Ana pregunta sobre la belleza

Ana, me alegra bastante la atención que le tienes a Laura, tu amiga. ¡Comprendo lo mal que lo está pasando! Me has manifestado que tiene un gran complejo de inferioridad desde el accidente de tráfico que le ha desfigurado la cara y le han quedado secuelas en la pierna derecha.

Me comunicas que Laura tiene muchos valores pero que su “fealdad” le impide reconocerlos y le ha sumido en gran tristeza y dolor. Me preguntas con rebeldía manifiesta el por qué la sociedad es así, tan cruel y tan superficial.

Me agrada tu reacción ante algunos chicos y chicas de clase que han despreciado a Laura por su aspecto poco agraciado. ¡Fenomenal! ¡Qué bien que la hayas defendido!

Desgraciadamente, vivimos en un tiempo en que la apariencia y la imagen exterior de las personas parecen ser las claves que predominan sobre todas las demás dimensiones. ¡Parece que la belleza está en un buen rostro y un buen cuerpo con medidas perfectas!

Me gustaría recordarte el mensaje de la película “La Bella y la Bestia”: ¡La belleza está en el interior! ¡Qué maravilloso “universo visual” para comunicar tan magnífico mensaje! 

Mientras en la sociedad en que vivimos se nos imponen cánones corporales de impresionante factura, la película ahonda en el progresivo encuentro entre una chica de aldea, imaginativa, amante de los cuentos, y un ser tremendo y horroroso, despreciable en su aspecto pero sensible en su interior, para llegar de una manera expresa a un amor entre ambos, provocando en el gran "ligón del pueblo" una envidia manifiesta al ser rechazado por esta chica, sintiéndose tremendamente vengativo hacia aquella chica cuando debido a su aspecto todas las chicas del pueblo suspiran por él. Lo que vale como un valor en alza en las demás chicas no vale para esta chica inteligente e imaginativa, creativa y sentimental, afectiva y tierna.

Ana, en esta sociedad, tan dada a elevar a los altares el lema "tanto tienes, tanto vales" y la sentencia "la belleza está en la fuerza, en el cuerpo, en lo externo", esta película reclama una nueva lectura en las relaciones humanas y una nueva confianza para afirmar que "la verdadera esencia de las cosas es invisible a los ojos" (Saint-Exúpery), descubriendo que en el laberinto interior, anclado en las dimensiones espirituales y psicológicas de cada uno de nosotros, se encuentra la esencia misma de la autoestima.

Un amigo.

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