«No hay persona más feliz que el santo» In memoriam

Facundo Delpierre Tosetto (1973-2018) es una de esas personas que a todo el mundo le hubiera encantado conocer. Y, si hubierais tenido la gracia de hacerlo, de haberla tratado más. Tenía esa fuerza abrazadora que imprime Dios en las almas de los conversos e irradiaba Su divino fuego a todo el que tenía la dicha de encontrarse con él.

Facu –como le llamaban sus más allegados- murió de manera repentina el 11 de agosto del pasado año, y en este primer aniversario de su fallecimiento, el equipo de IFL ha conversado con su mujer, Tatiana Smon, y con algunos de sus amigos, para ofreceros una ajustada semblanza suya, ya que estamos convencidos de que era una persona que merecía la pena conocerse. También a modo de homenaje en agradecimiento por su colaboración en esta página, donde escribía en su blog "Educación, ¿y por qué no?". Sus artículos, que podréis encontrar pinchando aquí, serán en breve realojados en una sección propia de la web, para edificación de muchos.

Tatiana, ¿cuándo y cómo os conocisteis Facu y tú?
Conocí a Facundo allá por el año 1994 en Mendoza, Argentina –nuestro país natal-cuando fui a examinarme al colegio San Francisco Javier, donde él daba clases. Era un chico muy alegre, simpático, guapo; me atrevo a decir que no caía mal a nadie. Ya finalizado el ciclo escolar en el año 2000, comenzamos a salir, y tales eran los planes de Dios que nos casamos el 5 de agosto de 2006, día de la Virgen de las Nieves. Facu llevaba viviendo en España desde 2003, porque había ido a hacer un máster y, al finalizarlo, le ofrecieron quedarse a trabajar en Alicante. Así que tras la boda empezamos nuestra vida allí, ¡dos años y medio hermosos! Después llegó nuestro hijo Pedro y nos trasladamos a vivir a Madrid. En el año 2011 llegó Andrés, y más tarde Juan, en 2014.

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¿Qué es lo que más te llamó la atención de él? ¿Cómo lo definirías?
Me atrajo su simpatía…tenía una forma de ser muy alegre, siempre sonreía, bromeaba, era pintón (buen mozo)…era un conquistador en todo sentido. Lo definiría como un hombre de oración, virtuoso, honrado, justo, fraterno, magnánimo…aspiraba a cosas grandes, ¡feliz!

Su amigo Pablo Olaiz me cuenta que conoció a Facu cuando él tenía 14 años y Facu 15: «Entré en su equipo de natación del club YPF de Mendoza donde él estaba y, él me integró al grupo inmediatamente. Al poco tiempo ya éramos grandes amigos y salíamos juntos a todos lados: encuentros de jóvenes, campamentos, partidos de fútbol. Era una persona que no pasaba desapercibida tanto por su porte, como por sus facciones, pues era un buen mozo. Pero si por algo llamaba la atención era, especialmente, por su forma de ser, muy alegre y activo. En el grupo de amigos era el que más bromas hacía, siempre era muy ocurrente».

Su amigoDiego Nieto tuvo la gracia de conocer a Facundo y mantener con él una profunda e ininterrumpida amistad durante 27 años. «Compartimos durante nuestra adolescencia y juventud innumerables salidas a la montaña, vacaciones, retiros, campamentos, reuniones con amigos, apostolados, charlas y silencios: esos momentos en los que no hace falta expresar palabras para mantener una comunicación y comunión con el otro. Nuestra primera salida la hicimos a la montaña, en donde él era uno de los “mayores” (tenía cinco años más que yo), y estaba encargado de un grupo de 15 jóvenes adolescentes. Recuerdo vivamente que cuando llegamos a la cima del cerro, contemplamos la belleza del paisaje que se desplegaba frente nosotros y reconocí en ella la hermosura de la creación de Dios. Así conocí a Facundo».

En una entrevista Cambio de agujas ofrecida a HM Televisión en 2013, el propio Facundo explica que era un chico muy deportista – su amigo Pablo Olaiz me corroborará después que fue un gran nadador, sobre todo en el estilo pecho (una gran paradoja, pues falleció mientras nadaba), el mejor de Mendoza en categoría juvenil y muy destacado a nivel nacional. Como él mismo reconocía, esta afición al deporte le preservó del ambiente del mundo. Pero algo hizo clic dentro de él, y pasó de ser un chico sano deportista, a ser un verdadero apóstol de Cristo.

