Domingo, 18 Agosto 2019 00:00

«No hay persona más feliz que el santo» In memoriam PARTE II

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Continuamos hoy con la entrevista que iniciamos la semana pasada acerca de Facundo Delpierre, fallecido el pasado año, y que desde IFL queremos homenajear en el primer aniversario de su partida a la Casa del Padre. (Si quieres leer la primera parte de la entrevista a su mujer y a varias de sus amistades, pincha aqui).

Facundo, el amigo.

Nos cuenta Tatiana Smog, su esposa: «Mi marido tenía muchos y  buenos amigos, algunos sacerdotes, que venían a casa con frecuencia. A demás en Cristo Rey compartíamos con los hermanos y la comunidad, estábamos allí día sí día no rodeados de santas amistades»

Numilen, lo describe como: « Una persona incansable, nunca lo ibas a escuchar hablar mal de alguien ni de una situación. Y trataba de que todos cada vez estuviéramos más cerca del Señor».

Su amigo Pablo me cuenta divertido que en la vida de Facundo, a parte de su actividad como docente, también tubo espacio para otras cosas: «Como amigo de Facundo, para mí resulta un gran honor poder contarle algo acerca de él. Con algunos integrantes del equipo de natación, conformamos un grupo de rock que se llamó “Logística X”. Facundo tocaba el bajo y compuso un par de canciones. La verdad es que no éramos muy buenos tocando, pero nos divertíamos mucho en los ensayos».

Otro amigo suyo, Diego añade: «Facundo era un amigo que “importunaba” recordándonos lo necesario que son los sacramentos, la relación personal con nuestro Señor, y la devoción a su Madre. Puedo decir que él era como el amigo inoportuno de la parábola, pero doblemente inoportuno, porque no se cansaba de pedirle a Dios por la conversión de sus amigos, y no se cansaba de invitar y pedirle a sus amigos que se acercaran a Dios. Tal era su afán de poner a Cristo  como centro de su vida, que en una de nuestras charlas me aseguró que si conocía una chica adecuada para ponerse de novio, le iba a dejar muy claro que él, antes que nada, quería ser santo. Su premisa era que la fe debía ser la base de su amor, y la santidad la meta de sus vidas. Y debo decir también que él me acompañó, aconsejó, e insistió para que me pusiera de novio con quien resultó ser, como él entreviera alguna vez, la mujer de mi vida, con quien finalmente me casé y hoy es mi amada esposa y madre de nuestros 5 hijos. Es destacable el hecho de que nuestra amistad creció también durante nuestros noviazgos y nuestras vidas de casados, ya que ambas familias intentamos seguir a la Familia de Nazareth como modelo. Fue así que nuestra amistad se hizo más grande, al ampliarse hacia nuestras esposas e hijos».

