Viernes, 21 Mayo 2021 00:00

Digitalización, tecnología, ¡deshumanización!

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Recuerdo, con cierta añoranza, cuando mi madre nos decía “no tan cerca de la pantalla que os vais a quedar ciegos y, además, esto no puede ser bueno, os vais a volver tontos”. Corrían los años 70 y la programación de televisión duraba 10 o 12 horas diarias, con solo dos canales, el 1 y el “UHF”, y los espacios infantiles apenas duraban dos horas por la tarde. Así que, como mucho, una hora de televisión.

Ahora, ya ven, pantallas por todos lados, a todas horas y muchas, muchísimas horas.

Sabíamos que el proceso de digitalización estaba en marcha, que la telemática y la informática eran parte de un futuro más o menos cercano, pero la pandemia y el confinamiento han acelerado de manera desmedida el mencionado proceso.

En mi casa, hemos pasado en algo más de dos años de un ordenador de mesa para toda la familia, a tener, además del citado ordenador, cinco portátiles, una Tablet, una cámara web, una impresora con escáner y a renovar unos teléfonos móviles, en perfecto estado, por otros con mucha más memoria. ¡La era de las Apps!

En la vida cotidiana, se dan situaciones tan surrealistas como esperpénticas. Una anécdota para ilustrar. Hace poco, fuimos a una sucursal bancaria para realizar una gestión, y cual fue nuestra sorpresa cuando el empleado nos dijo que sacásemos el móvil para que realizáramos nosotros la operación a través de la App. Paralelamente, un señor mayor, casi anciano, entró en la sucursal y otro empleado le espetó que, si no tenía cita, no iba a ser atendido; el señor le respondió que, por favor, le diera una cita, a lo que el empleado, a su vez, le dijo que la pidiese a través de la App por el móvil; el hombre alegó que él no sabía de estas cosas y que su teléfono móvil era solo para llamar, recibir llamadas y poco más. Se marchó desolado y sin cita.

En el ámbito educativo, también hemos entrado en barrena hacia esta locura. De repente, todo se ha convertido en plataformas educativas (Classroom, Teams, Educamadrid, Raíces, Robles…), programas informáticos (Madread, STEN, Smile and Learn), videoconferencias, firmas electrónicas, robótica… a una velocidad y exigencia de vértigo.

Y por supuesto un nuevo dislate: una enseñanza sin libros, confiada en estos avances tecnológicos.

Las nuevas generaciones de profesores están encantadas, más bien ¡fascinadas! y dominan estas tecnologías a las mil maravillas, aunque reclaman, con razón, una urgente actualización de los medios informáticos y, en general, tecnológicos, en los colegios. Los que vamos peinando canas y tenemos cierta experiencia, no estamos tan de acuerdo.

Los chicos ya tienen demasiadas horas de pantallas en sus casas para el ocio (videojuegos, móviles, Tablet) y dedican un tiempo desproporcionado a su uso (jugando en solitario o en línea, viendo Tik-Tok, series en las distintas plataformas, tutoriales, siguiendo a youtubers, o interactuando en las redes sociales…), para que, por ejemplo, tengan que hacer los deberes y enviarlos a través de una plataforma o que el plan de fomento para la lectura pase por leer en una Tablet.

Los alumnos de Primaria pasan a ESO con unas carencias enormes, no solo en conocimientos, sino en competencias tan básicas como la escritura – ortografía, la lectura comprensiva y el cálculo mental, y no creo que mejoren por mucha tecnología que se aplique.

Teniendo en cuenta que, si no se dominan los medios, mal uso se hacen de ellos.

Tampoco están muy de acuerdo pediatras, oftalmólogos y neurólogos, así como expertos en neuropsicología, psicología infantil y dificultades en el aprendizaje.

En los últimos años, se han disparado los problemas de visión en los niños, las visitas a neurólogos por déficit de atención, hiperactividad, insomnio, etc., y a psicólogos por depresión, ansiedad o adicción (móviles, videojuegos, redes sociales, etc.) entre otras causas.

