Las necesidades afectivas de los niños

Cada niño es distinto y eso lo constatan de modo especial las madres de familia numerosa. Es asombroso ver cómo de los mismos padres salen hijos tan parecidos y tan diferentes al mismo tiempo. Pero todos, todos, necesitan del afecto de sus padres. Ahora viene la pregunta del millón: ¿Cuál es la medida de afecto adecuada para cada niño? Porque algunos pensarán que todo cariño es poco, que cuanto más, mejor. Y eso es verdad, pero al mismo tiempo se corre el peligro de hacer niños blandos cuando se les rodea de tanto afecto que no hay margen para la exigencia y la educación en las virtudes. 

El niño que se siente querido es un niño estable, feliz. Tiene sus problemillas, como todos, pero él no “es un problema”. No es un problema en casa, no lo es con sus amigos, no lo es en el cole. Eso no significa que el niño que da problemas seguro que es porque no es querido. No he dicho eso. Hay miles de motivos por los que un niño puede alterar su conducta de modo crónico. Pero la sensación de no sentirse querido SEGURO que afecta al niño de modo importante y eso se reflejará en su modo de actuar. 

Fijaos que no digo que no se le quiera, sino que no se SIENTA QUERIDO. Y eso es a veces el punto que nos falta. Hemos de saber de cada hijo qué les hace sentir el cariño: a unos serán las palabras “te quiero mucho, estoy orgullosa de ti, eres mi tesoro…”, para otros el contacto físico (los abrazos, cogerle de la mano, caricias), para otros que pasemos tiempo con ellos, para otros, que les escuchemos individualmente sus asuntos…. Y a menudo les expresamos el cariño como mejor nos parece, pero hemos de esforzarnos en expresarlo como nuestro hijo lo va a recibir. Parece una tontería, pero es algo esencial

¿Y cómo podemos saber lo que cada uno necesita? Primero, observando cómo demuestra su amor. Te resultará divertido analizar a tus hijos sin que lo noten. Y seguro que descubrirás cómo te demuestra cada uno lo mucho que te quiere. De la misma manera él necesita sentirse querido. Otro modo, que no siempre funciona, pero que es una actividad interesante, es hacerles escribir en un papel “por qué sabes que tus papás te quieren mucho”. Y te sorprenderá qué cosas valoran, algunas que ni te das cuenta y haces con toda rutina. Por ejemplo, uno de mis hijos sabía que le quería porque hacía reír al pequeño delante de él, y eso le encantaba y mamá lo hacía porque le quería. Me quedé muy sorprendida… Y desde ese momento lo repetí mucho más.

Y tras todo esto os quería compartir una experiencia personal de este verano. Tengo un hijo estupendo que me da muchos quebraderos de cabeza. En resumidas cuentas: se porta fatal. Fatal, fatal. Y ya lo hemos intentado todo. Fuera de casa es genial y todo el mundo lo adora, pero en su ambiente tiene días buenos y días que no lo aguanta ni su madre, que soy yo. Pues ya desesperada por no saber cómo ayudar a mi hijo, le pedí al Espíritu Santo que me echara una mano y esa misma noche me la echó. Estábamos madre e hijo sentados en el sofá cuando poco a poco el chaval se me va acurrucando y me va cogiendo la mano para que le hiciera mimos. De pronto me dice: “mamá, es que te quiero tanto…”. Y se me encendió una luz. “Oye, ¿y si me das un buen abrazo? De los buenos de verdad”. Y se quedó pegado a mi tanto tiempo que casi me da algo. Entendí que necesitaba más que nadie ese contacto físico, que nadie nos podíamos imaginar dado su sequedad y mal comportamiento habitual. Así que los dos nos propusimos abrazarnos a diario, muchas veces incluso. E instituimos nuestro “momento lapa”: yo le llamaría y él acudiría a abrazarme enseguida. 

No os podéis imaginar el bien que le ha hecho el “momento lapa” a mi hijo. Esos abrazos le han calmado mucho, pues han ido llenando su tanque afectivo. Ese mal comportamiento era, en parte, consecuencia de no sentirse querido como él lo necesitaba, y yo no podía imaginarme que unos abrazos pudieran ser lo que él quería. 

Así que os animo a quererlos mucho, pero sobre todo, a quererlos como lo necesitan. Y si tenéis un hijo que demanda caso con mal comportamiento, o con otras llamadas de atención, seguramente será porque no se siente querido y necesita un pequeño cambio en vuestra actitud con él. Poneos a trabajarlo y seguro que veréis un gran cambio.

María de Selva

Economista por la Universidad de Navarra. He sido profesora ayudante de Macroeconomía en la Universidad de Zurich, gerente de Aguirretel SL y documentalista de la Asociación Valenciana de Empresarios, entre otras cosas. Actualmente, soy ama de casa y madre, a tiempo completo de cinco pequeños, aunque en mis tiempos libres colaboro con distintas actividades educativas y completo mis estudios de postgrado en la UPV.

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