Viernes, 17 Abril 2020 00:00

La guarida del zorro y la mamá gallina

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La historia de “Chicken Licken” nos viene a la mente frecuentemente en estos días. Creo que en Estados Unidos se llama “Chicken Little” o quizá “Henny Penny”, aunque esto no importa en realidad, todos conocemos la historia.

Una bellota cayó sobre la cabeza de un pequeño polluelo y entró en pánico. Corría aleteando por todas partes y graznando que el cielo se estaba cayendo, y el mundo se estaba acabando.  Estando en este estado se encontró con Lucky Ducky (un pato), Lucy Goosey (un ganso), Turkey Lurkey (un pavo) y muchos más, y a todos ellos los contagió con su pánico, hasta tener una tropa entera de pequeños animales corriendo y chillando: “el cielo se está cayendo, el cielo se está cayendo, el mundo se está acabando”. Los lamentos llegaron hasta Foxy Loxy (un zorro), quien los escuchó con profunda preocupación y compasión e invitó a los alterados animales a refugiarse en su guarida. Buen chico, Foxy Loxi.
El coronavirus no es una bellota. Hay tres cosas espeluznantes ocurriendo ahora mismo. La primera, es el virus, que ya es en sí mismo espeluznante. En segundo lugar, el bloqueo, es espeluznante; la supresión de derechos y libertades civiles, la recesión en la economía, el crecimiento masivo del paro. Todo esto parece desproporcionado, ilógico, siniestro. En tercer lugar están las teorías conspiratorias que también tienen parte de espeluznantes: los virólogos (Xiangguo Qui y Keding Cheng) arrestados por contrabando de viales con muestras bilógicas, el profesor de Harvard (Leiber) arrestado por el FBI, millones de dólares americanos asignados a un profesor (Zhengli) del Instituto de virología de Wuhan para trabajar en el coronavirus y en tratamientos contra la pandemia emergente, políticos vendiendo sus acciones y participaciones  en vísperas de la epidemia, simulacros de ensayo pre-pandémicos realizados bajo la dirección de la Fundación Gates y el Instituto Rockefeller... Espeluznante, espeluznante, espeluznante.

Los Padres de la Iglesia consideraban el valor como una virtud que no lo era solo en sí misma, si no que era también esencial para el resto de virtudes. En otras palabras, sin valor no se puede ser humilde, no se puede ser casto, no se puede ser sobrio, no se puede ser paciente, no se puede ser generoso. Si no tienes valor, no puedes serlo.
Cada hecho virtuoso tiene un elemento de coraje porque para llevarlo a cabo tienes que superar obstáculos, pequeños o grandes, internos o externos o ambos, y para superar obstáculos tienes que tener coraje. Por el contrario, la cobardía está en el corazón de cada vicio y cada acto viciosos.

Algunas veces decimos: “estate ocupado, no preocupado”. La cosa está en que no somos robots, somos humanos y el miedo es un factor inevitable de la experiencia humana. Tememos, nos preocupamos, sufrimos angustia y ansiedad. Cuando tenía 19 años le pregunte a mi madre por qué se preocupaba tanto. Desde mi sabiduría adolescente no le veía ningún sentido. A lo que mi madre respondió, con justificada ironía, “por el gusto de hacerlo”. Tuve la respuesta que merecía a la pregunta que hice. Existen distintas versiones sobre la historia de Chicken Licken que han ido cambiando a lo largo de los siglos, y esto se debe a que las crisis y el miedo han estado siempre con nosotros.

En Getsemaní, Cristo sufrió terror y angustia. Con toda seguridad se puede afirmar que, a lo largo de toda su vida, Cristo vivió episodios de miedo. Getsemaní es un Misterio de Preocupación. En el Huerto de los Olivos, Jesús temió el futuro inmediato. Decir que se preocupó sería quedarse corto. Estaba profundamente preocupado, preocupado-ocupado. Eso es perfectamente natural, es parte de una psicología humana sana. Y, aun así, salió del Huerto de los Olivos con su soberanía intacta: “¿A quién buscáis? Soy yo, dejad marchar a estos”.