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Tatiana, ¿cómo fue la conversión de tu marido, qué contaba acerca de ella?
Yo por entonces aún no le conocía, pero me contó que fue gracias a un retiro de conversión que hizo con un gran amigo suyo a los 16 años. En él Dios le tocó verdaderamente el corazón y desde entonces nunca más se apartó de su lado y perseveró siempre… Era un enamorado del Señor, se empeñó en darlo a conocer, al que se encontraba por el camino, algo le decía, ¡siempre! Y lo hacía convencido, sin vergüenza. Era un apóstol valiente.

Este gran amigo es Pablo, que añade: «Al año de habernos conocido, nos invitaron a participar de un retiro espiritual que se hizo en la ciudad de Mendoza, en una zona montañosa cercana a la localidad de Potrerillos. Para ambos fue un momento “crucial” de nuestras vidas: ¡conocimos a Cristo! o mejor dicho, nos reencontramos con Él de una manera muy especial. Desde la salida de ese retiro empezamos una “nueva vida”. Ambos comenzamos a frecuentar los sacramentos con mayor asiduidad, a concurrir a un grupo de laicos católicos donde recibíamos formación religiosa, nos hicimos amigos de muchos sacerdotes, e, incluso, compartimos el mismo director espiritual, el padre Ricardo Coll, que actualmente reside en México».

Como el mismo Facu contaba en su Cambio de agujas, en ese retiro se encontró con el Gran Maquinista de su vida y recibió la gracia de tener una conciencia clara de la presencia de la Santísima Trinidad dentro de él, viva, que le iba haciendo mejor con su gracia. Ahí es donde conoce al Señor y comienza su deseo de darlo a conocer, contagiarlo a otros, con un celo apostólico que apenas podía contener en el autobús que le llevaba de vuelta a casa : «El verdadero ardor apostólico no se queda con lo hermoso que ha detectado. Quiere buscar el bien del otro queriendo contagiar el bien tan hermoso que ha encontrado»- decía Facu. Pablo apostilla: «Facundo tenía un celo apostólico notable, un fuego interior que le quemaba. Quería compartir con todos a su alrededor el Gran Tesoro que había descubierto en ese retiro espiritual. Muchos no lo comprendían, otros se burlaban, algunos lo ignoraban, pero él seguía adelante con su idea de ganar almas para Cristo. Al menos una vez por año volvía a participar como asistente en algún retiro. Consideraba esto como algo muy importante para su alma. También era organizador, junto al grupo de laicos antes mencionado, de los Retiros Espirituales de Conversión, a los que se invitaba sobre todo a jóvenes para que conocieran a Nuestro Señor. ¡No paraba de invitar a amigos y conocidos para que asistieran!».

Tati, ¿cómo concebía Facu la vida, qué sentido tenía para él?
Tenía claro que la vida era un don de Dios que había que cuidar y cultivar con la Eucaristía, la oración y la práctica de las buenas obras. Siempre estaba formándose, leyendo buenos libros, aprendiendo, venciéndose a sí mismo silenciosamente. Sabía muy bien que esta vida es un puente, una vía que nos conduce a la eternidad.

Sobre esto, Diego añade: «Facundo tenía una manera no fingida de ver los acontecimientos bajo una mirada de fe viva. Recuerdo que en un viaje, al ver a una mujer con un hemangioma en la cara pasando frente a nosotros, el comentario que hizo fue: “Qué bueno tener esa prueba que Dios le mandó a esa mujer”, valorando claramente el sufrimiento como un camino de redención. En otra salida, habiendo tenido que ir a un hospital en plenas vacaciones, su reflexión espontánea fue: “¡Qué gracia que hayamos tenido que venir al hospital, para encontrarnos con tantos enfermos, que nos hacen volver a la realidad del sufrimiento de la cual uno a veces se olvida!”».

