Los santos de la puerta de al lado

Tan real como la vida misma y tan normal como la vida misma.

La verdad es que no sé cómo empezar a hablar de este matrimonio, porque han tenido una vida tan normal, tan normal, que hasta cualquiera de nosotros podría tenerla o, a lo mejor, ya la tiene.

Sin nada extraordinario pero, precisamente por eso, realmente extraordinario. No sabéis la alegría que me ha proporcionado conocer su vida porque abre mi corazón de par en par a la esperanza en la convicción de que, si ellos lo hicieron posible, ¿por qué yo no?

Se llaman Giovanni Gheddo y Rosetta Franzi; como habéis imaginado, son un matrimonio italiano de principios del siglo XX, y fueron declarados Siervos de Dios en el año 2006, estando actualmente abierta su causa de beatificación.

Rosetta nació en 1902 en Crova (Verecelli), en la región del Piamonte, entre Turín y Milán. Provenía de una buena familia y era la segunda de cuatro hermanas. Se graduó como maestra de primaria y se dedicó al servicio de la parroquia y al cuidado de los niños, dejando un fuerte recuerdo de santidad. Su hermana Emma decía de ella: “Rosetta era muy querida por todos porque era una mujer de paz, nunca hablaba mal de nadie y, si había algún chisme, ella trataba de ver los aspectos positivos de la persona de la que se estaba hablando. Ayudaba a los pobres y a las personas en dificultad”. No se dedicó de forma profesional a su profesión porque su padre no quería; él quería mantener a su familia como hacían los hombres antes, pero sí se dedicó a dar clases a los niños sin percibir un sueldo a cambio, ayudaba en la guardería y daba clases gratuitas a los adultos analfabetos del pueblo, que entonces abundaban.

Por su parte, Giovanni nació en 1900 en Viancino (Vercelli), en una familia de diez hermanos. Después de la Primera Guerra Mundial, entró en la Real Academia Militar de Turín para ser cadete. Fue nombrado teniente y enviado a la zona de armisticio donde encontró trabajo de topógrafo y más tarde, fue nombrado secretario del distrito de riego de Vercelli-Tronzano. Giovanni tenía un amigo en Cova al que iba a visitar con frecuencia. Un día que iba por allí en su bicicleta, se cruzó con Rosetta y le gustó, por lo que pidió informes de la familia y fue a visitar a su padre, al que expuso sus serias intenciones sobre su hija. Obtuvo el permiso paterno y fue invitado a ir a su casa de visita para conocer a Rosetta, pero hablaba con ella sólo y siempre en presencia de su madre o de otra hermana. Finalmente, se casaron el 16 de Junio de 1928 y pasaron la noche de bodas con el Señor; así, además de dormir y rezar, hicieron un voto delante de la Virgen y del Señor pidiendo dos gracias: la primera, tener muchos hijos (propusieron doce) y la segunda, que al menos uno de ellos se consagrara al Señor.

Ambos se formaron en la familia Salesiana y después, de adultos, formaron parte de la Acción Católica.

Tuvieron tres hijos, el Padre Piero, Francesco y Mario. Después de dos abortos involuntarios, Rosetta quedó embarazada de gemelos pero, a los cinco meses de embarazo, murió de una neumonía. Sólo habían pasado 6 años desde que se casaron, quedando Giovanni viudo con tres niños de 5, 4 y 3 años de edad.

Estando Rosetta prácticamente en su lecho de muerte y estando ciertamente Giovanni muy preocupado por la situación, le dijo a su esposa: “Si te pones bien, lo haremos de otra manera, porque todos estos hijos te han debilitado”, a lo que su esposa respondió: “Giovanni, haremos la voluntad de Dios como siempre hemos hecho”. Y yo diría que ese podría ser el lema de su vida, cumplir siempre la Voluntad de Dios. 

Su hijo Piero nos dice que su vida era sencilla y que no hablaban de santidad o de perfección cristiana pero ciertamente la vivían. Su santidad venía de la oración, Misa y Rosario diarios, devoción a la Virgen, lecturas devocionales y fidelidad a la Iglesia. Una vida por los demás y por la Iglesia. Transmitían la fe a sus hijos de forma natural y sencilla, viviendo ellos una fe auténtica, rezando en familia y creando una alegre atmósfera de fe y de oración, de optimismo y de esperanza. Por la noche, después de la cena, se rezaba el Rosario alrededor de la mesa.

