Recuerdos de la JMJ... testimonio de una peregrina

Hoy os contamos el testimonio de una joven vallisoletana residente en Madrid, sobre cómo ha vivido la JMJ de Panamá.

¿Podrías empezar presentándote?
Me llamo Sheila González y soy una chica de 31 años, que ha tenido la gracia de haber vivido la última Jornada Mundial de la Juventud en Panamá.

¿Era tu primera JMJ?
No, no se trataba de mi primera JMJ, sino la cuarta que hacía. Estos encuentros, desde la primera que viví en Colonia en 2005, han sido siempre acontecimientos importantes en mi vida, y por eso no me quería perder esta.

¿Con qué disposición acudiste a la JMJ?
Lo cierto es que fui a la JMJ un poco a la aventura, con un grupo de la Delegación de Juventud de Madrid que se unió al plan que había organizado la Comisión de Juventud de la Conferencia Episcopal Española. Éramos un pequeño grupo de 48 personas de diversas diócesis españolas; y yo no conocía a nadie, sólo de vista a algunos de los jóvenes de Madrid.

¿Cuál fue vuestro plan de viaje?
Como toda JMJ, las semanas previas son de peregrinación hacia la ciudad donde se realiza el encuentro. Nosotros comenzamos nuestro viaje el día 12 de enero en Costa Rica, donde tuvimos diversas actividades. Comenzamos con un retiro de preparación para toda la experiencia que vendría después. También provechamos para conocer las raíces cristianas costarricenses y ver los proyectos de ayuda a los pescadores que realiza Cáritas en este país. Además, este tiempo nos sirvió para conocernos y dar comienzo a unas amistades profundas, cimentadas en Dios.

¿Qué hicisteis después?
Nos fuimos al vecino país de Panamá, meta de nuestra peregrinación, donde nos dispusimos a vivir los días en las diócesis de David. Nos acogieron familias pertenecientes a dos parroquias distintas y la bienvenida fue impresionante, con bailes, orquesta y fuegos artificiales. Allí tuvimos la gracia de encontrarnos con una iglesia viva llena de jóvenes y con el regalo del cariño de las familias que nos acogieron como a sus hijos, dándonos lo mejor que tenían.

¿Qué hicisteis en Panamá?
Nos habían preparado distintos itinerarios: La primera jornada podríamos decir que fue “folclórica”, pues nos enseñaron sus bailes, su música y la gastronomía típica de Panamá. El segundo día fue el “día ecológico”, pues nos invitaron a cuidar la naturaleza y nuestro mundo, y pudimos contribuir a ello plantando árboles. El último día fue “diocesano”, pues todos los peregrinos distribuidos por las diferentes parroquias peregrinamos a David y tuvimos un encuentro juntos.

¿Comenzó después la JMJ, propiamente dicha?
Sí, justo después de esto, nos marchamos a Panamá capital para comenzar la esperada semana de la JMJ. Allí también fuimos acogidos en familias. Por las mañanas teníamos las catequesis con diferentes Obispos de habla hispana, que nos fueron poniendo a tono para vivir en profundidad todo lo que Dios nos tenía preparado en la Jornada. Otro de los días tuvimos un acto penitencial, y fue maravilloso ver cómo muchos jóvenes nos acercábamos a recibir la paz y el perdón de Dios. También aprovechamos estos días para acudir a la feria vocacional, y participar en las demás actividades, como el Festival de la Juventud.

Por las tardes teníamos los actos centrales de la JMJ, comenzando con la Misa de inicio, presidida por el arzobispo de Panamá, que fue el pistoletazo de salida y nos preparó para la tan deseada llegada del Papa Francisco. 

¿Qué os dijo el Papa?
Bueno, pues ya en ese acto de acogida, empezó a tocar nuestros corazones con sus palabras. Nos llamó a ser «constructores de puentes, y no de muros» a «ser maestros de la cultura del encuentro». Hizo suyas las palabras de san Óscar Romero para enseñarnos qué es el verdadero cristianismo, «que no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, o de prohibiciones. El cristianismo es una Persona que me amó tanto, que reclama y pide mi amor. El cristianismo es Cristo». También nos invitó a hacernos estas preguntas: «¿Qué nos mantiene unidos?, ¿qué nos mueve a encontrarnos?» La respuesta –nos dijo- es «la seguridad de saber que hemos sido amados con un amor entrañable que no queremos y no podemos callar, el amor de Cristo, un amor que nos desafía a responder de la misma manera: con amor».

