Gratitud: aceptando lo que se nos regala

Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, el significado de “gratitud” es el siguiente: sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera.

De un modo u otro, todos en este mundo hemos sentido gratitud, y ciertamente es una sensación agradable el ver que alguien te hace un favor, que tú no merecías aunque lo hayas pedido, y que la otra persona lo hace encantada. Hasta aquí todo bien, porque siempre encuentras algún modo de corresponder a ese favor o beneficio que te han hecho, tal y como afirma la definición.
Lo verdaderamente difícil de afrontar en la gratitud es cuando uno no tiene modo alguno de responder a este favor que le han hecho. A un favor, que ya pesa cuando se sabe que no se merecía en absoluto que se lo hicieran, y que no puede corresponder. Si uno pesa, imagina que son favores continuos. Tan sencillos como acercarte en coche a la ciudad cuando no tienes medio de ir, invitarte a cualquier actividad que surja simplemente para que no estés solo, ofrecerte su casa para que pueda ir alguien a visitarte, preocuparse por ti, invitarte a cenar en reiteradas ocasiones, etc.

Cada día hay personas que hacen cosas para ayudarte a que tu existencia sea más agradable, más fácil de llevar todo. Sin pretender ser pesimista, esto no es habitual, pero también es cierto que hay gente así. Dispuesta a ayudarte en todo lo que esté en sus manos. Y a los que sabes que puedes acudir cuando necesites algo.
Sin embargo, la gratitud es difícil de afrontar cuando no hay nada que tú puedas hacer por esas personas. No necesitan nada, ni tampoco te piden favores; quizá porque tienen otras personas a las que acudir; pero tú sientes que tu deuda sigue aumentando y que nunca podrás saldarla, nunca podrás corresponder a todo ese bien que te han hecho. Puedes incluso llegar a sentirte una carga para ellos, aunque ellos te afirmen, por activa y pasiva, que están encantados de ayudarte en todo lo que esté en su mano.

La clave para afrontar esto es el amor. Ellos no te hacen favores esperando a que se los devuelvas. Básicamente han aprendido del Maestro, el que te da mucho más de todo lo que tú puedas merecer, el que te escucha siempre, todas tus peticiones, y da cumplimiento a aquellas que son para tu bien… el que murió en la Cruz para que pudieras gozar con Él de la Gloria de la Resurrección. Nunca podremos devolverle ese favor, aunque dediquemos toda nuestra vida a hacer el bien. Sin embargo, Él sólo espera que amemos. Eso le basta. Que vivamos siempre agradecidos, sabiendo que no podremos corresponder en la misma medida que Él, pero que a Él le basta con que le demos todo nuestro corazón.

Marta Troyano

Católica y periodista. Caminando hacia el matrimonio en busca de la santidad. Laica del Hogar de la Madre. Primer curso del Máster de Matrimonio y Familia en el Pontificio Instituto Juan Pablo II

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