Lunes, 01 Febrero 2016 00:00

La misericordia de Dios siempre ha estado con nosotros

Escrito por

Audiencia del Papa 27 Enero 2016.

El Santo Padre hoy nos recuerda la historia del libro de Éxodo para recordarnos que desde el principio la misericordia de Dios ha estado con nosotros.

Cuando el pueblo de Israel era esclavo en Egipto, Dios envió a Moisés para que los liberara. No fue indiferente hacia el dolor, sufrimiento y muerte que estaba sufriendo Su pueblo. Es verdad que el sufrimiento sigue hoy con nosotros pero no por ello quiere decirse que Dios nos ha abandonado.  Cada uno tiene su cruz y Dios no nos da algo que no podamos aguantar. Incluso de las cosas malas podemos aprender algo.

Dios nos ama, nos cuida, nos protege y nos enseña, como un padre hace con su hijo.  A veces, nuestros hijos tienen que sufrir para un bien mayor. Como, por ejemplo, cuando dejamos que llore cuando le ponen una vacuna para que el día de mañana no enferme; o cuando no les damos todo lo que piden para que así valoren las cosas que tienen.

Que el dolor y sufrimiento no nos endurezca el corazón y recordemos que Dios es misericordioso y no quiere nuestro mal, sino nuestro bien y que lleguemos al cielo.

A continuación el resumen de la audiencia del Papa. Para leer la versión completa pincha aquí (http://w2.vatican.va/content/francesco/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2016/1/27/udienzagenerale.html)

Queridos hermanos y hermanas:

El relato del libro del Éxodo que hemos escuchado nos muestra cómo la misericordia de Dios ha estado siempre presente en toda la historia del Pueblo de Israel. Por eso, cuando su vida se vuelve dura por la esclavitud en Egipto, Dios no permanece indiferente ante su sufrimiento. Lo salva del Faraón por medio de Moisés, a quien escoge como mediador de liberación. Lo saca de Egipto, lo conduce a través del Mar Rojo y del desierto, hacia la tierra prometida, hacia la libertad.

La misericordia de Dios no es indiferente al dolor del oprimido, al grito de quien sufre violencia, esclavitud, o es condenado a muerte. El sufrimiento es una triste realidad que aflige a toda época, también a la nuestra. Nos hace sentir impotentes y tentados a endurecer el corazón. Dios, en cambio, «no es indiferente», no abandona, sino que actúa y salva.

El ejemplo de Israel nos consuela y aviva nuestra esperanza en la salvación de Dios. Él elige a Israel, lo educa como un padre a su hijo, y le propone una relación de amor particular que lo convierte en “pueblo de su propiedad”. 

También a nosotros nos ofrece las maravillas de su misericordia, que llega a su pleno cumplimiento en Jesucristo, que con su Sacrificio Pascual inaugura la “Alianza nueva y eterna”, nos obtiene el perdón de nuestros pecados y nos convierte definitivamente en hijos de Dios.

Soy madrileño pero llevo 13 años viviendo en Cardiff (Gales). Me casé el año pasado y somos papás de una niña. Trabajo en el departamento financiero de un hospital y estamos como locos por volvernos a España.