Jueves, 19 Mayo 2016 00:00

Hombre rico, Hombre pobre - Audiencia del Papa 18-05-2016

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Este miércoles el Santo Padre nos habla sobre la forma de vivir del hombre rico y el hombre pobre. Para ello, nos cuenta la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro.

Había una distancia muy grande entre ambos pues uno vivía una vida de lujo y derroche, en cambio el otro, vivía en la más absoluta indigencia. El problema fue que el hombre rico, aun siendo llamado constantemente a la conversión, no ayudó al prójimo.

Cuando los dos mueren y Lázaro va al cielo, el rico fue condenado al infierno. No por sus riquezas, sino por no haber puesto parte de sus riquezas a disposición de los pobres y haberse compadecido de ellos. El hombre rico, en su desgracia, pidió ayuda a Abrahán, con quien estaba Lázaro. Pero por desgracia esa ayuda no pudo ser dada porque la pequeña distancia que había entre ellos en la tierra se hizo un gran abismo en el cielo.

Dios nos recuerda siempre que seamos misericordiosos, como Él lo es con nosotros, y no seamos indiferentes a las penurias del prójimo. Cuando nos falta misericordia con el prójimo, nuestro corazón se endurece y hace que sea más difícil que Dios entre en nosotros. Dios quiere que lo amemos a través de las personas que nos ha puesto en nuestro camino.  

A continuación, el resumen de la audiencia del Papa. Para leer la versión completa pincha aquí.

"Queridos hermanos y hermanas:

La parábola del rico epulón y del pobre Lázaro presenta dos modos de vivir que se contraponen. El rico disfruta de una vida de lujo y derroche; en cambio, Lázaro está a su puerta en la más absoluta indigencia, y es una llamada constante a la conversión del opulento, que este no acoge.

La situación se invirtió para ambos después de la muerte. El rico fue condenado a los tormentos del infierno, no por sus riquezas, sino por no compadecerse del pobre. En su desgracia, pidió ayuda a Abrahán, con quien estaba Lázaro. Pero su petición no pudo ser acogida, porque la puerta que separaba al rico del pobre en esta vida se había transformado después de la muerte en un gran abismo.

Esta parábola nos enseña que la misericordia de Dios con nosotros está estrechamente unida a nuestra misericordia con el prójimo; cuando falta nuestra misericordia con los demás, la de Dios no puede entrar en nuestro corazón cerrado. Dios quiere que lo amemos a través de aquellos que encontramos en nuestro camino."

 

Soy madrileño pero llevo 13 años viviendo en Cardiff (Gales). Me casé el año pasado y somos papás de una niña. Trabajo en el departamento financiero de un hospital y estamos como locos por volvernos a España.