Cómo superar la muerte de un hijo

Hoy queremos dar las gracias a Sergio Cardona Patau y a su mujer por permitirnos publicar su testimonio ante la pérdida de un hijo.

Todos buscamos la felicidad. Es un mensaje de lo más valorado curiosamente en estos foros profesionales, pero ¿en qué consiste la felicidad? ¿Cómo puede uno sobreponerse al golpe de la muerte de un niño sobre todo si es el propio hijo?

Los padres no deberíamos ver morir a nuestros hijos. Cuando un padre o una madre pierde a un hijo, algo muere dentro de ellos.

Ya la vida no se ve igual ni las cosas se valoran igual. Ayer escuché la experiencia del ex jugador del Real Madrid de baloncesto Alfonso del Corral, médico traumatólogo; me sobrecogió; él perdió a un hijo de seis años en un accidente. Es muy distinta su experiencia a la mía, sin embargo vibramos en la misma onda. Yo contaré mi experiencia personal.

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David Alejandro fue nuestro primer hijo. Nació el 2 de abril del 2010, de madrugada. Nació sano, en perfectas condiciones físicas y de salud. Un niño morenito y de ojos rasgados.

El embarazo de nueve meses fue para nosotros, los padres, un tiempo precioso por la ilusión del primer hijo. Guardamos con cariño unas fotos que nos hicimos en la fase final del embarazo, poco antes del parto. El parto fue rápido, natural y sin ningún problema añadido; todo presuponía que iba a ir bien la vida de ese niño y de mi familia.

El 16 de abril, estando en casa, empezó a quejarse sin estridencias, simplemente era un quejido continuo y un no mamar nada. A las 14:00 horas lo llevamos al centro de salud de nuestro pueblo, Hoyo de Manzanares, en el parque natural de la Cuenca Alta del Manzanares. Según llegó al centro de salud ya perdió el color, tomó un tono grisáceo y la pediatra lo estabilizó de urgencia; fue cosa de unas pocas horas. Al rato llegó una U.V.I. móvil y rápidamente se lo llevaron al Hospital de La Paz, en Madrid capital, no sin antes volver a estabilizarlo para el traslado. Fueron momentos que pasaron muy despacio, pero los profesionales saben. ¿Qué podíamos hacer nosotros? Yo ese día trabajaba en casa y, por tanto, allí estaba con mi mujer, Rosa. Entró muy grave en urgencias del Hospital de La Paz en Madrid y ya nos dijeron que había tenido una septicemia por todo el cuerpo; según nos explicaron, los bebés no tienen las infecciones localizadas en un lugar concreto del cuerpo, sino que la infección ataca toda la persona. En pocas horas tuvo un fallo vascular general y la sangre coagulaba.

De madrugada, el día 17 de abril lo bautizamos con el nombre de David Alejandro. Los bracitos y las piernas se amorataron hasta el punto de pensar que podían amputarlas, aunque los médicos no lo hicieron, querían hacer todo lo posible por salvarlo entero. Posteriormente apareció un cuadro muy agresivo de convulsiones. El 18 de abril no lo aguantó más. Los médicos nos informaron de todo. Desconectaron las máquinas y lo depositaron en los brazos de la madre, que lo tomó con sumo cuidado y cariño sin dejar de llorar. El niño estaba tranquilo y empezó simplemente a amoratarse. Duró quince minutos. Murió cerca de la medianoche en brazos de la madre. Una madre destrozada.

El diagnóstico fue: infección por la bacteria Streptococcus agalactiae, seguramente contagiado en el mismo parto, aunque ni los mismos médicos sabían exactamente qué había pasado y por qué había sido tan agresivo. Fueron muchas las preguntas que los médicos no sabían responder, pero todos ellos, junto con las enfermeras, fueron unos profesionales de primera, a nivel personal resultaron de una calidad humana magnífica. David Alejandro fue enterrado en Hoyo de Manzanares.

Una biografía breve, que nos enseña que la vida tiene un gran valor, porque se acaba, tiene un final para todos.

Su existencia fue una bendición, pues despertó en nosotros el Amor. Un amor único, verdadero y desinteresado.

Ya conocemos los hechos, y ahora vuelvo a la pregunta primera: ¿cómo se supera la muerte de un hijo? Pues no es fácil. Algo muere en tu interior. Dejo unos puntos que a nosotros nos ayudaron.

1. Apoyarse en las personas cercanas, no quedarse solo. Todos soportamos esta prueba y debemos salir juntos, aunque cada uno tiene su camino personal de duelo y son bien distintos. El proceso de duelo y despedida tuvimos que pasarlo juntos, mi mujer y yo. Nos apoyábamos uno en el otro. Resulta curioso que cuando uno andaba mal el otro respondía bien, y al revés. Eran pocas las situaciones en las que los dos estuviéramos hundidos; eso nos hubiera desesperado.

