Por la puerta santa

El pasado domingo me encaminé, junto a mi familia, a la catedral de la Almudena para poder ganar el Jubileo de la Misericordia. Con ello, cumplíamos una promesa hecha a mi hija pequeña que no pudo conseguirla cuando visitamos  la Catedral de San Pedro de Roma dado que, por aquel entonces, aún no había realizado la primera comunión.

Ella tenía mucha ilusión y de vez en cuando, nos lo recordaba cada vez que mencionábamos nuestro viaje a Roma o cuando entrabamos por alguna otra Puerta Santa. Así que fuimos todos juntos y todos lo conseguimos…  así de fácil: tus pecados quedan perdonados y ganas la indulgencia plenaria para ti o para un familiar ya difunto.

¡Qué fácil nos lo pone Jesús y todavía no somos capaces de darnos cuenta lo que ganamos con ello! ¿verdad? Pareciera que para conseguir algo importante, hay que hacer un esfuerzo igualmente importante… pero no es así, tan solo hace falta tener un poquito de Fe en Dios.

Esta idea no es nueva: lo podemos observar en el Antiguo Testamento, en los pasajes donde nos describen dos hechos muy significativos y que nos pueden ayudar a entenderlo:

Naamán el sirio, enfermo de lepra, curado mediante la indicación del profeta Eliseo al lavarse siete veces en el río Jordán.

Josué ante las murallas de Jericó: hizo recorrer su ejército alrededor de las mismas tocando las trompetas, el número de veces indicado por Dios para que éstas se desplomaran.

Dios no busca hombres superdotados o sabios, sino personas humildes a las que les pueda hacer llegar su anuncio de salvación que realizó por medio de Jesucristo. Así obra Dios en nosotros: en la sencillez y pureza de un corazón de niño a quien le indican lo que debe de hacer y éste no lo cuestiona, pues viene de Dios Padre.

Es en esa confianza plena, donde Dios nos espera y obra sus designios en nosotros

Por todo ello, invitemos pues a todos nuestros familiares y amigos a participar de la Misericordia de Dios que tiene con nosotros, en la figura de su Hijo Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros y crucemos ese umbral de la Puerta Santa, donde Dios nos perdona y se reconcilia con cada uno de nosotros para conducirnos a nuestra salvación.

Eduardo JB

 

InfoFamiliaLibre

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