Después de empezar a andar en este camino de conversión, Facu se dedica a formarse, consciente de que el verdadero apóstol tiene que estar fundamentado en la verdadera doctrina: De este modo, lee con verdadera hambre de Dios a Royo Marín, el Catecismo de la Iglesia Católica…: «Si uno es herramienta de la Verdad, cuanto más cerca esté del Magisterio, más eficaz será su trabajo»- dirá. Su amigo Pablo me explica a respecto de esto: «Luego de terminar el colegio secundario, comenzó a estudiar en la Universidad Marcelino Champagnat de Mendoza la Licenciatura en Comercio Exterior. En forma paralela a esto fue estudiando temas de Religión, Moral, Filosofía, tomándose muy en serio este tipo de formación. Fue un asiduo lector, devoraba los libros de contenido religioso».Y Diego afirma:«Puedo decir que Facundo siempre trató de ser fiel a la Verdad donde quiera que esta se hallara, y tuvo la lucidez de nutrirse de los doctores y santos de la Iglesia sin atarse a una escuela o carisma, tomando de sus vidas y enseñanzas aquello que mejor le ayudara a vivir cristianamente. Gustó del espíritu ignaciano a través de los ejercicios espirituales, recorrió el pensamiento tomista en su formación intelectual, cultivó la ascesis al estilo benedictino, y compartió el sentir carmelita por su cercanía con la orden en la cual es profesa su hermana querida, María Magdalena». Por aquel entonces conforma también el grupo Amigos de la Cruz, basado en la espiritualidad de san Luis María Gringnion de Montfort explicada en la preciosa Carta de los amigos de la cruz. Ese grupo de jóvenes, según me comenta Tati, aún continúa reuniéndose.

Puede decirse que era un docente vocacional pues ya en su juventud, impartiendo clases de formación Integral Humana a alumnos de Primaria y Secundaria en Mendoza, tomó conciencia de que una de las acciones más directas a realizar sobre la juventud era la educación. Así, fue un profesor que se abrió al corazón de sus alumnos, consciente de que «cada alma vale el universo». Su amigo Pablo apunta:«En el colegio San Francisco Javier donde comenzó a dar clases es donde considero que descubrió su pasión por el tema educativo. La relación que tenía con sus alumnos era muy especial, sabía muy bien que estaba tratando con almas sedientas de Dios y que a él le correspondía acercarlos a la Fuente de agua viva. La relación que entablaba con sus alumnos era muy profunda. Era un profesor distinto a los demás, un alma sensible y atenta a las necesidades de los otros».

Por todo esto, no es de extrañar que Facu se convirtiera en un experto en Educación. Así, tras realizar en España un Máster en liderazgo estratégico para profesionales, ejerció la dirección de los colegios Jesús-María CEU de Alicante, San Pablo CEU Montepríncipe en Madrid y la subdirección de Sanchinarro, y fue profesor en la Universidad Francisco de Vitoria. Como detalle de lo importante que era para él la oración, contaremos que el de Sanchinarro era un colegio de nueva fundación, por lo que Facu redactó una carta que envió a más de 400 institutos religiosos de toda España para poner en oración los frutos del futuro colegio. En esa época también se puso a estudiar con gran esfuerzo y voluntad férrea, y en 2016 defendió su tesis doctoral “Andrés Manjón y la educación en virtudes” en la Universidad Francisco de Vitoria. Fueron años de sacrificios personales y familiares, de gran dedicación, constancia y ahínco.

Como cuenta Tati, «para él la educación era clave para formar hombres y mujeres de bien, esto es, cumplir los fines esenciales del hombre, que son conocer la verdad y hacer el bien, pensar y querer, sentir y obrar con rectitud. Tenía la necesidad de predicar a Cristo, de conquistar almas, estaba profundamente enamorado de Él. Se apasionó en educar en valores y virtudes, (Virtudes y valores fue –precisamente- el último artículo que escribió en su blog), ejercitar mucho la voluntad para poder obrar el bien». En su Cambio de agujas reconocía que «rezaba por cada uno de sus alumnos con nombre y apellidos, con deseo de que Cristo actúe en ellos». «Su vida era el apostolado hacia los jóvenes y niños con quiénes hacía buenas migas con facilidad, tenía el don de gentes, con su forma de ser tan agradable y empática ganaba almas para el Señor»- añade Tati.