Jesús no estaba lidiando con una bellota cayendo sobre su cabeza. Estaba lidiando con un madero cayendo sobre su espalda, cargando todos los pecados del mundo sobre este. Su miedo no era histérico, era proporcionado. Esa es la primera cosa: el miedo debe ser proporcional a la realidad que enfrentamos. No debe ser exagerado. La segunda cosa es buscar refugio donde debe ser encontrado. Jesús se apoyó en la fuerza del Padre para superar su miedo a la tortura y a la muerte. En situaciones de terror se nos ofrecen “guaridas de zorro” de todo tipo, opciones que nos lanzan a un peligro mayor.

Hablando de zorros, hay algo escalofriante sobre la respuesta de Nuestro Señor cuando es advertido por los fariseos de que Herodes lo estaba buscando para matarlo: “Id, y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada.”” (Lc 13, 32). Entonces Jesús dijo que no huiría porque no era apropiado que un profeta muriese fuera de Jerusalén, inmediatamente después de esto comenzó su lamento sobre la ciudad: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido” (Lc 13, 34).

Los zorros matan pollos y gallinas. Este hecho no es solo único de la cultura griega o hebrea o cualquier otra cultura, es universal, se aplica a todas las culturas y a todos los tiempos. Jesús utilizó el término “zorro” refiriéndose a Herodes, y casi inmediatamente después utiliza el término “gallina” para referirse a sí mismo y “polluelos” para referirse a nosotros. Llamando a Herodes zorro, Jesús lo está describiendo como un ser astuto, un hombre sin nobleza, sin poder real ni prestigio. Lo rechaza como amenaza y afirma su propia libertad y poder para cumplir su misión, el plan trazado por el Padre para Él. Jesús es el hijo de Dios, y Dios lleva el control, Dios es el Señor de la historia. Nada se le escapa. Es el Señor del Universo.

Pero hay una paradoja. Una paradoja es una contradicción aparente. Parece una contradicción, pero no lo es. Jesús mantiene lo escrito en la profecía según la cual moriría en Jerusalén. Compara a Herodes con un zorro y a sí mismo con una gallina. El zorro matará a la gallina, y los pollitos serán vulnerables y morirán también. No quedará piedra sobre piedra, el templo será destruido, el pueblo judío incluidos sus niños serán cruelmente masacrados y dispersados. Eso parece una contradicción.

Pero es una paradoja porque es precisamente con su muerte cómo Jesús derrota al diablo. Expulsará a los demonios y sanará a las personas el primer día y el segundo, y será perfeccionado al tercer día. Él se perfecciona en el Calvario, y en el Calvario todos los demonios son expulsados y todas las personas salvadas. El zorro es derrotado por la muerte de la gallina. El zorro no es solo Herodes. Los Herodianos se unieron a los fariseos, los saduceos y los romanos para clavar a Cristo en la cruz. Todos ellos eran zorros.  Todos ellos eran escoria astuta sin nobleza y sin poder real. Todos se odiaban entre ellos, pero se unieron durante veinticuatro horas en su odio por Él. Veinticuatro horas fueron suficientes: suficientes para que ellos conspirasen y completasen su plan, y suficientes para que fuesen superados por la Gallina Divina.

Por último, el zorro es Satanás. En cada misa, justo después de rezar el Padre Nuestro, decimos: “Líbranos, Señor, de todos los males y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por Tu Misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro Salvador, Jesucristo.” Protegidos de toda perturbación. Esa es una oración importante en medio de la Misa. Es una parte y una parcela de la experiencia humana el ser atacado constantemente por las fuerzas del maligno, y las fuerzas del maligno no nos asaltan solo con seducciones, nos asaltan también con distracciones y con miedo. Es un inmenso consuelo saber que el valor y la sabiduría que Dios nos pide es el valor y la sabiduría que tiene un pollito que busca refugio bajo las alas de mamá gallina.

P. Colum Power, nacido en Cork, Irlanda, en 1965, es Siervo del Hogar de la Madre. Obtuvo un Máster en literatura en 1991 y un doctorado en Historia de la Iglesia en 2013. Es autor de Un Toque de la Mano del Jardinero, Miel del Cadáver del León, y Las Categorías Católicas de James Joyce. Dedica su tiempo a las actividades apostólicas para la juventud organizadas por los Siervos del Hogar de la Madre.