Santa Mónica

Las que somos madres sabemos bien lo que nos pasa por dentro cuando vemos a uno de nuestros hijos dirigirse por el camino equivocado. Cuando son pequeños, sufrimos las incomodidades de sus llantos nocturnos o sentimos angustia al verlos malitos y con fiebre, pero eso no se puede comparar con lo que se siente cuando ves a un hijo dirigirse por el camino que le lleva a la perdición.

Si no tienes fe, quién sabe, la familia sufre las consecuencias de los malos pasos, de las incomprensiones, de las peleas diarias, de los desprecios… pero no piensas en que su alma se podría perder por toda la eternidad; ahora bien, los que sí tenemos fe y conocemos las consecuencias eternas de una vida de perdición, ¡eso verdaderamente duele en lo más profundo!

Pues bien, eso es lo que le sucedió a Santa Mónica, conocida sobre todo por ser la madre de San Agustín.

Santa Mónica nació en Tagaste, al norte de África, en el año 332. Nació en una familia católica acomodada pero venida a menos. Sus padres confiaron su educación a una niñera muy estricta, tanto que ni siquiera le permitía beber entre horas porque decía que así sería una mujer recia, que aprendería a controlarse ante cualquier situación, de modo que, cuando fuera una mujer casada y organizara su hogar, no le daría por beber vino y andar por ahí ebria.

Algo de razón tendría en esto porque, cuando Mónica era una jovencita antes de casarse, al ir a la bodega a coger el vino para la comida, fue sorprendida bebiendo por un criado que la llamó borracha. Fue tal la vergüenza que Mónica pasó, que no volvió a pasar por una situación semejante.

A los 20 años, sus padres la casaron con Patricio, un hombre pagano de fuerte temperamento. Ahí fue cuando empezó a dar muestras de la clase de mujer que era. 

La suegra de Mónica, que en algo se parecía a su hijo, se dejó influenciar por las murmuraciones de las criadas y no la trataba bien, pero ella supo ganársela con atenciones y perseverando en sufrirla con mansedumbre.

Ante las reacciones coléricas de su marido, su filosofía era: "Es que cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando el grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos, y yo no acepto la pelea, pues… no peleamos". Ahora bien, cuando le veía de buen talante, aprovechaba para comentarle lo que no le había parecido bien de lo que había hecho; tenía una paciencia enorme con él. Dice ella misma: ”Porque esperaba Señor que vuestra Misericordia viniese sobre él para que, creyendo en Vos, se hiciese casto”. El silencio, el ejemplo y la oración fueron las armas que utilizó para lograr la conversión de su esposo que con tantas infidelidades pagaba la abnegación de Mónica.

¡Qué bien nos iría a todas las esposas si siguiéramos el ejemplo de Santa Mónica!

Mónica y Patricio tuvieron dos hijos y una hija. El mayor, Agustín, que tantos desvelos haría pasar a su madre, Navigio y Perpetua, los cuales no le dieron tantos quebraderos de cabeza.

Patricio murió convertido y bautizado y la historia de San Agustín ya la sabéis. Las lágrimas de una madre y la paciencia y constancia de esposa y nuera, hicieron que Mónica pudiera llegar al final de su vida con la paz y la alegría de haber hecho una buena labor. Ya podía morir tranquila diciendo: "¿Y a mí que más me puede amarrar a la tierra? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios". Así, entregaba su vida a Dios en el año 387.

Mónica puso toda su confianza en el “Señor que todo lo puede” y no escatimó súplicas y lágrimas para arrancarle todos los milagros que finalmente consiguió.

El Señor todo lo puede, todo lo sabe y nos ama, ¿qué no habrá bueno que Él nos pueda dar que, si se lo pedimos insistentemente, se niegue a darnos? Especialmente la conversión de todos aquellos a los que amamos y que Él ha puesto a nuestro cuidado. No nos cansemos nunca de pedir, aunque parezca que todo está perdido. Mientras hay vida, hay esperanza.

Para profundizar un poco más en la vida de Santa Mónica, te invitamos a ver el siguiente vídeo pinchando aquí.

Sole Martín

Soledad Martín, esposa y madre. Intento compaginar ésta que es mi verdadera vocación, lo mejor que puedo, con un trabajo como funcionaria en horario de mañana, lo cual me permite atender a mi familia puesto que tengo las tardes libres. Soy laica del Hogar de la Madre.