Martes, 09 Febrero 2016 00:00

La justicia - Audiencia del Papa 3 de febrero de 2016

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Hoy el Santo padre nos habla sobre la justicia. La justicia humana y la divina. La humana solo limita el mal pero no lo hace desaparecer. La divina sí hace que desaparezca el mal y deja solo el bien.

La Biblia nos muestra que para conseguir una autentica justicia, la víctima y el culpable tienen que dialogar para que el culpable comprenda lo que está mal y pueda convertirse. Solo así, cuando el culpable reconozca su culpa, podrá abrirse al perdón.  

Esta es la manera en la que se tienen que resolver los problemas familiares. El ofendido ama al culpable y por eso le perdona, rápido y sinceramente, para poder recuperar la relación desgarrada. Así es Dios con nosotros. Le ofendemos una y otra vez y el Señor, en vez de olvidarse de nosotros, pecadores, nos perdona una y otra vez. Su misericordia no tiene límites. Pero eso sí, tenemos que mostrar arrepentimiento sincero, pues si no, sería una pantomima. Dios quiere que vayamos al cielo y tengamos una felicidad eterna, pero tenemos que poner de nuestra parte.

A continuación, el resumen de la audiencia del Papa. Para leer la versión completa pincha aquí:

https://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2016/documents/papa-francesco_20160203_udienza-generale.html

Queridos hermanos y hermanas:

La Sagrada Escritura nos presenta a Dios como misericordia infinita, pero también como justicia perfecta. Parecerían dos realidades que se contraponen. Pero no es así, porque la misericordia de Dios es lo que hace que se cumpla la verdadera justicia. La justicia humana solamente limita el mal, no lo vence, no lo hace desaparecer. La justicia divina, en cambio, supera el mal contraponiéndolo al bien.

El camino privilegiado que la Biblia nos señala para alcanzar una auténtica justicia es aquel en el que la víctima, sin recurrir al tribunal, se dirige directamente al culpable, apelando a su conciencia, para que comprenda que está realizando el mal y pueda convertirse. Sólo así, el culpable, reconociendo su culpa, puede abrirse al perdón que la parte ofendida le ofrece. Ésta es la manera de resolver los problemas y contrastes en la familia, por ejemplo, entre esposos o entre padres e hijos. El ofendido ama al culpable, no quiere perderlo, sino recuperar la relación desgarrada. Dios actúa con nosotros, pecadores, de la misma manera. Nos ofrece continuamente su perdón, nos ayuda a acogerlo y a tomar conciencia de nuestro mal, para poder liberarnos de él y salvarnos, porque no quiere nuestra condenación sino nuestra felicidad eterna.

Soy madrileño pero llevo 13 años viviendo en Cardiff (Gales). Me casé el año pasado y somos papás de una niña. Trabajo en el departamento financiero de un hospital y estamos como locos por volvernos a España.