Martes, 21 Septiembre 2021 00:00

La ciudad de Dios

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Hace algunos años le pidieron a mi esposo que llevara a un anciano con necesidades especiales a la Ciudad de Dios en Villa de Leyva, una ciudad colonial en las montañas de Colombia, a unas tres horas de viaje desde Bogotá. Cuando regresó a casa me dijo: "Conocí un lugar al que no te voy a llevar, porque no te vas a querer devolver”. Entre risas le pedí que me llevara pronto a conocerlo.

Así fue como un tiempo después fuimos a pasar una temporada a la Ciudad de Dios; efectivamente, no quería devolverme. Me bastó entrar para quedar impactada con su belleza y sentir en el aire la llegada a un mundo nuevo. Casas con tejas de barro y flores hermosas que se iban descolgando por los balcones; y lo que no alcanzábamos a ver con nuestros ojos: gracias que se derramaban como estas flores en nuestras almas. Fuimos descubriendo minuto a minuto la grandeza espiritual de este lugar.

Hace 10 años ya de este momento que quisimos suspender en el tiempo.

La ciudad de Dios nace en el corazón de un fraile Carmelita Descalzo, que decidió soñar el mismo sueño de Dios, Fray José Arcesio Escobar ocd. Así nace la ciudad de Dios, en sus palabras: "Los orígenes de la Ciudad de Dios en 1988 en Sonsón, Antioquia. Cuando apenas tenía unos días de ordenado como sacerdote y el Señor me llevó a trabajar a la zona de prostitución del pueblo, muchas cosas surgieron en el corazón y en la vida y comenzamos a construir, con los más pobres entre los pobres, el Reino de Dios."

El Señor lo llevaba de la mano a seguir los pasos de su Santa Teresa de Ávila. El padre José Arcesio fue obedeciendo a cada paso para llegar a hacer realidad está obra que le encargaba el Señor. Él, por su corazón sencillo, se rehusaba a pensar que fuera un "fundador"... Un día un niño pasó por su lado y le gritó: "¡Padre fundador!"… Parecía más bien la voz del niño Jesús que le indicaba su misión. Así lo aceptó como voluntad de Dios y siguió fundando ciudades de Dios en muchos lugares del país; es una tarea que Dios le puso y que ha ido cumpliendo con fidelidad y con el apoyo de sus superiores.

"Las Ciudades de Dios fueron brotando silenciosa e inesperadamente, como fruto maduro de la experiencia orante de un grupo de hermanos, pobres y sencillos, que, sin saber cómo ni hacia dónde debíamos caminar, nos aventuramos en ese camino de fe, esperanza y amor, para comenzar a vivir un sueño que todos llevamos en el corazón: el sueño de orar, amar y servir. Buscando un espacio donde los novicios carmelitas pudieran formarse en el contacto con los hermanos más pobres".

La Providencia se ha encargado de todo, cada ladrillo ha sido puesto por Dios, a través de la intercesión de San José, a quien se ha encomendado especialmente esta obra.

"Caminar en fe es caminar en fe, es decir, creer que es voluntad de Dios y que hay que hacerlo, o simplemente ponernos en camino como si todo lo tuviéramos, aunque no tengamos nada, porque es el Señor el que responde, a través de la intercesión de san José y de nuestra Señora"



En la ciudad de Dios existen varias comunidades religiosas y una laical. Sacerdotes, religiosas, laicos y familias, todos unidos en el servicio a los más necesitados. Ancianos y niños vulnerables son cuidados y amados por cada miembro de estas comunidades, en la “Casa de Abuelos”, que alberga ancianos provenientes de los campos y de los estratos más pobres; el “Hogar Petit-Belén”, que brinda refugio a niños abandonados, en dificultad, o en estado de riesgo.

Una Comunidad de religiosas, el “Carmelo Apostólico Nuestra Señora de Belén”, hermanas venidas de Francia, con el carisma de servicio a niños necesitados.
“Hermanas Carmelitas de Nazaret” y la “Comunidad de Frailes Carmelitas Descalzos”, que viven en el Monasterio San José Obrero, además las comunidades: “Carmelitas Laicas de San José”, “Hermanos Carmelitas de San José” y “Hermanas Carmelitas de San José”.

De esta experiencia en la ciudad de Dios también han nacido varias vocaciones a la vida consagrada en otras comunidades Carmelitas.

Este es también un lugar de acogida para personas de otros credos que también experimentan el amor de Dios allí, ya que es una comunidad con sensibilidad ecuménica. Por el trato que reciben, pueden descubrir a Dios sin necesidad de hablar explícitamente de Él. Es casa de puertas abiertas para todos, como el Corazón de Dios.

El día a día en la ciudad de Dios: Misa, adoración al Santísimo, Rosario, Coronilla de la Misericordia y la Liturgia de las horas. La oración personal y comunitaria, de donde nace el deseo de salir a dar y a darse… la entrega permanente, el morir por el otro. Se trabaja en dejar de pensar en sí mismo para donarse como Cristo.
Es Jesús quien se entrega en los miembros de las ciudades de Dios y haciendo que se viva el cielo en la tierra.

El apostolado de la escucha, el recibir al otro y atravesar las espesuras para llegar a amarlo en serio. Orar, amar y servir es más que un lema, es una vivencia diaria en medio de las luchas y la cotidianidad. Es un bálsamo para los visitantes, un lugar de acogida que no es un hotel, es un lugar donde los corazones se calientan en el fuego del amor de Cristo. No es sólo un hospedaje, es un refugio de amor que envuelve el alma… una paz como un río que riega a quien se acerca. "El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Teniendo a Dios en medio no vacila, Dios la socorre al despuntar la aurora" (Salmo 45). Un manantial de agua que brota desde el templo del Señor y que va creciendo y es río de vida y de salvación. Son aguas de Gracia que recorren la ciudad del Cielo.

Cristo, en el Santísimo Sacramento, es el centro de la vida en este lugar. Él es el timón y el ancla de esta barca.

Nuestra Señora de las ciudades de Dios, que es Madre y Custodia del Corazón de su Hijo se levanta con Su manto extendido, como un general en batalla, con el estandarte de su perfecta humildad protegiendo y guiando a sus hijos. Su manto ondea como una bandera de conquista. Ella, la Reina y Señora del universo, es la Estrella que guía esta Obra del Señor en el mar tempestuoso de estos tiempos.

Llegamos allá, hace años, intuyendo algo especial y nos encontramos con la vida ideal. Desde entonces visitamos en familia este lugar del que nos sentimos parte. Hemos vivido experiencias inolvidables allí con varias familias que también como nosotros buscan al Señor. Imposible no querer vivir así, encendidos en esa llama transformante. Ese es el camino del Amor que puede cambiar el mundo, el futuro, el destino de la humanidad.

El padre Arcesio ha fundado casi 30 Ciudades de Dios en Colombia y ya se comienzan a divisar nuevos horizontes, nuevas construcciones celestiales: “Las aldeas de la Misericordia”, "La Ciudad de Dios del Camino de Emaús", "La Ciudad de Dios de las Familias", "Las Casas Ciudad de Dios"… nuevas semillas de eternidad.

tata

Esposa y madre feliz. 

Artista, cantante y compositora católica. 

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