Disponibles para el Señor

Uno no puede y no debe abstraerse de la realidad que le rodea, pero eso no significa que deba compartirla o aceptarla. La vida es una escuela de aprendizaje continuo y debemos aprender y compartir con los demás nuestras enseñanzas aprendidas.

Hubo un periodo de mi vida en la que estuve trabajando con maquinaria, concretamente maquinaria pesada para obra civil. Siempre me llamó la atención una palabra que se ponía, de vez en cuando, en los partes de trabajo de una máquina: Máquina tal… “a disponibilidad”. Significaba que la máquina estaba completamente operativa para trabajar y en el lugar requerido, pero por algún motivo no había trabajado…

Hoy esta palabra la quiero relacionar con un pasaje del Evangelio, concretamente cuando Jesús hace el milagro de “los panes y los peces”. La escena todos la conocemos: un gentío cuantificado en miles de personas que seguían a Jesús se encuentran en despoblado y se hace tarde. Los discípulos le comentan a Jesús que, dada las circunstancias, es mejor que los despida y que se vayan  a comprar comida a las aldeas cercanas… Pero Jesús nos sorprende antes y ahora, con una palabra tan sencilla y directa a nuestro corazón: “No hace faltan que se vayan, dadles vosotros de comer”…

Puedo imaginar la cara de los discípulos al escuchar estas palabras, pero también puedo sentir esa confianza, esa disponibilidad de los mismos en Jesús al decir: “si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces…”

Uno puede caer en la tentación de no compartir los pocos o muchos bienes temporales que tenemos con los demás, justificándonos en que nuestra aportación puede ser mínima, casi inapreciable con lo ingente de lo demandado por el hermano en una determinada circunstancia, como en este caso del pasaje del Evangelio, 5 panes y 2 peces frente a la necesidad de miles de personas. Pero Jesús nos quiere enseñar algo que debemos esforzarnos en entender y hacer nuestro: estar disponibles y confiados en Él. No nos pide que nosotros solos "hagamos el milagro”, sino que demos y compartamos con los demás lo poco o mucho que tenemos y Él hará el milagro esperado, sin que nosotros quizás lo veamos o lo apreciemos…

Estar disponibles significa entonces “tener la luz de la lámpara encendida, con aceite y en espera”. Pero no una espera ociosa, sino preparados  aunque pensemos que nadie nos necesite, hasta que Jesús demande algo de nosotros a través quizás de algún hermano o circunstancia, que por nuestros propios medios pensemos que no seremos capaces de hacer, pero ofreciendo confiados lo que tenemos y dejándolo en sus manos… Él lo hará posible.

Eduardo JB

InfoFamiliaLibre

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