Y es que, como mantienen diversos autores y expertos en la materia, tal es el efecto destructivo que las nuevas tecnologías ejercen sobre nuestras conexiones neuronales, y, en general, sobre el funcionamiento de nuestro cerebro. Estos medios tecnológicos son incompatibles con un auténtico aprendizaje, pues destruyen nuestra capacidad de concentración y disminuye la retentiva y la memoria, entre otros problemas.

Otro aspecto para tener en cuenta es la pérdida del factor humano y afectivo. El proceso de enseñanza – aprendizaje es imposible, a mi entender, a través, solo o prioritariamente, de la tecnología,  pues no se trata solo de transmitir conocimientos, sino de aplicarlos en la vida. Tenemos que trabajar la síntesis, enseñar a relacionar, a inferir conceptos e informaciones, a discriminar, a ser críticos, a razonar… Por no mencionar la prosodia, el discurso y un lenguaje lo más correcto posible. La enseñanza es relación e interrelación entre personas: profesor – alumno, alumno – profesor y alumnos con otros alumnos, nunca a través de una máquina.

Un buen maestro puede obtener mucha y valiosa información evaluando las producciones de sus alumnos, observando la letra y su evolución, dibujos, organización del espacio en una hoja, limpieza, ortografía, etc. Un escrito en Word nos oculta todos estos datos. Apostar por una herramienta prescindiendo de otras, por muy buena que sea, es un grave error.

Los que apoyan esta iniciativa totalmente son los padres. Unos padres que han perdido el norte, unos padres “happy” y “guays” incapaces de discriminar la publicidad mediática de la realidad y necesidades de sus hijos. Quieren proporcionar a sus hijos una educación mejor que la que ellos tuvieron, y ello les honra, eso sí, sin que sus hijos se esfuercen, se sacrifiquen o trabajen lo mínimo: ¡el niño tiene que ser feliz! Jugando, digan lo que digan, no se aprende. Y si no es en la ESO, será en el Bachiller o en la universidad donde sus hijitos fracasarán estrepitosamente. Piensan, además, que, gracias a la tecnología, los niños no tendrán que cargar con esas pesadas mochilas de “25” kilos, o que una Tablet es mucho más económica que los libros de texto. ¿Acaso piensan que las licencias de los libros digitales son gratuitas? Y para colmo, no podrán heredarlas hermanos, primos, amigos o vecinos. Tampoco caen en la cuenta de que la Tablet es el cebo que les hará picar para terminar comprando ordenadores, impresoras, etc. ¿Han oído hablar de la ley de la oferta y la demanda?

Y, es más, ¿cómo piensan controlar a sus hijos en el uso de estos medios? El chaval puede pasar toda la tarde frente al ordenador, pero con solo un clic puede estar en un mundo muy lejano al de sus estudios y cuando aparezca uno de sus progenitores, en un clic volver a su tediosa página de deberes. Es como dejar a un chimpancé un AK-47 Kalashnikov cargado, sin seguro y sin vigilancia en la jaula: ¡peligrosísimo!

Pero con todo, lo peor es la creciente deshumanización de la sociedad, en especial de los niños y adolescentes, acostumbrados a la violencia de los videojuegos que hace que ya no distingan la realidad del juego, o su acceso, cada vez más temprano, a la pornografía, su individualismo e indiferencia ante el sufrimiento de los demás (piensen en todas esas atrocidades que se consuman mientras se graban con los móviles y lo suben a las redes sociales)… Y toda esta tecnología nos lleva a aislarnos, a ser mucho más independientes, en el peor significado del término, a escondernos detrás de seudónimos y a inventarnos falsas personalidades.

Creo que cuando una sociedad no está preparada para un cambio, un avance, de pensamiento o tecnológico, o de lo que sea, por muy bueno que pueda ser, este no solo no servirá de nada, sino que será contraproducente. Y, hoy por hoy, no estamos preparados para esta revolución tecnológica, aunque nos hagan creer lo contrario.

Ahora tenemos analfabetos bilingües (anterior mantra político-pedagógico), dentro de poco bilingües, digitalizados e inhumanos.

¡Si mi madre levantara la cabeza!

Modificado por última vez el Lunes, 24 Mayo 2021 19:05
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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