2. Apostar por la vida, mantener la esperanza. En nuestro caso buscamos un segundo niño. Y llegó; quizá no tan pronto como hubiéramos deseado, pero a los dos años nació Carlos Javier; luego vino Diego Esteban y hace unos meses Miguel Ángel. Tres hermanos tan vivos que dan mucho trabajo, pero aportan la alegría de los niños en la casa. Ellos no sustituyen a David, que es único y está siempre presente y hablamos de él sin problemas ni tapujos. El mayor ya sabe que tiene otro hermano más mayor que no ha conocido.

3. Tener fe, no dejar de creer. Creer que la vida es un Don. Y don significa regalo. Nadie exige nada cuando se le regala algo. El regalo sólo se puede aceptar con agradecimiento, pues muestra el amor y el aprecio de quien lo da hacia quien lo recibe. ¿Qué podemos exigir nosotros ante el regalazo de David Alejandro? ¿Qué puede exigir de más el mismo David Alejandro?
David tuvo el regalo maravilloso de vivir dieciséis días en una familia que lo rodeó de amor. Para nosotros la experiencia de la paternidad y maternidad primera fue tan brutal, que ser padre, puedo decir, que es lo mejor que me ha pasado en la vida.
El don debe recibirse agradecido. David nos enseñó a amar como padres, realmente nos cambió la vida, que ya de hecho es distinta y mejor gracias a él. David fue el mayor regalo de nuestra vida, el más hermoso. No despreciamos la vida por lo que nos pasó, todo lo contrario, la deseamos más y la valoramos más fuerte.

4. Vivir el día a día. No preocuparse por lo que pasará en el futuro con la familia y los demás niños que tenemos y no quedarse en el pasado de forma triste y enfermiza. Mantenerse ocupado. Rosa se dedicó a formarse en cursos profesionales que la mantenían fuera de casa todo el día y yo me volqué en la actividad profesional, dejando tiempos para los dos. Todos los meses acudíamos a un spa para relajarnos y disfrutar de un momento de calma.

"Cada día es una vida nueva para el hombre sabio."

Tener mucho tiempo libre te puede hacer desdichado si lo utilizas para darle vueltas a si eres feliz o no. Hay que actuar y seguir, si apuestas por la vida, la vida vuelve.

5. Cooperar con lo inevitable. Hay cosas que no tienen solución y la muerte es una de ellas. Debemos aprender a decir "adiós" a las personas que pasan y a ciertas vivencias y "hola" a las nuevas personas que conoceremos y a nuevas situaciones que viviremos, esa es la fórmula de la madurez. No se trata de resignación, sino de posibilidad de superar situaciones desagradables para alcanzar nuevos horizontes tan positivos o más como los anteriores.

Ante el viento que no puedo cambiar hay que inclinarse como el sauce y no resistir como el roble.

6. Poner un "tope" a las preocupaciones. Más allá del cual se acabó el duelo y el sufrimiento y uno se levanta para ponerse en marcha por el camino de la vida. Hoy ya no más. Un día me levanté y me dije: "hasta aquí." No me quitó el sufrimiento, pero me ayudó a continuar.

7. Que el pasado entierre a sus muertos. Aceptar la propia vida, la propia forma de ser, las piedras grandes y pequeñas del camino. Puede haber muchos reproches ante el hecho de la muerte del hijo. ¿De quién fue la culpa? ¿Quién hizo mal? ¿Qué hicimos mal? Nada, simplemente fue así. Todo lo que se pudo hacer se realizó, por nuestra parte y por la de los médicos. Mucha gente nos quiso poner en contra de los médicos y nos llegó a decir que pudo ser una negligencia médica. No. No fue así. Hacia ellos solo hay sentimientos de agradecimiento y bendición.

8. Llenar la mente de pensamientos de paz, esperanza, vida y positividad. La paz y alegría de alguien no es producto de dónde se encuentre en ese momento o de lo que tiene, sino de su actitud mental. Hay que actuar como si la alegría ya la tuviéramos y entonces la alegría viene.

Hay que ser incansablemente positivo.

9. Apoyarse en la propia experiencia de vida: Yo he sido montañero y siempre mirar a la cumbre y querer ir más lejos me ha ayudado en mi día a día y en mis problemas. Haber realizado el Camino de Santiago más de cinco veces, me ha ayudado a establecer objetivos y tirar hacia adelante sin mirar atrás, disfrutando del camino, y puesto el corazón en el final del mismo.

10. Contar lo bueno que uno tiene y que le ha ocurrido, no los males. Es más lo recibido de bien que lo soportado de mal.

11. Olvidar la propia infelicidad y volcarse en hacer felices a los demás. Ahora tenemos tres hijos sobre los que volcar nuestra acción para desarrollarles como personas y que sean felices.

La felicidad es el resultado de dar lo mejor de uno mismo por una causa noble. Y ahora estamos recibiendo mucha felicidad.

12. Orar mucho, sin desfallecer, en toda ocasión. 

InfoFamiliaLibre

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