Martes, 04 Marzo 2014 01:00

Contigo

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Si me preguntasen cuál es la mayor necesidad de los jóvenes actuales, yo diría que es la de ser sincera y profundamente acompañados en esa etapa de su vida. Tener la cercanía de alguien que, a su lado, no sustituyéndoles, sabe ayudarles a crecer como personas hasta llegar a ser ‘su mejor tú’, que diría Salinas.

Recuerdo como el gran maestro que fue José Luis Martín Descalzo, comentaba en una de sus ‘Razones’ la importancia de esa figura.
JoseLuisMartinDescalzo
El artículo se titulaba ‘El tutor’ y hablaba de cómo esa palabra, en una de sus acepciones, es el apoyo guía que se coloca a los árboles jóvenes para que crezcan rectos. Y llegaba a la conclusión de que algunos árboles tienen más suerte que muchos jóvenes, que no han tenido a un adulto a su lado para orientar, ayudar, acompañarles en su crecimiento.

Mirando atrás en mi vida reconozco, precisamente, como una de las experiencias más gozosas haberme encontrado con hombres que han dedicado su vida a acompañarme en el camino para enseñarme a ser el mejor hombre que yo podría ser. Pienso con gratitud en multitud de maestros, que no puedo nombrar por no dejarme a alguno de ellos. Y pienso especialmente en uno de ellos, el maestro de maestros en este arte de la intimidad con los jóvenes, que fue Abelardo de Armas.
AbelardoDeArmas

Abe, como así le llamábamos, era un cruzado de Santa María, discípulo del Padre Morales S.I., que dedicó su vide entera a la educación de los jóvenes en multitud de actividades, - campamentos, ejercicios espirituales, misiones evangelizadoras…-. Pero sobre todo en incontables horas de charla personal, de corazón a corazón, con todos los muchachos que acudíamos a hablar con él.

De Abe aprendimos a hablar e intimar con los jóvenes, a abrir horizontes altos, a caminar desde lo concreto y lo pequeño.  Todo un arte, que guiado por el Espíritu, hizo que Abelardo para muchos de nosotros se convirtiese en un auténtico padre espiritual.

Hoy me gustaría compartir lo que pude aprender de él, en el deseo de que otros muchos se conviertan en verdaderos educadores, padres del alma, forjadores del espíritu, de nuestros jóvenes actuales.

Y quizás esta sea la primera y más importante lección. Que los jóvenes de todos los tiempos, y si se me permite, de una forma muy especial los actuales, necesitan ser acompañados. Que buscan la mano amiga y fuerte del adulto que les aliente, anime, empuje en el camino. Y que ésta no es una misión solo de los sacerdotes o los consagrados, sino que todos estamos llamados a ser verdaderos guías de algún joven, que saldrá al camino de nuestra vida.

Muy especialmente ésta es una misión de los padres. Si en toda la vida los hijos necesitan el calor y apoyo de los padres y madres, en la etapa de la adolescencia y juventud, de una forma muy especial  necesitan sentir que sus padres están con ellos, a su lado, cercanos, en el camino de la nueva vida que comienza a despegar.

¡Ojala que todos sintamos esta llamada a acompañar a nuestros jóvenes! Y si algún muchacho cruza su mirada con la tuya y titubeante te plantea que tiene un problema, encuentre en ti alguien en quien confiar.

Que sienta que, simplemente, puede contar contigo.

Autor: Javier Segura

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