¿Qué os dijo el Papa en el Vía Crucis?
Nos habló de la necesidad de salir de la apatía y la inmovilidad ante el sufrimiento del otro, del que muchas veces también nos contagiamos los cristianos. Levantó la voz manifestando que Cristo estaba unido al sufrimiento de sus hermanos, y se mostraba en su rostro en diversas situaciones, como el aborto, la falta de educación en niños y jóvenes, el maltrato a la mujer, la soledad de los ancianos … Al más puro estilo ignaciano, nos invitó a preguntarnos: «¿Qué voy a hacer yo ante estas situaciones en las que Cristo manifiesta su rostro en el sufrimiento de los hermanos?». Por último, nos señaló a la Virgen como el pilar de nuestra vida, con su fortaleza, y nos animó a aprender de Ella a decir «», a acompañar a nuestros hermanos en su sufrimiento.


¿Qué es lo que más te ha gustado de la JMJ?
Para mí, los actos más especiales que tienen estos encuentros son la Vigilia y la Santa Misa de Clausura. En la Vigilia escuchamos varios testimonios; todos, de una forma u otra, tocaron mi corazón, pero especialmente me impresionó el testimonio de una familia que había dicho sí a la vida, en contra de la propuesta de abortar de la sociedad, porque el bebé que esperaban venía con Síndrome de Down. Me entusiasmó ver la alegría y la valentía con la que habían aceptado traer al mundo nueva vida, una nueva hija de Dios. El Papa les agradeció «haber aceptado la vida como viene, con su fragilidad y pequeñez».

El Papa también nos recordó, una vez más, que el Señor nos primerea, nos ama primero, y que es el primero en decir «sí» en nuestras vidas. Nos mostró a María como la «influencer de  Dios», pues Ella fue capaz de decir «sí» y confiar en los planes divinos. La Virgen quiere enseñarnos a decir «sí», y que esta afirmación sea más fuerte que las dificultades o los miedos que nos paralizan. Nos mostró cómo Cristo amaba la a los enfermos, a los débiles y a los necesitados, y nos dijo que «sólo lo que se ama puede ser salvado», pues «el amor del Señor es más grande que todas nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces, pero es precisamente a través de nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces, como Él quiere escribir esta historia de amor».

Tras las palabras del Papa, fue muy especial ver cómo todos los jóvenes que estábamos en el Campo S. Juan Pablo II nos quedamos en silencio hablando con Jesús que se hacía presente ante nosotros en la Eucaristía, en una preciosa custodia en la que la Virgen nos daba de nuevo a su Hijo. 

¿Cómo fue la Misa de clausura?
Preciosa… pero, con ella, la aventura de Panamá llegaba a su fin. En su homilía, el Papa nos dijo que «no siempre creemos que Dios pueda ser tan concreto, tan cotidiano, tan cercano y tan real, y menos aún que se haga tan presente y actúe a través de alguien conocido. A veces parece que preferimos un Dios en la distancia, porque un Dios cercano y cotidiano, amigo y hermano nos pide aprender de cercanías, de cotidianeidad y sobre todo de fraternidad». En esto vemos que «Dios es real porque el amor es real, Dios es concreto porque el amor es concreto».

El Papa también nos dijo que «a la gente le gusta decir que los jóvenes son el futuro, pero no es así. Los jóvenes son el presente, son el ahora de Dios. No el mañana, sino el ahora, porque allí, ahora, donde esté nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón, y aquello que nos enamore conquistará no solo nuestra imaginación, sino que lo afectará todo. Él quiere ser nuestro tesoro, porque Jesús no es un “mientras tanto” en la vida o una moda pasajera, es amor de entrega que invita a entregarse. Es amor concreto, de hoy, cercano, real». Insistió en esta idea, diciéndonos: «El Señor y su misión no son un “mientras tanto” en nuestra vida, un algo pasajero, no son solo una Jornada Mundial de la Juventud, son nuestra vida de hoy, y el camino».

¿Qué ha supuesto esta JMJ para ti?
Sin lugar a dudas, un gran regalo por todo lo que he vivido, por las amistades, por el cariño y la acogida de las familias y comunidades panameñas; por el encuentro con tantos jóvenes que quieren seguir a Cristo como yo, en esta aventura de la fe que es la historia de amor que Cristo quiere hacer con cada uno de nosotros; por las palabras del Papa Francisco que me remueven por dentro, y van siempre a lo esencial. Y he de decir que quiero vivir el presente, como “ahora” de Dios que soy.

Por esto, por todo lo vivido, sólo tengo que decir: gracias, muchísimas gracias.

Sheila González.

 Foto de Shei

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