Con sus alumnos realizó un montón de actividades que no quedaron en un mero barniz emocional, sino que cooperaron a que la gracia de Dios operara en sus corazones, con una formación sólida que constituyera la base de lo que profesarían después. A propósito de esto, Pablo me cuenta: «Además de las clases curriculares, fue uno de los impulsores en su colegio de Argentina de las actividades extra curriculares. Especialmente destacaría el montañismo, las acampadas y los viajes culturales. Estos últimos consistían en enseñar a los alumnos, en forma previa a la realización del viaje, los aspectos geográficos, históricos, culturales y religiosos de los sitios que iban a visitar.  De esta forma, los alumnos apreciaban de una manera muy distinta los lugares que visitaban. Además, siempre iba en el viaje un sacerdote, pues la asistencia espiritual para los alumnos era un tema de fundamental importancia en la programación de las salidas escolares.  En todo esto, Facundo ponía una gran pasión y generosidad. Tengo recuerdos inolvidables de muchos momentos compartidos con él en toda esta etapa. La pasión por la educación fue creciendo año a año. Encontró en esto su verdadera vocación y puso todos sus esfuerzos en ello».

Procuró también la fe en sus compañeros de trabajo, porque entendía que esta debía ser la virtud que rociara todo el ambiente, sabedor del bien que producía en sus alumnos. Pensaba que un profesor debía ser un apóstol siempre alegre, con la estabilidad emocional que nos enseñan los santos, y un espíritu de entrega constante. En la citada entrevista señalaba que «las bases de un colegio católico debían ser, en primer lugar, la excelencia académica, que consiste en sacar lo mejor de cada uno de los alumnos; y en segundo lugar, un espíritu apostólico que nace del que se sabe en deuda de amor. El profesor primero debe procurar su propia santidad, con un hambre que contagie a sus alumnos».

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Tati, ¿qué crees que fue lo que enamoró a Facundo de Dios?
Sabía muy bien quién es Dios, le “conocía”, sabía que la amistad se cultiva y lo hacía cada día en la Eucaristía, era lo primero en su vida, lo buscaba, leía y amaba, todo lo demás se acomodaba en orden a ello. Puedo decir que tuvo una gracia muy especial del Cielo. Quería consolar un poco el corazón herido del Señor, lo mimaba constantemente.

¿Qué era para él la santidad y cómo trataba de vivirla?
La santidad para Facu era dejarse transformar por el Señor que dio la vida por nosotros, crecer día a día en amor a Él, vencerse, perseverar. Tenía una voluntad admirable, era muy madrugador, comenzaba el día con el Evangelio y rezando la Liturgia de las Horas. Le encantaba leer y preparaba con dedicación y entusiasmo las clases para sus alumnos. También trabajaba en la casa de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey de Pozuelo, donde hay una capilla en cada rincón con el Señor esperándole en el sagrario, y allí iba él a visitarle cada día. Cuando hace unos años se quedó en paro, en el convento de carmelitas de la Aldehuela le encomendó a la Madre Maravillas encontrar un trabajo cerquita del Señor, y mira si le escuchó. Era un alma orante y sencilla.

¿Qué hacíais en la casa de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey?
Facu se tomó el apostolado muy en serio, era para él un verdadero compromiso donde se jugaban almas, no tenía vergüenza de practicar su fe, siempre hablaba de Dios y quería contagiarlo a todos. Hacía trabajos administrativos y labores varias.  En esta casa inició un grupo de oración con su gran amigo Gabi García. Nos reuníamos los sábados a rezar el Rosario con las familias, luego los adultos teníamos nuestra formación y los niños jugaban o veían alguna peli instructiva. Después terminábamos con la celebración de la Eucaristía. Tras mi vuelta a Argentina, sé que Gabi y su esposa Elena han seguido perseverando con el grupo, a mayor gloria de Dios.

