Una mujer completamente normal

Vamos a ver hoy la vida de otra santa del s.XX. Yo había oído hablar de ella, pero no conocía toda su vida. Pensaba que la habían canonizado por haber dado la vida a su hija a cambio de la suya propia pero no es sólo así, sino que ya vivía profundamente unida a Jesucristo desde su infancia y eso es lo que me ha sorprendido porque realmente lo desconocía.

Este artículo también quiere ser un homenaje a todas esas mujeres que han tenido el coraje, en estos tiempos que corren en los que la vida del no nacido no tiene ningún valor, de dar su vida para que la vida que llevaban dentro tuviera un futuro.

Sin ir más lejos, recuerdo a Carmina. Yo no llegué a conocerla, pero conozco a su marido y a sus hijos y es a través de ellos que conozco un poquito de su historia. Carmina y su marido no siempre fueron católicos practicantes y comprometidos, pero el Señor se presentó en sus vidas y fueron cambiando poquito a poco y de ser una pareja corriente de los tiempos actuales, dieron grandes pasos en el encuentro con el Señor de modo que, abriéndose a la vida, tuvieron cinco hermosos hijos. Hay una cosa que une a Carmina con nuestra Santa de hoy: a ella también le diagnosticaron un cáncer durante su quinto embarazo y, sabiendo que el tratamiento que salvaría su vida podría matar la del bebé que llevaba dentro, decidió esperar a darle a luz, lo cual supuso su muerte. Yo siempre la he tenido presente cuando he oído hablar de historias como ésta e imagino que estará en el Cielo cuidando de su familia, aunque la Iglesia no conozca su historia y no la haya canonizado.

La santa de la que os voy a hablar es Gianna Beretta Molla. Sí, una santa nacida en el norte de Italia, en un pueblo llamado Magenta, de la provincia de Milán, el  4 de Octubre de 1922. Fue la décima de trece hermanos, su familia era de clase media y sus padres tenían una fe profunda.

Gianna abrazó la fe desde su más tierna edad. Ya hay oraciones escritas por ella alrededor de los 15 años, en las que le ofrece a Jesús todo lo que hace y vive, comprometiéndose a huir de cualquier situación que pudiera inducirle a pecar o a ensuciar su alma, prefiriendo morir a cometer pecado mortal.

Era una mujer activa y comprometida, participando muy activamente en la Acción Católica. Le gustaba la música y el teatro, también el deporte, practicaba el esquí y el alpinismo, en fin, una mujer, yo diría, adelantada a su tiempo. Estudió medicina y, en las fotos de la facultad, era una de las pocas mujeres que había. Se especializó en pediatría y en el ejercicio de su profesión tuvo especial dedicación con los niños y sus madres, los ancianos y los pobres.

En la búsqueda de la vocación a la que el Señor la llamaba, reza y pide oraciones. Finalmente siente la llamada al matrimonio y a formar una familia.

Es a través de las numerosas cartas que se escribieron como conocemos detalles de la historia de Gianna y Pietro Molla. Se conocieron en el año 1954 y contrajeron matrimonio en Septiembre de 1955. Pietro era ingeniero y su trabajo le obligaba a viajar y permanecer fuera durante bastante tiempo; es por ello que la correspondencia entre ellos fue abundante.

El mayor deseo de Gianna era saber cómo hacer feliz a su esposo y eso es lo que le decía en alguna de sus primeras cartas, al igual que formar una familia verdaderamente cristiana, para lo cual dedicaba momentos a la oración, pidiendo a Jesús que le enseñara y ayudara a vivir todo esto como le fuera grato a Él. Desea con todo su corazón ser para Pietro como la mujer fuerte de la que habla el Evangelio.

Antes de contraer matrimonio, ella le hace la siguiente propuesta: ”¿Qué te parece si, para prepararnos espiritualmente a recibir el sacramento, hiciésemos un Triduo? En los días 21, 22 y 23 vamos a Misa y comunión, tú en Ponte Nuovo, yo en el Santuario de la Asunción. La Virgen unirá nuestras oraciones, deseos y, ya que la unión hace la fuerza, Jesús nos tendrá que escuchar y ayudar. Estoy segura de que dirás que sí y te lo agradezco.” E hicieron el Triduo.

¡Menuda manera para prepararse al matrimonio! Ojalá ahora los novios también tuvieran el deseo de prepararse espiritualmente para recibir este sacramento tan importante para la vida de ambos cónyuges y de la familia que formarán.

El deseo de Gianna es que su familia sea un Cenáculo donde Jesús reine sobre todos sus afectos, deseos y actos, convirtiéndose en colaboradores de Dios en la creación, dándole hijos que le amen y le sirvan.

En Noviembre de 1956 tienen su primer hijo, Pierluigi. Después vendrá Mariolina, en diciembre de 1957 y en Julio de 1959 nacerá Laura. En 1961 vuelve a quedarse embarazada y en el segundo mes, le diagnostican un tumor en el útero, el cual tienen que operar.  Ante la dificultosa situación, los médicos le proponen un aborto terapéutico, a lo que ella se niega rotundamente. Gianna se somete a una operación para extirpar el fibroma, pero siempre con la condición de que la vida de su bebé no se viera afectada y se confía a la oración y a la Providencia. Finalmente dio a luz a una pequeña a la que llamarán Gianna Emanuela, pero la salud de la madre ha quedado gravemente deteriorada, muriendo santamente entre grandes dolores y repitiendo sin cesar “Jesús te amo”, una semana después de dar a luz a su bebé.

Pasados los años, Pietro declarará: “Durante los seis años y medio de matrimonio, lo que más me impresionó fue que era muy trabajadora, y el sagrado respeto que tenía por la vida, don maravilloso de Dios, su confianza plena en Dios. Me impresionaba su gran alegría cuando nacían los hijos. (…) Yo no sabía que vivía con una santa. Gianna era, en realidad, una mujer normal, con la pasión por la vida, por la música, los paseos, la montaña. Fue poco después, cuando ella murió, que su amor y su sacrificio me conquistaron como una revelación, y me acompañaron todos estos años".

La historia de Gianna ha conquistado también muchos otros corazones en todo el mundo y a su familia empezaron a llegar cartas y testimonios.

En 1994, Año Internacional de la Familia, el entonces Papa Juan Pablo II, la declaró beata, proponiéndola como modelo a todas las madres de familia y también la canonizó el 16 de mayo de 2004.

Sole Martín

Soledad Martín, esposa y madre. Intento compaginar ésta que es mi verdadera vocación, lo mejor que puedo, con un trabajo como funcionaria en horario de mañana, lo cual me permite atender a mi familia puesto que tengo las tardes libres. Soy laica del Hogar de la Madre.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar