Ana desea ser feliz

Ana, gracias por tu respuesta tan agradecida. Me conmovieron vivamente tus palabras, que brotaban radicalmente del interior. ¡Verdaderamente sólo con el corazón se puede ver pues “lo esencial es invisible a los ojos” (Saint-Exupéry)!

Comprendo sinceramente tus deseos de ser feliz. Creo sinceramente que todos los humanos intentamos escalar esa “montaña difícil e invisible” donde poder comer el manjar exquisito de la felicidad. A decir verdad, la vida de cada hombre y cada mujer que venimos a este mundo podría resumirse en los esfuerzos para conseguir la felicidad. ¡La tuya no va a ser una excepción!

Quisiera contarte, sólo por si te sirve, ¡a veces los adolescentes miráis con recelo las experiencias de otros y comentáis que vuestra existencia es vuestra y nadie tiene derecho a reconducirla!, la historia de un conocido llamado Omar. 

Omar había decidido conseguir unas cotas razonables de felicidad y quería comprenderse a sí mismo como hombre auténtico y realizado… Había reflexionado sobre los motores existenciales de sus propias actuaciones y los impulsos más profundos de sus pensamientos, obras y palabras, la razón más auténtica de sus motivaciones y el punto de partida de su peregrinar histórico. 

Su experiencia vital le había hecho comprender que en todas sus conquistas y posesiones había algo en él que le vaticinaba su ansia de felicidad, insatisfecha después de cada posesión. 

Serenó su espíritu y supo que el punto de partida de la conducta humana es la necesidad (Maslow), pues el ser humano es tan incompleto que ansía mayores estadios de felicidad. 

Sabía que sus necesidades fisiológicas estaban cubiertas pero se sentía necesitado de personas que le proporcionaran seguridad y realidades que le hicieran sentirse seguro (una casa, dinero, un puesto de trabajo...) 

Poco después, se sintió rodeado de toda seguridad material pero reconoció que necesitaba sentirse querido, amado, aceptado e integrado en un grupo. Vislumbró que la soledad y el miedo a sentirse solo eran las verdades diarias para muchas personas de su alrededor. 

Más tarde, luchó con todas sus fuerzas para ser alguien valorado y con prestigio en su grupo y en la sociedad. Sabía que aspiraba a que los demás confiaran en él y reconocieran su valía… 

Pero en el silencio de la noche, cuando los ruidos callaban y las sombras invadían lo cotidiano, comprendió que lo que verdaderamente anhelaba era alcanzar plenitud y sentirse único e irrepetible, auténtico y plenamente desarrollado, con capacidad de amar y sentirse amado.

Deseo con todo mi corazón que las necesidades vitales de Omar te ayudan a profundizar sobre ti misma y descubrir que lo que verdaderamente anhelamos cada uno de nosotros, aunque no lo manifestemos externamente, es el sentirnos amados, ya que somos, en nuestra más auténtica esencia, “animales con capacidad de amar y ser amados”. 

Un amigo.