Es el mismo Gabi el que me cuenta: «Facundo descubrió el Amor de Dios y se dejó arrastrar por él sin ningún reparo. Entendió que cuando Dios te llama no hay lugar para las reservas. Se lanzó a pecho descubierto a abrazar la voluntad de ese Dios que tanto le amaba. Se lanzó ladera abajo llevando consigo a su familia y a todos aquellos que estábamos lo suficientemente cerca. Encontró en Tati la perfecta compañía para ese viaje. No entendía de medias tintas, sabía que en el camino de la santidad los tibios no tienen cabida. No se puede ser tibio cuando, como era su caso, ardía por dentro del fuego que todo lo abrasa. Ese fuego le hizo apóstol del Evangelio, no podía dejar pasar la ocasión de hablar de Dios con todos y en cualquier circunstancia. Los chavales siempre estuvieron en su punto de mira, se deshacía por hacerles llegar a Cristo, por mostrarles a aquel que había dado un sentido total a su vida. Sabía que sólo Cristo tiene palabras de Vida y que ellos están sedientos de ellas».

El matrimonio formado por Nieves Pascual y Carlos Coroas, amigos de Madrid de Faundo, añaden: «Con el entusiasmo de llevar el anuncio de Jesucristo a todo el mundo creó un grupo de familias en la Casa Cristo Rey. Empezamos siendo tres familias que poco a poco se fueron convirtiendo en muchas más. Hoy en día seguimos con ese grupo tal cual lo pensó Facu».

¿Cómo era Facundo como marido?
Mi gran compañero, la cabeza del hogar. Desde el día de la boda, nuestro compromiso con el Señor era verdadero y crecía gracias a su perseverancia y empuje, y así se lo mostraba a los niños, con su vida, su ser y obrar. Fue un esposo alegre, noble, paciente, respetuoso, templado, bondadoso, fiel, responsable… ¡único! Y desde el Cielo nos sigue alentando y guiando… ¡el mejor!

¿Y como padre, qué idea tenía de la paternidad? ¿y de la familia cristiana? ¿Cómo vivíais vuestra fe en casa?
Disfrutaba mucho con los niños, era un padre ejemplar, lo digo sinceramente, se preocupaba y ocupaba de ellos. En cierta manera, al estar solos (lejos de la familia y de la patria), estábamos muy unidos entre nosotros: Facu, los niños y yo siempre juntos. Les inculcaba la alegría de vivir, de amar. Era un padre recto, firme y dulce. En varias ocasiones me confesó que había ofrecido a los niños a Dios para que fueran santos sacerdotes. Veremos a ver cuáles son Sus designios…

Vivía la fe de manera auténtica, su espiritualidad era seria y madura, y en casa rezábamos juntos. Por la mañana, a la hora de bendecir los alimentos, antes de acostarnos. También íbamos entre semana a Misa en bicicleta para hacerles a los niños la ida con un plus. Claro que a veces no se podía, pero iban contentos, era para ellos algo habitual. Pedro y Andrés eran monaguillos fijos del P. Julio y el P. Santiago, quienes al terminar la Misa les daban chuches o pan de ángel, ¡y tan contentos! Pedro hizo la catequesis en casa y sus hermanos pequeños siempre alrededor escuchando.

El Rosario en familia une mucho. En cada rincón de casa había un cuadro, una imagen, una cruz. Y los sábados por la noche los reservábamos para ver películas. La que vieron hasta el cansancio fue la vida de san José de Cupertino, en blanco y negro, ¡les encantaba verlo volar!

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Cuentanos algunas anécdotas…
Facu era tan auténtico que en noviembre pegó en la puerta de casa un cartel que ponía: “Aquí no celebramos Halloween. Si quieres chuches ven a buscarlas para el día de todos los Santos…” y luego estábamos en boca de los vecinos de la urba…

Un día llega a casa y me dice: “Esta tarde vamos al cumple de Niní”, la hija de la vecina de arriba; eran de China y no llevaban mucho tiempo en el piso. “¿Y qué le regalamos?”, comento yo. Me dice Facu: “Una Virgencita…” Teníamos una pequeñita en casa; yo me quedé pensando, casi ni sabíamos quiénes eran…y chinos, no me pegaba mucho… pero bueno, a las 5 de la tarde subimos y éramos los únicos invitados. Chie, la mamá de Niní, casi no hablaba español, el padre no estaba en casa… ¡madre mía!  Después de haber compartido una merienda de pocas palabras (porque no nos entendíamos mucho, prácticamente nada) bajamos a casa y me cuenta que esa misma mañana cuando bajaban por el ascensor para ir cole se puso a conversar como pudo con ellas y como era el cumpleaños de la niña se autoinvitó y les dijo que subiríamos a merendar para celebrarlo…y me dice: “los veía tan solos…la Virgen hará lo suyo”.