Cuando le pregunto por su amistad con el matrimonio Delpierre, Nieves y Carlos me dicen: «Ser amigos de Facundo y Tati, su esposa, ha sido conocer y querer a dos grandísimas personas. Facundo, de carácter aparentemente serio, pero con un gran sentido del humor, discreto, humilde, luchador incansable por el anuncio del Evangelio y enamorado de la Virgen. Siempre apostaron por el Señor, tanto él como Tati sabían y tenían la certeza  firme que el Señor siempre va por delante». Diego apostilla: «Solía ser muy ocurrente a la hora de aprovechar el tiempo. Hace unos pocos años, durante una de sus visitas a Mendoza, me convenció de recorrer 3.200 kilómetros en los cuatro días entre Navidad y Año Nuevo, para ir a Salta a visitar a su hermana María Magdalena. Debo reconocer que esta idea, que me pareció en un primer momento alocada, resultó ser una inolvidable experiencia. El viaje con nuestros niños mayores y la estadía en el convento compartiendo rezos, Misas y conversaciones con la hermana religiosa, sobrepasó con creces el esfuerzo.
En suma, durante nuestros 27 años de amistad recorrimos juntos varios miles de kilómetros, incluidos los de una peregrinación a Europa junto a 23 jóvenes amigos con ocasión del Jubileo del año 2000. Quizás la salida más significativa fue la última, el 25 de julio de 2018, fiesta de Santiago apóstol. Me llamó a la mañana, alrededor de las 9, para ir nosotros dos con nuestros respectivos hijos al río y regresar antes del mediodía. Resultó ser una salida maravillosa aunque alejada de la oportunidad de charla profunda  que esperábamos; consistió más bien en cuidar a nuestros niños que se divertían tirando piedras al río, subiendo a un mangrullo, corriendo peligrosamente cerca de la orilla, etc. No hubo ningún momento para hablar de temas importantes o tener un poco de sosiego pero, concluimos los dos, que lo importante fue dedicarnos con gozo a eso que debíamos hacer: ni más ni menos que lo que Dios nos pedía en aquel momento.
Me consta que a lo largo de su vida Facundo supo aprovechar las experiencias que le brindaron sus numerosos viajes. Solía decir: “Viajar te abre la cabeza”. Él, en especial, había aprendido que todos los habitantes del mundo estamos llamados a la redención. Tenía siempre presente que su prójimo era nada más y nada menos que aquel que se cruzaba en su camino, destinatario tanto como él de la entrega de nuestro Señor en la cruz».

En la adversidad la fe de Facu no se tambaleó. Nieves me explica: «Pudimos vivir con ellos una etapa difícil. Facu estuvo en el paro durante un tiempo prolongado. Aquel acontecimiento no supuso ningún drama, jamás hubo ninguna queja, ningún reproche, aunque era el único sueldo que entraba en casa. Sabían que el Señor saldría garante y tanto es así que, en aquel tiempo, Tati se quedó embarazada de su tercer hijo. Fue un auténtico testimonio de lo que significa apostar por el Señor y confiar en su providencia».

Sus amigos Mónica Fernández y Quino me lo confirman: «Cuando le despidieron no salía nada malo acerca de ellos. Solo decían: “Dios sabrá”. No había forma de encresparle ni que se quejara. Su humildad era algo también destacable porque en aquella época le hacían la compra y lo recibía bien, con inmenso agradecimiento».

La propia Tati me cuenta: «Cuando lo despidieron estuvo dolido, muy dolido y yo enfadada con la situación y algunas personas. Sin embargo, él no guardaba rencor alguno y rezaba por todos aquellos; me admiraba de la grandeza de su corazón. Perdonó siempre, buscó el bien al prójimo y aceptó los planes que el Señor tenía. En los últimos tiempos sé que sufrió la soledad en silencio, con la serenidad que lo caracterizaba. A mí me tranquilizaba para que no sufriese. Puedo afirmar que estaba preparado y en gracia para el salto a la Patria Celestial».

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¿Cómo murió? ¿Estaba enfermo? ¿Hablaba alguna vez de la muerte?
Hacía una semana habíamos regresado a nuestra casa de Madrid después de haber estado un mes en Mendoza. Habíamos ido porque a mi suegro le diagnosticaron cáncer de pulmón y el viaje lo hicimos sabiendo que quizá era la despedida…Y así resultó ser, pero el que partió a la casa del Padre fue Facu, debido a un infarto agudo de miocardio que sufrió el sábado 11 de agosto de 2018, festividad de Santa Clara, a las 15h. (hora de la Misericordia); así me informaron en el hospital y lo testifica la autopsia que le practicaron.

En el año 2000 le habían puesto un marcapasos. Su corazón padecía un bloqueo trifásico (enfermedad de Lcue y Lenegre). De novios me manifestó que su corazón estaba enfermo pero, años más tarde, tuvo una infección externa y hacía tiempo que su corazón funcionaba solo por lo que decidió quitárselo. No hablaba de su enfermedad, para esto era más bien reservado.

