Ana se ha enamorado

Me llenó de satisfacción tu correo electrónico. Me comentabas muchas cosas que me conmovieron. De entre las muchas me decías que habías conocido a un chico... ¡Y que te habías enamorado locamente de él!

Tú estás llamada a conquistar cada día mayores cotas de felicidad. Y ese proyecto gigante de realización sólo se hace posible en la medida en que asumas tu vida como un don y una conquista.

Tu relación con ese chico, al que tú consideras “especial”, necesita ser madurada y “rehecha” desde el conocimiento y la amistad mutua. Ahora bien, el secreto de esa relación con él, al que estás empezando a conocer, debe ser, sin duda, la aceptación por sí mismo, por el “ser” y no por el “tener”.

Seguro que el enamoramiento que profesas a ese chico, ¡no importa su nombre!, está llamado a crecer continuamente y a conquistar el amor en su totalidad desde una entrega cada día más auténtica. Por esta razón, esta relación debe ser “cocida”, como el pan en el horno, desde la confianza más integradora y la esperanza más cierta.

No olvides nunca que estás llamada a vivir la vida desde el amor y la confianza. Pero cuando ames ten conciencia de que tú misma has entrado en el dinamismo mágico que rompe el poder del egoísmo y la invasión del odio. El amor busca “amantes” para hacerlos partícipes de su fuerza y de su fuego. Y recuerda, a pesar de tus penumbras, que el amor brota del mismo Dios.

En la senda de tu vida, en ocasiones tortuosa y difícil, debes extraer de su esencia lo mejor. Seguro que te repetirás en cada minuto que tu vida sin ese chico sería anodina y monótona, vulgar y diferente, sin esperanza ni calor. Sin duda, que le repetirás en el silencio de tu corazón, sin palabras, mirándole a los ojos: “¡qué bueno es que existas!

Quiero comentarte que en tu seguimiento a Cristo debes encontrar razones para esperar, para confiar y para vivir. Desde Él has de preguntarte si estás llamada al matrimonio

Haz tuya esta oración que rezó un joven cuando conoció a la que hoy es su mujer: “Señor, si tú quieres que ésta sea mi mujer dale la capacidad de amarme a mi más que a ella misma; Señor si tú quieres que yo sea su marido dame la capacidad de amarla más que a mi mismo; Señor, si quieres que seamos esposos danos la capacidad de amarte a Ti más que a nosotros mismos y desde Ti ser un bendición para los que nos rodean”.

             Un amigo.

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