Tengo muchas historias por contar…Y así era él…siempre evangelizando.

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Fernando Angelini y Numilén Joost-Newbery son un matrimonio argentino residente en Madrid, que eran grandes amigos de Tati y Facu, y me explican: «Que te podemos decir de él, amante del Señor y la Virgen María. Y este amor se reflejaba en su obrar diario. La formación de sus hijos, junto a Tati, era educarlos en la Verdad. Y a pensar de lo que el mundo ofrece, era muy firme para que sus hijos conocieran esa Verdad. En Halloween ponía en la puerta de la casa un cartel que decía algo así como “Nosotros solo festejamos y creemos en el Dios de la vida”, y esos días sus hijos no iban al colegio para que no fueran partícipes de esa celebración. Un ejemplo de padre, una referencia como familia, siempre tenía un buen y santo consejo para todos».

El propio Facundo explicaba así el secreto en la educación de los hijos:«El ejemplo es lo esencial en la educación de los niños. No dejamos pasar una. Esa constancia en estos pequeños gestos va marcándoles la vida: enseñar a rezar, persignarse, detalles que son un mundo de riquezas para sus almas. Es importante también tener el auxilio de sus ángeles de la guarda».

Tati continúa explicándome:«En abril nos enteramos de que venía en camino ¡otro hijo! Cuando tocaba la ecografía del primer trimestre nos informaron que había una anomalía en el bebé, fue allí donde Facu me apoyó y acompañó con gran ternura, ya que los médicos me ofrecieron el descarte. Fue terrible, nos tocó experimentar de cerca la cultura de la muerte en el mundo en el que vivimos. Seguimos adelante, sabiendo que aceptaríamos la voluntad de Dios sin más. Cursaba el quinto mes de embarazo cuando Facu falleció. Nuestra preciosa, amada y deseada María José nació el 28 de diciembre de 2018, día de los Santos Inocentes, y tiene Síndrome de Down. Con tanto chico ya era hora de que llegara la niña…y nos tocó la mejor, ¡bendito sea Dios!».

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Después de hacer el retiro que le cambió la vida, Facu aplicó el mismo celo apostólico en su familia, y le pidió a su hermana Daniela que acudiera a un retiro como el que él había hecho. Allí le tocó la gracia de Dios y le ayudó a descubrir su vocación de carmelita descalza. Años después adoptaría el nombre de María Magdalena al entrar en el convento. El día que el director espiritual que compartían, le comunicó que su hermana iba a ingresar como monja de clausura, Facu llegó conmovido a casa, se fue a su habitación y le besó la frente mientras dormía. Lloró por el regalo que Dios les daba. Cuando su hermana entró en el convento, aunque hubo algunas dificultades iniciales en la familia, y con el correr del tiempo, sus padres veían a su hija cada vez más feliz, acabaron aceptando su vocación: «Se dieron cuenta de que estaba “encerrada” y era feliz».

«Con su hermana, la Hna María Magdalena se entendía muy bien – me confirma Tatiana. Su partida fue algo duro y difícil en su hogar, pero Facu desde el primer momento la apoyó y acompañó. Ella está en el convento San Bernardo en Salta, al norte de Argentina.

La relación con sus padres y hermanos era muy buena. Aunque estábamos lejos siempre se preocupó por su familia. Vivió y manifestó entre los suyos su manera de ser, pensar, obrar y decir…

Diego, que conoce a su familia, me cuenta: «Facundo tenía un amor especialmente dilecto por su familia. Respetaba y amaba con un entrañable cariño a su papá y a su mamá, y su afecto era incondicional para con sus hermanos. De sus padres heredó el buen humor, la jovialidad, la generosidad, la honestidad y la caridad cristiana. Ellos tuvieron siempre la casa abierta para recibir a la inmensa cantidad de amigos que acompañaban a Facundo en sus andanzas».

(Próximamente se publicará la segunda parte de esta entrevista).

InfoFamiliaLibre

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