De la muerte en sí no hablamos, pero sí de que haría él si quedaba viudo; con ilusión me manifestaba que le gustaría consagrarse a la vida religiosa y dedicar su tiempo a Dios. En dos ocasiones también me dijo que se imaginaba el abrazo eterno con Cristo, y que así lo deseaba. Yo me enfadaba, pues teníamos a los niños y me parecía un tanto egoísta de su parte dejarnos...y mira cómo ha sido la historia…

Su amiga Nieves reconoce con mucha visión de Dios: «Facu se fue a la casa del Padre una mañana del 11 de agosto cuando todos sus amigos estábamos haciendo nuestras vidas. Como no podía ser de otra manera, se fue, como siempre, dándonos una catequesis. Pero esta vez fue una catequesis muy difícil de asimilar. Facu aquella mañana tambaleó nuestras vidas, nos hizo ver lo que tantas veces hemos escuchado, que el Señor nos puede llamar en cualquier momento y tenemos que estar preparados porque no sabemos ni la hora ni el lugar. Despidiendo a Facu en el tanatorio y en su funeral fuimos testigos de todo lo que había conseguido. Había crecido tanto en el amor…Un hombre que llegó solo con su esposa desde Argentina no hace muchos años y ahora éramos cientos las personas que le despedíamos. Pero no era, en realidad, una despedida de Facu: nosotros sabemos que volveremos a encontrarnos, así que, ¡hasta que Dios quiera!»

Y Diego me dice: «Si os he contado algunos de los momentos que he vivido con Facundo, es para dar cuenta, a grandes trazos, de cómo fue y de lo que Dios ha hecho en mi vida, y en la de muchos otros, a través de él. Dios obra con los hombres, sin los hombres o a pesar de los hombres; en el caso de Facundo, estoy convencido de que fue con su completa colaboración. Debo confesar que si bien, cuando me enteré de su muerte sentí estupefacción y tristeza porque era difícil de creer la noticia de la partida de un verdadero hermano, luego, con el correr del tiempo, me invadió una profunda alegría al darme cuenta de que Facundo había partido ya a la casa del Padre. Y es que era tan típico de Facundo el estar rompiendo constantemente esquemas propios y ajenos, que sonreí al pensar que también en esta ocasión, fiel a su estilo, nos primereó. Como botón de nuestra de qué es lo que movía su obrar, puedo mencionar que en una visita mía a Madrid, cuando me llevaba de regreso al aeropuerto, me pidió salir un rato antes para pasar por un lugar sin decirme cuál. Grata fue mi sorpresa cuando visitamos el convento del Sagrado Corazón de Jesús y San José de La Aldehuela, donde está el sepulcro de Santa Maravillas de Jesús, carmelita que vivió acorde al lema "Lo que Dios quiera, cuando Dios quiera y como Dios quiera". Esta frase resonó en mi corazón durante todo mi viaje de vuelta, y aun todavía lo hace.
Puedo decirte que Facundo vivía plenamente, con intensidad, y trataba de no desaprovechar nada de lo que Dios le regalaba cada día. Supimos disfrutar el contemplar la montaña nevada, sentados a la orilla del río, sintiendo el aire fresco de varios grados bajo cero en nuestras caras, así como también al jugar en una tórrida jornada de verano,  divirtiéndonos como niños al tirarnos de lo alto de los médanos como si fueran laderas cubiertas de nieve.
Él no se preguntaba hasta cuándo estaría en este mundo, sino que trataba de hacer lo que Dios le pedía, en cada momento, cada día, y por eso no es extraño que Dios lo haya llamado a su presencia en medio de sus actividades diarias, nadando. Eso me recuerda la anécdota que me mencionó un querido amigo en común, acerca de santo Domingo Savio. Cierto día, cuando Don Bosco le preguntó mientras jugaba qué haría si en ese momento llegaba el fin del mundo, el pequeño le contestó con candidez: “Seguiría jugando”. Estoy seguro de que si a Facundo le hubieran hecho esta pregunta, él hubiera respondido “seguiría nadando”. Porque cuando uno no tiene deudas pendientes con Dios, y cuando confía en que Dios es un Padre amoroso y providente, no teme, porque en el amor no hay temor (1 Jn, 4, 18)».

