Viernes, 11 Marzo 2022 00:00

Mi fe, mi vida

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Desde niña me gustaba ir a misa con mis titos al convento de las Clarisas de mi pueblo.

Me entusiasmaba oírlas cantar y el verlas tras la celosía me atraía mucho, hasta el punto de querer ser monja como ellas. Crecí y en mi juventud descubrí que no podía llegar a ser “cura” así que desistí y me dediqué a lo que mejor se me daba, estar activa en la parroquia. Así que desde joven fui catequista y estuve en la pastoral juvenil.

En mi proceso de formación asistía los sábados a “la comunidad” a la cual le debo mucho de mi formación y amor a Dios. Allí conocí a personas que marcaron mucho mi vida.

Hoy día, aunque estoy en la comisión de laicos de la diócesis mi actividad parroquial no es tan activa, es más orante.

Tengo que reconocer que me enamoré muy pronto de Dios, mejor dicho, Él me enamoró. Entró en mi corazón suave y delicadamente, invadió mi vida y el sentido de la misma. Nunca me he avergonzado de ser católica, de ir a Misa, de ir a encuentros de jóvenes católicos, de ir a Retiros espirituales ni de nada relacionado con mi fe, ni de joven ni ahora.

No toda mi vida ha sido un cielo ni un camino de luz… He tenido épocas desordenadas en las que me aparté de Dios por el mundo, la carne y mi YO. Oscuridad, desorden, engaños, falsedad, doble vida y más oscuridad, vacío mucho vacío que el mundo no llenaba y yo antes jamás había sentido.
Dios, en realidad, siempre ha estado conmigo, ha puesto en cada uno de los momentos de mi vida personas que han obrado a través de Él para mi cuidado y salvación.

Reconozco que, a mis 48 años, lo que he vivido es el plan de amor de Dios para conmigo, a pesar de no ser siempre a mi gusto y de haberLe estado cambiando, bajo mi libertad, todo aquello que me ofrecía y me regalaba Dios. He sido una piedra en Su zapato, si me permito hacer un símil algo cariñoso. Y a pesar de todo, no he dejado de sentir su AMOR, su cuidado y paciencia infinita.

He estado colaborando en algún que otro movimiento de la Iglesia, a todos les doy las gracias por lo que me han aportado y por todo lo que he aprendido de ellos (Pastoral juvenil, Cursillos de Cristiandad, Catequesis parroquial…)

Hace ya 6 años que hice el Retiro de Emaús y allí Dios hizo de las suyas otra vez, toco de nuevo mi corazón, esta vez para el servicio, un servicio de entrega y de ser instrumento de Dios. Tras varios servicios y gracias a la providencia divina ahora en Murcia tenemos un pequeño grupo de mujeres que hacemos Adoración semanal para el proyecto de Emaús mujeres en Murcia. Mi vida de servicio está enfocada a Emaús. Es en el servicio donde he encontrado mi vocación, mi estar haciendo la voluntad de Dios. Todo mi esfuerzo, empeño y dedicación no es nada comparado con la recompensa de saberme Su herramienta. Como dice San Ignacio “haz todo como si dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios”. El servicio de Emaús, requiere amor, humildad, oración, compromiso, obediencia, Adoración y por supuesto encomendarnos al Espíritu Santo. Y como Dios siempre hace lo mejor, nos ha dado el claro y perfecto ejemplo para seguir en el servicio, a Su Madre, a nuestra Madre la Virgen María. En el servicio miro a María y su “sí” me fortalece.

La Virgen, qué decir de la Virgen, madre mía que olvidada o poco atendida la he tenido en mi juventud, constante humilde y sencilla, Ella allí en cada paso y desdén que le daba a su Hijo, Ella protegiéndome. Hoy por hoy es mi faro, mi ejemplo, mi referencia “mi virgencica” como yo la llamo en la intimidad de mis oraciones.

Tengo claro que mi vida de fe, mi vida en realidad, porque no considero una vida de fe y otra clase de vida, es decir, que mi vida en sí en una vida de fe y mi sentido de vida es ir al Cielo intentando aquí hacer la voluntad de Dios. Pues bien, para todo ello a demás de ser una privilegiad por trabajar como profesora de Religión en un instituto público, mi vida como madre es toda una dedicación y propósito, y alimento mi amor a Dios con la oración, Misa casi diaria, rezo del Santo Rosario y Adoración y dirección espiritual asidua. No concibo mi vida sin Dios.

En fin, que estoy enamorada de Dios, que el servicio forma parte de mi vocación: madre, profe, Emaús, hija, hermana, tía, madrina, amiga, vecina… Todo siempre para Gloria y Alabanza a Dios, bajo la protección de María.

Eugenia Egea Sánchez.

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