Hay detalles de la vida de ambos que nos hacen captar su grandeza como personas. Os pongo un ejemplo de cada uno:

En el pueblo donde vivían, había una costurera que tuvo un hijo sin estar casada. Su familia la echó de casa y en el pueblo le daban la espalda. Rosetta, recién casada, comenzó a visitarla, le daba o le buscaba trabajo y con mucho tacto, la introdujo de nuevo en la parroquia. Un testigo de este hecho relata lo siguiente: “Aprendí de Rosetta lo que significa la caridad cristiana”

Giovanni era conocido en el pueblo como “el pacificador” porque sabía hablar de paz y de perdón de una manera convincente, resolviendo no pocos conflictos. Pero lo que quiero relataros es la razón de su muerte; hay quien le compara por ello con San Maximiliano Kolbe. 

El 10 de Julio de 1942, fue enviado al frente ruso en la Segunda Guerra Mundial. No tendría que haber ido por ser viudo con tres hijos pequeños, pero fue castigado de esa manera por ser de la Acción Católica y además no haber querido nunca afiliarse al Partido Fascista, cosa que en aquel tiempo era obligatorio. Cuando los rusos accedieron a través de las líneas italianas, el 17 de Diciembre de 1942, a 35 grados bajo cero, el alto mando ordenó la retirada. Con los heridos graves debía quedarse el oficial más joven, pero Giovanni le dijo: “Tú eres joven y tienes que construirte una vida; yo tengo a mis hijos en buenas manos. Escapa, que me quedo yo”. Este soldado fue a Tronzano, donde vivían sus hijos, a contarles lo que había hecho su padre por él y a darles las gracias por haberle salvado la vida, confirmándoles que, habiendo podido escapar, se quedó con los heridos que no podían ser trasladados.

Verdaderamente este fue un acto heroico y podríamos decir extraordinario, siendo este un matrimonio formado por personas muy normales, pero ciertamente, los actos heroicos no se improvisan, son consecuencia de una vida muy normal, pero cargada de fidelidad y compromiso, una fuerte vida de oración y actos pequeños de caridad en su vida cotidiana. Quizás ninguno de los dos sobresalió en obras grandiosas, eran buenos cristianos pero no llamaban la atención por lo magnífico de su vida. Fue después de su muerte cuando los que los conocían cayeron en la cuenta de la grandeza personal de cada uno de ellos.

Cuando murió Rosetta, Giovanni se fue a vivir con su madre y con dos de sus hermanas, que fueron las que cuidaron de sus hijos tras la muerte de ella y, después, tras la muerte de su padre.

Piero, Francesco y Mario quedaron huérfanos muy pronto, pero nunca les faltó el cariño y el cuidado por parte de su abuela y de sus tías y, a medida que fueron creciendo, fueron escuchando testimonios de personas que habían conocido a sus padres y que les hablaban de ellos, personas mayores que todavía se emocionaban al recordarles, diciéndoles que eran hijos de unos padres santos.

En 1964, treinta años después de la muerte de Rosetta, realizaron la exhumación de su cuerpo encontrándolo intacto, mientras que el cuerpo del abuelo Pietro, padre de Giovanni, estaba reducido a cenizas.

El 18 de Febrero de 2015, Lia Lafronte fue nombrada postuladora de la causa de beatificación de los siervos de Dios, y este es su testimonio sobre ellos: “La espiritualidad de los cónyuges y padres Gheddo, manifestada incluso antes de contraer matrimonio, me ha impactado de una manera muy profunda: es imposible resumir aquí la riqueza interior y la luminosidad de su fe, que he percibido a partir de los testimonios escuchados y de los documentos históricos que he reunido.

La impresión fuerte que he tenido es que incluso el más pequeño gesto en la vida de estos Siervos de Dios -de personalidades tan amables y a la vez tan atravesados por la normalidad de la vida familiar, parroquial y social, al punto de poder definirlos de verdad como “los santos de la puerta de al lado”- , cada pequeño gesto suyo –decía-  estuvo caracterizado por el amor a Dios y por el íntimo respeto a Su voluntad: en la alegría, en el dolor, en el sacrificio.”

Pues este es el matrimonio que hoy os traigo a Infofamilialibre. Espero que os hayan causado la misma impresión que me han causado a mí.

Sole Martín

Soledad Martín, esposa y madre. Intento compaginar ésta que es mi verdadera vocación, lo mejor que puedo, con un trabajo como funcionaria en horario de mañana, lo cual me permite atender a mi familia puesto que tengo las tardes libres. Soy laica del Hogar de la Madre.

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