Tati, tras la muerte de tu marido os habéis vuelto a Argentina. ¿Cómo estáis ahora?
La verdad es que, al llegar a Mendoza, los primeros meses fueron muy difíciles para todos. La pérdida repentina de Facu, el no poder verle más… La partida brusca de nuestro hogar, dejándolo todo, grandes y queridos amigos, colegio, rutina...llevando consigo lo que entraba en la maleta y poco más. Los niños lloraron mucho, las noches eran duras, llamaban a su padre con gran desconsuelo; uno de ellos hasta llegó a decirme que Dios era malo… Con todo el amor y de la manera más sencilla posible le expliqué que los planes de Dios se dan así porque nos quiere a todos juntos en el Cielo y que algún día lo comprenderíamos y estaríamos todos juntos nuevamente. Una amiga de la parroquia de Boadilla lo explicó muy bien diciendo que ahora vemos la parte desprolija del bordado, pero llegará el día en que veremos el frente del bastidor y comprenderemos los caminos de Dios.

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Ha pasado casi un año, los niños están mejor, aunque seguimos teniendo nuestros días, vamos como en una montaña rusa, subiendo y bajando, pero con gran esperanza y confianza porque “Dios hace nuevas todas las cosas.” Los episodios de tristeza se siguen dando, pero más distanciados, con más calma y aceptación. Les cuento a los niños que llegará el día en que volveremos a abrazar a papá. Pedro, el mayor, que tiene 10 años, es el que más entiende, tiene sus miedos y no habla mucho sin que le pregunte. Admiraba a su padre, muchas veces iba con él al trabajo y tenían tiempo para estar los dos solos y eso ya no está, llora… Andrés (8) tiene su foto pegada en el cabecero de la cama y la besa por las noches, es el que más nombra a Facu y siempre está contando anécdotas vividas, sus juegos, risas, salidas...lo recuerda cercano, sabe que está, le habla convencido, me dice que quisiera verlo de verdad… Juan (4) ha soñado con él; un par de veces al despertar ha venido corriendo a mi habitación, ilusionado, contándome que papá le había dado un achuchón grande. También lo recuerda siempre y tira besos al Cielo; es una monada verlo.

Es duro, pienso qué harán las personas que no tienen fe…
No hay día que no se hable de Facu, siempre está presente entre nosotros. Le pedimos mucho, que nos proteja, acompañe, guíe siempre y cada día antes de acostarnos en la oración de la noche le pedimos que nos ayude a “ser Santos”. Y a la pequeña María José, cuando la veo sonreír con su carita tan dulce, estoy convencida que su padre está haciéndole alguna monería, ¡bendita comunión de los santos!

Poco se puede añadir de Facundo tras leer los testimonios de su esposa y sus amigos. Fue un hombre impecable, con un deseo sincero de santidad que Dios, a buen seguro, no habrá dejado insatisfecho. Falleció el día de santa Clara, mi santa tocaya, gran enamorada y defensora de la Eurcaristía, como él. De alguna forma, creo que esto nos ha hecho crear un particular vínculo espiritual entre los tres, que espero saber aprovechar.

Quiero acabar este recorrido por la vida de Facundo con las premonitorias palabras con las que él mismo concluyó su Cambio de agujas: «Ojalá que mi testimonio sirva para que la gracia toque algún alma. La vida se nos escapa. Quizá tú vivas 20 años más, 50, 60, ¿cuántos años más quieres vivir? Se pasan así (chasquea los dedos), y no vale la pena perder un instante sin procurar y desear la santidad con muchísimo ardor, muchísimas ganas, porque realmente no hay persona más feliz que el santo, que –vacío de todo- está lleno de Dios. Él es Todopoderoso y te inunda, te colma y te llena de felicidad. Dios permite nuestro Getsemaní, pero aquellas personas que están consolidados en la fe, saben de qué se trata y que Dios quiere que lleguen a la santidad. Cualquier situación es superable con Él».

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