Viernes, 22 Mayo 2020 00:00

La vida sin Dios

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¿Qué es la vida del hombre si no está unida a Dios? ¿Qué ha sido mi vida, Señor, antes de conocerte a Ti? El único Señor de la Vida y de la Muerte, el único que puede dar sentido a la existencia. El que puede andar sobre la muerte sin hundirse. El que de la muerte hace la vida. El que con su luz ilumina la oscuridad y la tiniebla. 

Yo, mi Señor, sí puedo decir lo que es la vida sin Ti, porque también sé lo que es la vida contigo. Mi vida sin Ti, Señor; ya lo sabes, era una vida vacía, mediocre, sin sentido, llena de miedos, complejos, frustraciones sin aceptar. Una vida que no era vida porque estaba lejos de todo lo que nace de la verdadera Vida, que es tu hijo Jesucristo. Una existencia en la que no existía nada más que un cuerpo que se movía, que hablaba y que respiraba, pero independientemente de Ti, mi Señor; que trazaba su vida al margen de lo que Tú querías hacer en ella; que quería proyectarla sin dejar que fueras Tú el que hicieras el proyecto de ella; que quería constituirla sin dejarme constituir por Ti.

¡Qué misericordia has tenido conmigo! ¿Cómo podías consentir que un gusanillo como yo te estuviese robando lo que era Tuyo y lo estuviera malgastando? ¡Qué paciente eres! ¿Cómo has esperado que esta pecadora se pudiese volver a Ti, sin forzarme, sin hacerlo por obligación, sin quitarme la libertad de equivocarme? Solamente por ver esta misericordia ya tengo motivos para alabarte y bendecirte; cuánto más que no ha sido solo eso, sino que me has demostrado cuánto me amas. Yo, que solo he ido buscando mi propia vida, sin importarme si querías algo de ella. Tú, que me habías creado para Ti, y solo vivía para mí. Que querías enamorarme y yo no lo sabía. ¡Bendito seas, Señor! Que me has descubierto lo ciega que estaba para ver; que ahora mis ojos no desean nada más que verte a Ti, que alzar mi mirada hacia el que me ha estado amando, sin que yo lo supiera, desde el silencio de la Cruz, muriendo por mí para que pidiera resucitar de la muerte en que se encontraba mi alma.

¡Qué poco es el hombre sin Ti! Es como una barca perdida en el mar, cuya única suerte es que el mar se la trague. Es como una planta a la cual no se riega y termina secándose. Es como un río por el que no corre el agua y se contamina. Es como un pájaro con las alas cortadas sin poder volar. Es como un desierto sin agua para beber... Pues esto era yo, mi buen Dios, y por tu gran amor, experimento cómo el mar no me hunde, cómo me riegas con tu agua viva, cómo empieza a correr el agua estancada de mi vida, cómo mis alas empiezan a levantar el vuelo. ¡Puedo volar! Puedo caminar por el desierto porque sacias mi sed, ¡Alabado seas por siempre, Señor, que puedes cambiar la vida del hombre y llevarlo a caminar por caminos de Vida Eterna!

Te doy gracias, Padre, por todo lo que has hecho conmigo, porque le has dado a mi cuerpo un espíritu por el cual ahora vive; porque me haces sentir que no existe la felicidad fuera de Ti; porque puedo ver que todo lo demás es basura en comparación con lo que es la riqueza de tenerte, sentirte y escucharte…Fuente inagotable de vida. ¡Gracias, Señor, por amarme tal como soy! Por haberme perdonado por lo que he sido, por haber olvidado mis infidelidades y darme nuevas oportunidades para acercarme de nuevo a Ti… Porque no rechazas un corazón contrito y humillado.

¡Gracias por haber encendido una vida que estaba apagada y que, para que entrase en actividad, has tenido que atizar para que empezara a arder! ¡Gracias! Porque es tu amor lo que ha hecho que despierte de este letargo en que estaba sumida mi vida y me tenía atada. Porque vas quemando y purificando lo viejo y lo vas renovando para hacer una criatura nueva que pueda vivir para Ti. ¡Ojalá termines en mí lo comenzado!

¡Qué grande eres, Señor! Y qué pequeño te haces para vivir en el interior del hombre. ¡Que no olvide yo nunca este amor! Como dice el salmo: "¡Que se me pegue la lengua al paladar si me olvidase de Ti!” ¡Que pueda tener siempre mi pecado presente para que pueda estar en constante conversión! ¡Que te deje ser el proyecto de la construcción de mi vida!

¡Cuánto tiempo se ha llevado mi cuerpo buscando descanso en otras cosas que no eras Tú! Estando tan cerca, lo buscaba lejos. Estando dentro, lo buscaba fuera. Esperándolo Tú, lo desechaba yo. ¡Qué ceguera la mía! Buscaba por mí misma lo que me estabas ofreciendo gratuitamente. ¡Cuánto desprecio por mi parte a aceptar un regalo, sin ningún interés por la Tuya! ¡Cuánta enfermedad sin dejarme sanar! ¡Cuánto afán de ser la protagonista y dejarte a Ti a un lado, siendo el único centro en torno al cual todo debe girar!

¡Jesús mío! Ayúdame para que me deje ser obra de tu mano; que puedas ser el alfarero y yo, la arcilla, que me deje modelar y hagas de mí un instrumento Tuyo, para manifestar al mundo que escoges lo pobre para confundir a lo fuerte y a lo recio, para confundir a los inteligentes. Que, como alfarero, hagas de mí una vasija para usos nobles, como quieras. ¡Bendito seas, Señor, Dios de la Vida! Porque abres los ojos de los ciegos y le das el habla a los mudos para que se te pueda dar la gloria que solo a Ti pertenece. Pero..., ¿cuánta oscuridad hay que tienes que iluminar? ¿Cuánta mentira que tienes que descubrir? ¿Cuántos rincones todavía sin limpiar? Por eso te pido, Señor, que no me dejes engañada de lo que soy para que pueda vivir viviendo lo que Tú eres, para que pueda gustar de tu misericordia. ¡Átame fuerte, no sea que con el miedo me resista y me escape! Que me des la fuerza de tu Espíritu para seguirte y que no haya nada ni nadie que me pueda separar de Ti. Que tu amor, manifestado en Cristo Jesús, sea mi fuerza para entrar en tu voluntad.

¡Vida de mi vida! Yo que tanto tiempo he vivido sin Ti, no permitas ahora que pueda vivir sin Ti. Verdaderamente eres el Camino, la Verdad y la Vida, y fuera de Ti todo es falso. ¿Cómo puede el hombre caminar solo sin perderse? ¿Cómo puede encontrar la verdad al margen de Ti? ¡Cuántas dudas cuando no te veía y cuánta seguridad cuando te veo! Me siento gozosa de que me hayas descubierto esto, porque ya no me puedo engañar buscando la felicidad en otras cosas. Aunque caiga en esto; aunque sienta mis debilidades e impotencias; aunque me separe de tus manos… ya puedo decir que verdaderamente sin Ti no puedo vivir. Alabado seas. Amén.

reyesReyes Sánchez vivió una de las experiencias más dolorosas que una madre puede sufrir. Su hijo Juan, a los 19 años, murió acuchillado en medio de una brutal pelea durante la Feria de Sevilla. A la luz de lo que vivió en esos momentos, escribe hoy.

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