María de Selva

María de Selva

Economista por la Universidad de Navarra. He sido profesora ayudante de Macroeconomía en la Universidad de Zurich, gerente de Aguirretel SL y documentalista de la Asociación Valenciana de Empresarios, entre otras cosas. Actualmente, soy ama de casa y madre, a tiempo completo de cinco pequeños, aunque en mis tiempos libres colaboro con distintas actividades educativas y completo mis estudios de postgrado en la UPV.

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Las necesidades afectivas de los niños

Cada niño es distinto y eso lo constatan de modo especial las madres de familia numerosa. Es asombroso ver cómo de los mismos padres salen hijos tan parecidos y tan diferentes al mismo tiempo. Pero todos, todos, necesitan del afecto de sus padres. Ahora viene la pregunta del millón: ¿Cuál es la medida de afecto adecuada para cada niño? Porque algunos pensarán que todo cariño es poco, que cuanto más, mejor. Y eso es verdad, pero al mismo tiempo se corre el peligro de hacer niños blandos cuando se les rodea de tanto afecto que no hay margen para la exigencia y la educación en las virtudes. 

Es que mi hijo...

A menudo excusamos a nuestros hijos. Nos cuesta aceptar, de cara a los demás, que se portan mal, que no siempre los educamos de la manera más correcta, aunque seguro que lo hacemos lo mejor que sabemos. Y de modo inconsciente buscamos una excusa para su mal comportamiento: es que mi hijo es tan inteligente que me responde de un modo… es que mi hijo es muy buen chaval, pero en el cole aprende a portarse mal de sus compañeros…. es que mi hijo no duerme bien y por eso está tan alterado….

Cómo enseñar a tu hijo a tolerar la frustración

La semana pasada acudí a una charla muy interesante en la Escuela de Padres del cole de uno de mis hijos. La ponente era Pilar Alamá, una experta educadora con muchos años a sus espaldas trabajando con niños en la etapa de infantil.  Voy a intentar transmitiros todo lo que nos enseñó.

¿Enamorada de tu hijo?

El otro día me ocurrió un suceso que me dio qué pensar. Estaba en casa de unos conocidos y esperábamos a una amiga con sus hijos. La casa era preciosa, muy grande y espaciosa. Un “chaletazo”, vamos. Al llegar nuestros amigos y abrirles la puerta, el niño, de 7 años, me dice en plan chulito: “¿Esta casa es tuya? ¿cuánto te ha costado? Porque esto vale una pasta, seguro. ¿tan rica eres?”. Su madre ni se inmutó; yo estaba flipada…

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