Ana y el aborto

Ana, ¿cómo contestarte a tu correo electrónico sin entristecerte? Ya sé que me comentas que Alicia se había enamorado de un chico. ¡Y locamente! Y me dices que sus padres no aceptaban esa relación… Se ha quedado embarazada y ha decidido abortar. ¿Cómo hacerte caer en la cuenta de que la decisión de tu amiga Alicia no es la adecuada y que atenta contra la dignidad humana y contra el valor fundamental de la persona, la vida?

Se aboga con cierta ligereza que la mujer es la dueña absoluta de su vida y que sólo a ella corresponde en conciencia si la vida del feto que lleva en sus entrañas tiene que seguir adelante o eliminarlo, sin que la sociedad misma ni el Estado tenga que pedirle responsabilidades por su decisión libre.

Algunos reclaman que una despenalización amplia del aborto con una legislación permisiva favorable crearía un marco respetuoso para la libertad de conciencia y para la convivencia pacífica de las diversas opciones personales, al tiempo que se acabaría con la discriminación producida por las legislaciones represivas, que dejan a las clases menos favorecidas en situaciones de inferioridad, y se acabaría con los abortos clandestinos, contados por miles en todos los países. Sin embargo, otros  afirman que quizá la prohibición legal del aborto sea uno de los caminos más eficaces para proteger la vida no nacida, para que no sea eliminada sin su consentimiento y se cierra la puerta a posibles amenazas contra la vida de otros colectivos como los ancianos, los deficientes mentales y personas con taras físicas.

Algunos colectivos sociales afirman la no pena de muerte partiendo del principio que nadie, ni siquiera el Estado, tiene derecho a eliminar la vida humana, aunque haya por medio asesinatos y grandes desgastes sociales, pero no hay reparo en que esa defensa no se amplíe hacia el no nacido, precisamente hoy, cuando la comunidad científica subraya que hay continuidad biológica entre el feto en las primeras semanas de vida y el niño nacido.

Ana, creo que el aborto no es la solución más razonable para la liberación de la mujer, ni un avance hacia la gestación de una sociedad más justa y solidaria, porque “la vida debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción; y desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida” (CiC, 2270). 

En definitiva, la sociedad entera debe respetar, valorar, proteger y no eliminar la vida. Con la misma contundencia que se debe rechazar el aborto, hay que rechazar otras situaciones que atentan a la vida como la guerra, la pena de muerte, el maltrato a las mujeres, la tortura, la violencia, el injusto reparto de la riqueza, el paro, la carrera de armamentos... y la misma sociedad debe tomar medidas eficaces en asuntos de política familiar, vivienda, sanidad, trabajo y educación, etc. que hagan desaparecer situaciones que llevan a muchas mujeres a la práctica del aborto.

Un amigo.

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