positivas y más proactivas, todos hemos de aprender a sobrellevar los contratiempos. Así que los padres tenemos la responsabilidad de enseñarles a tolerar la frustración, de modo que su actitud ante los problemas sea positiva, de crecimiento y de lucha constante, en lugar de dejarse llevar por el desaliento y el sentimiento de tristeza.

Pero no sólo eso: la incapacidad de tolerar la frustración conlleva comportamientos negativos en muchas otras facetas. En general, el niño que no sabe hacer frente a situaciones adversas presenta alguno de estos rasgos:

Tiene dificultades para controlar las emociones.
Es impulsivo.
Es impaciente.
Suele tener llanto fácil y rabietas.
Es exigente con los demás.
Piensa que todo gira a su alrededor y que lo merece todo, con lo que considera injusto cualquier límite que vaya contra sus deseos.
Tiene un baja capacidad de flexibilidad y adaptabilidad.
Es radical: o blanco o negro, no hay punto intermedio.
Puede desarrollar con facilidad cuadros de ansiedad o depresión ante mayores dificultades.
Tiene problemas con sus amigos y compañeros por su tendencia al egocentrismo.

Y todo esto, claramente, no les hace niños felices, por lo que hay que tomarse en serio la tarea de educarlos bien a enfrentarse a las dificultades.

Muchos padres, con la mejor intención, intentan ayudar a sus hijos evitando las fuentes de frustración de sus hijos. De ese modo caen en la superprotección y la permisividad. Pero de esa manera no les están enseñando a superar por ellos mismos las dificultades, más bien están agravando el problema.

Entonces, ¿cómo puedo enseñar a mi hijo a ir tolerando la frustración? Lo primero de todo, como siempre, parándote a pensar. ¿Cómo reacciona mi hijo cuando se le dice que no a algo? ¿Qué hace cuando le riño si ha actuado mal? ¿Se enfada si cambiamos los planes? ¿Ha de decidir él todo para evitar una pataleta? El niño que no es capaz de aceptar que las cosas salgan de modo distinto a lo que él quiere, el peque que chilla y patalea cuando no se le da lo que pide o el que siempre decide las cosas en la familia, tiene mucho que aprender todavía. Y, ahora que ya sabes lo que tiene que mejorar tu hijo, examínate tú mismo y reflexiona si le proteges a menudo, si cedes ante sus pataletas y llamadas de atención, si permites sus caprichos y malas conductas para que te deje tranquilo o si te mantienes firme ante los pulsos que nos plantean. Y si reconoces que tienes que cambiar de actitud, márcate estas metas:

Dar ejemplo. La actitud positiva de los padres ante los problemas es imprescindible para que ellos aprendan en su vida.
Educarle en la cultura del esfuerzo. Es imprescindible exigir al niño que se esfuerce ante lo que le cueste y no ayudarle ante el cansancio. Así aprenden que el esfuerzo es la mejor vía para resolver algunos de sus fracasos.
No darle todo hecho. Dejarle que se equivoque, que se caiga, que haga las cosas regular… pues si se le facilita todo al niño y no se le permite alcanzar por sí mismo sus retos, difícilmente aprenderá a superar sus fracasos.
No ceder ante las rabietas y enfados. La reacción habitual ante la frustración es la rabieta y el enfado. Si los padres ceden el niño aprenderá que ése es el mejor modo de resolver sus problemas. 
Convertir la frustración en aprendizaje. Aprovechar cada situación problemática en una ocasión para que aprenda y adquiera estrategias de superación. De esta forma podrá afrontar el problema por sí mismo cuando se le vuelva a presentar.
Enseñarle a ser perseverante. La mayoría de los problemas no se solucionan en un instante, sino que requieren paciencia y constancia. Si les enseñamos a crecer en esta virtud les estamos proporcionando herramientas para superar positivamente las dificultades.

Y todo esto requiere diversas estrategias, que podemos ir aplicando según la edad y temperamento de nuestros hijos:

Enseñarle técnicas de relajación: respirar profundamente repetidas veces ante una contrariedad o un enfado puede ser de gran ayuda para superarla.
Enseñar a identificar el sentimiento de frustración cuando aparezca. Por ejemplo: “estás enfadado porque no te ha salido bien esta resta. Inténtalo con otra y tómate el tiempo que necesites”. De esta manera consigue localizar su sentimiento y se evita que lo globalice y extrapole.
Enseñarle cuándo debe pedir ayuda y cuándo debe enfrentarse solo a sus dificultades. Algunos niños piden ayuda para todo y otros no quieren hacerlo. Hay que enseñarles a buscar primero ellos solos una solución. Por ejemplo: “¿Qué podrías hacer en lugar de enfadarte y dejar tu tarea?”
Representar papeles. Si una conducta se presenta como repetitiva, en un momento de calma se puede “jugar” a interpretarla y solucionarla. De esta manera aprende reacciones positivas que en el momento de la dificultad no sería tan fácil que aprendiera.
Reforzar las acciones correctas. Cuando actúe bien y responda positivamente ante una situación adversa, elogiarle y animarle a seguir así.
Modificar la tarea. Proporcionarle caminos alternativos para lograr su objetivo. Por ejemplo, si se le hace imposible recoger la montaña de juguetes que ha desordenado, ayudarle a pensar un juego divertido para hacerlo, como puede ser guardar primero los de un color, luego los de otro o los más grandes y después los pequeños…

Y así les iremos enseñando a superar por ellos mismos las dificultades, que son parte de la vida y que se les presentarán con seguridad. Los problemas no siempre se pueden evitar, pero lo que sí se puede aprender es a enfrentarse a ellos de manera positiva. De este modo, aprender a tolerar la frustración les facilitará que se enfrenten con éxito a la vida y que sepan ser felices incluso ante la adversidad.

María de Selva

Economista por la Universidad de Navarra. He sido profesora ayudante de Macroeconomía en la Universidad de Zurich, gerente de Aguirretel SL y documentalista de la Asociación Valenciana de Empresarios, entre otras cosas. Actualmente, soy ama de casa y madre, a tiempo completo de cinco pequeños, aunque en mis tiempos libres colaboro con distintas actividades educativas y completo mis estudios de postgrado en la UPV.