Miércoles, 05 Marzo 2014 01:00

El viaje a Roma de la familia Gervas de la Pisa

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Papa Francisco saludando a los niños Papa Francisco saludando a los niños

El 27 de abril estuvimos en Roma, asistiendo a la Canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II.

Fuimos en furgoneta tres hermanos, un cuñado, mi hijo mayor de 10 años (en la foto saludando al Papa), y tres sobrinos de 13,12 y 10 años. Lo pasamos muy bien. El viaje fue cómodo porque la furgoneta de mi hermana es una maravilla, y además nos turnábamos para conducir. Hay que decir que vencimos muchas dificultades para organizar el viaje (mi madre con su preocupación amorosa intentó sabotear el viaje hasta el último momento).
 
Salimos el jueves por la noche de Valladolid. Llegamos a Barcelona a las seis de la mañana, recogimos a un hermano y viajamos todo el día hasta Génova. Allí asistimos a Misa. Los niños se miraban asombrados al escuchar a un sacerdote italiano. El viernes dormimos en un albergue cercano a Florencia, para acercanos el sábado por la mañana a Roma.
 A primera hora fuimos a Florencia. Intentamos aparcar en un par de Garajes pero la furgoneta no cabía!. La dejamos en zona azul. Escuchamos Misa en la Catedral de Florencia, desayunamos y nos acercamos a Roma.

 Comimos con el Padre Juan, muchos hermanos y otros amigos. Además de pasar un rato fenomenal y comer un plato de pasta superenergético, nos aconsejaron muy bien para pasar la noche cerca de San Pedro.    
Dejamos la furgoneta bien aparcada, cogimos nuestras mochilas, sacos y esterillas, y nos metimos en el metro. San Pedro estaba más despejado de lo que pensamos. Eran las cinco y media de la tarde, y ya había grupos de polacos apostados en la misma varandilla de la Plaza. Nos enteramos por la policía de que no sólo cerrarían la Plaza, sino toda la Via della Conciliazione, hasta las cinco de la mañana del domingo. Comenzaba a lloviznar cuando hacia las siete la policía empezó a desalojar a todo el mundo.
 
La noche del sábado dormimos en los jardines de Sant'Angelo. El ambiente allí era tan festivo que daban ganas de ponerse a bailar. La gente se había preparado para pasar toda la noche en vela. A las puertas de  Via della Conciliazione había tal tumulto que en lugar de esperar a las cinco de la mañana, la policía decidió abrir las puertas a medianoche. 
Mis hermanos, cuñado, hijo y sobrinos estaban dormidos; y cuando se abrieron las vallas de acceso a Via della Conciliacione, a las doce de la noche, les desperté a gritos para entrar y coger sitio. En un minuto estaban en pie, con los sacos y las esterillas recogidos. Nos metimos de lleno en aquella multitud. Los niños miraban impresionados a todo el conjunto de San Pedro iluminado en la noche, escuchando los cantos de miles de personas que sostenían las banderas de sus países, y que sonreían al verles.
 Poco a poco fuimos entrando y cogiendo sitio. Después de una noche en vela los niños durmieron prácticamente hasta el comienzo de la ceremonia. Cuando el Papa Francisco leyó la fórmula de canonización se oyó un aplauso que duró mucho tiempo.

 Hemos ido a Roma por amor a Juan Pablo II y Juan XXIII, para decirles gracias. Aquel aplauso de algún modo representaba a la humanidad agradeciendo a los dos Santos su gran fidelidad. Los niños se portaron estupendamente; y como regalo a su feliz espera, después de la ceremonia, el Papa pasó muy cerca, y al verles les saludó ilusionado.

¡¡¡Damos gracias a Dios porque ha sido una gozada ir a Roma!!!

Nos ha permitido ir a Misa juntos cada día, rezar juntos el Rosario, el Ángelus; hemos leído el evangelio... hemos cantado, jugado, y nos hemos reído muchísimo: ha sido un viaje inolvidable.

Creo que estos planes agradan mucho al Señor. 

Carlos Gervas

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