Cara a cara

Estas primeras entradas del blog, las estoy dedicando a reflexiones más de fondo acerca de la Nueva Evangelización, antes de entrar en experiencias concretas que podamos compartir.

Sin embargo, la reflexión de hoy tiene tanto de visión de fondo como de propuesta de acción.

Aunque se podría pensar que, de lo que no tiene nada, es de nuevo, porque es una iniciativa que lleva ya en práctica quinientos años. Me estoy refiriendo a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

Íñigo, soldado desgarrado y vano, como él mismo se describe en su autobiografía, tienen una transformación radical y profunda. Una conversión que le llega en la convalecencia en su casa solariega, tras ser herido en el asedio de Pamplona por una bala de cañón. La vuelta a Dios del noble soldado tiene lugar en el valle de Azpeitia, en tierras vascas, pero vive otro momento determinante en Manresa, en parajes catalanes, cuando peregrinaba a Jerusalén. En esa cueva tiene una experiencia de Dios que marcaría su vida y que la orientaría al seguimiento de Cristo. 

En Manresa empezó a vivir y luego a escribir esta experiencia, que más tarde sería su libro de Ejercicios Espirituales.  En ellos propone un itinerario de cuatro semanas, para encontrarse con Dios, conocer su voluntad y seguir a Cristo. Un mes de retiro y oración para estar, como Moisés, cara a cara con Dios, y hablar como un amigo habla con otro amigo.

Esta experiencia, que el santo guipuzcoano compartió con sus más íntimos primero, se convirtió en la savia de la recién fundada Compañía de Jesús, y pronto en un fabuloso método de evangelización, cuya fuerza y actualidad continúa hasta el siglo XXI. Y más allá.

¿Cuál es la clave que esta iniciativa nos aporta en la Nueva Evangelización? Una fundamental que podemos olvidar cuando intentamos escrutar los nuevos tiempos, con sus nuevos paradigmas; una que nunca va a cambiar: los Ejercicios Espirituales ponen al hombre a solas con Dios, sin intermediarios, para así emprender un diálogo de amistad del que brota la vida cristiana.

Porque el cristianismo no es, nos lo repetía Benedicto XVI, una propuesta moral, ni un entramado cultural, ni mucho menos una ideología. El cristianismo es simplemente el encuentro personal con Cristo vivo y resucitado. Y de ahí brota el resto. Y si ese encuentro no se ha dado, aunque se vaya a misa, aunque se participe en las procesiones de Semana Santa, aunque se sea cofrade en el pueblo de mis padres…, no hay más que un barniz cultural cristiano. Un barniz que, por otra parte, con los tiempos tormentosos que corren, no durará demasiado.

Pero, ¿cómo hacer que un hombre o una mujer de hoy se encuentren personalmente con Dios? Evidentemente no hay un único camino. La vida tiene mil momentos en los que Dios aprovecha para colarse en nuestro corazón. Y cada espiritualidad ha ido desarrollando formas de oración y de vida que nacen y llevan a Jesucristo. Y muchas iniciativas que quieren ser de conversión del corazón, de encuentro con el Nazareno, como son, por ejemplo, los Cursillos de Cristiandad o las Catequesis del Camino Neocatecumenal. En esta línea, una de esas experiencias de conversión, que ha dado grandes frutos a lo largo de la historia de la Iglesia son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio.

Yo llevo dadas un centenar de tandas, principalmente a jóvenes y adolescentes, de siete y cuatro días. Exigentes, tal como las viví yo y me enseñó ese maestro que era Abelardo de Armas. En silencio absoluto, para que el joven se quede solo y pueda hablar con Dios. Aunque se aburra al principio. Pero con la certeza de que el Señor tiene algo que decir a ese joven, y la convicción más profunda de que el corazón de ese muchacho tiene sed de Dios, como la tenía la samaritana en su encuentro con Jesús al lado del pozo de Siquem. Y nunca dejo de sorprenderme cómo Dios y el hombre se encuentran, y cómo renace la vida en los que participan en esta experiencia con corazón sencillo.

Recuerdo el día que al final de la clase de religión a mis alumnos de cuarto de ESO, se me acercaron dos de los más “cañeros”, repetidores, de dieciocho años.

Javier, hemos pensado que nos gustaría hacer esa experiencia de hablar con Dios. ¿Qué tenemos que hacer?

Aquel día yo les había hablado de la oración, y de cómo era posible hablar con el Señor. Pero no me esperaba una respuesta tan rápida, y menos en dos de los más “macarras” de la clase. Pero me lancé a la piscina.

Mirad, ¿por qué no nos vamos a un monasterio cuatro días y hacemos una experiencia de quedarnos a solas hasta que Dios nos hable?

De acuerdo, hecho.

La verdad es que nadie podía creérselo. Empezando por sus padres, que creían literalmente que todo era un cuento para irse unos cuantos días de juerga. Así que tuve que ir a su casa y convencerles a sus padres de que la cosa iba en serio. ¡Y por no hablar de sus compañeros de clase y de los profesores! Porque la noticia corrió como la pólvora por todo el Instituto.

Nadie podía creer lo que pasó por el corazón de esos jóvenes. Cómo Dios tocó sus corazones, “un calor que nunca habían sentido”, me decía uno de ellos, un deseo de abrazar y amar, dejarse querer y amar por Dios, que no podían ni expresar.

Cuando acabaron los ejercicios, estos dos jóvenes se convirtieron en verdaderos apóstoles entre sus amigos, organizando confesiones en el patio del colegio mientras pintábamos unos graffitis, invitando a otros a hacer la misma experiencia que ellos habían hecho. 

En verdad creo que en este tiempo de nueva evangelización los Ejercicios Espirituales pueden ser un método poderoso para que cientos de jóvenes comiencen un camino de seguimiento de Jesús.

Porque al final, todo nace de  encontrarse personalmente cara a cara con Dios, de sentir  que nos ama con locura, con un amor que le llevó a morir por cada uno de nosotros en la cruz. Saber que está vivo y Resucitado, cercano y presente hasta el final de los días. 

Porque sin esta experiencia no hay nada. Todos nuestros esfuerzos por evangelizar, quedarán estériles. Y al revés, con esta certeza del encuentro con el Dios vivo, uno puede arriesgar toda la vida y en verdad podremos hablar de un nuevo florecer en la vida de la Iglesia.

Pero para eso, hay que ofrecerles la oportunidad de quedarse a solas con el Señor.

No hay otro camino.

 

Javier Segura

Mi blog "Mar Adentro"

Delegado Diocesano de Enseñanza de Getafe. Director Nacional del Grupo Juvenil Milicia de Santa María. En este blog quiero centrarme en aportaciones sobre la Nueva Evangelización.

Javier Segura Zariquiegui, es autor, editor y responsable del Blog Mar Adentro, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com