Llegar al cielo desde el mundo obrero: Enrique Shaw

La persona que os traigo hoy es un hombre argentino.  Fue el actual Papa Francisco quien concedió permiso para introducir su causa cuando era arzobispo de Buenos Aires.

Me ha causado muy grata impresión su vida porque pertenece a un segmento social bastante desprestigiado, el de los empresarios. ¿Quién no ha oído alguna vez que sólo trabajan para explotar al obrero y llenarse los bolsillos propios?

Es verdad que Enrique Shaw (1921-1962) no fue propietario de la empresa para la que trabajó, pero influyó de una forma muy positiva en la manera  que el empresario tenía de ver y actuar en el mundo obrero; de hecho, a él le habría gustado ser uno de ellos, pero dadas sus habilidades, capacidades y formación, su camino fue dirigido hacia el ámbito empresarial, llegando a crear una importante asociación empresarial católica ( Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa ACDE), la cual es la promotora de su causa.

El 26 de Febrero de 1921 nace en París donde no vivirá más que un par de años puesto que su familia volverá a Argentina, de donde eran originarios, en 1923.

Su madre, Sara, murió cuando Enrique no tenía más que cuatro años pero, en su lecho de muerte, hizo prometer a su esposo que daría a sus hijos una buena educación religiosa, lo que cumplió fielmente.

Enrique se educó en el colegio La Salle y allí obtuvo las mejores calificaciones. Después de leer sobre su vida, una de las cosas que más me ha impresionado es su temprana madurez. Leyendo sobre sus aptitudes y actitudes, no he podido dejar de pensar en muchos de los jóvenes actuales, carentes totalmente de ideales sobre los que edificar su vida. Seguro pensarían que Enrique podría ser algo así como un marciano, no sé, quizás suene un poco raro, pero es que verdaderamente me ha sorprendido su persona ya en la adolescencia.

Después de deciros que en el colegio destacó de forma sobresaliente, resulta que a los 14 años decide ingresar en la Escuela Naval Militar. Ya a esa edad era un chico de profundas convicciones religiosas, lo cual pudieron comprobar sus compañeros en la Marina, ya que él no perdía ocasión de hacer apostolado entre ellos no sólo de palabra, sino también con su impecable conducta. Allí también destacó como estudiante, siendo el más joven de los que se habían graduado hasta entonces.

Era un chico inquieto y autodidacta y ya a los 16 años se interesaba por lecturas que seguramente los chicos de su edad no elegirían como, por ejemplo, economía, filosofía, política, ciencia… en fin, ¿ya os vais haciendo una idea verdad?; era un chico poco corriente. La razón de que eligiera estas lecturas era que  necesitaba respuestas a sus interrogantes profundos,  impregnados de justicia y espiritualidad. Es por eso que cuando cayó en sus manos un folleto sobre la Doctrina Social de la Iglesia, descubrió que eso era lo que andaba buscando, él siempre llamó a este momento, su personal “conversión”.

Después de todo esto, de todas las estupendas cualidades de este muchacho, su mayor deseo era ser obrero. Un chico con tan estupendas cualidades ¡quiere ser obrero! Me resulta sorprendente. Cualquier chico con estas condiciones desearía hacer una carrera impresionante y llenar sus bolsillos de dinero y su vida de gloria. Pero Enrique amaba el mundo obrero y deseaba su bien, deseaba que todos los trabajadores sintieran que su trabajo era importante no sólo para poder sacar adelante a sus familias, sino también para sentir el orgullo de saber que su trabajo era importante para el bien de todos.

Pero estando en la Marina, conoce a Cecilia Bunge y decide formar con ella una familia. Este es un momento importante de su vida porque se da cuenta que la vida en la Marina no le permitiría llevar a cabo la vida de familia tal como él la entendía. Se casan en 1943 y en 1945 la Marina le envía a los EEUU a un curso de meteorología. Es entonces cuando Enrique toma la decisión de dejar la Marina y empezar su camino de nuevo como obrero haciendo en ese mundo su trabajo apostólico, lo que era su sueño; pero un amigo sacerdote norteamericano le hizo ver que los talentos con que Dios le había adornado, serían más efectivos dentro del mundo empresarial para el cual estaba muy bien dotado.

Enrique y Cecilia tuvieron 9 hijos y su vida de familia fue muy especial. Compaginaba su vida de familia con su trabajo empresarial y ambas fueron muy gratamente productivas. Amaba su familia y amaba su trabajo y se dedicaba en cuerpo y alma a ambos impregnándolo todo de la caridad que ardía en su interior. “Si nosotros somos santos, serán también nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos”, creía Enrique.  “Debemos crear trabajo…y cuanto más eficiente sea nuestra labor, más recursos tendrá la Providencia para repartir entre pobres y necesitados”.

Sí, pensaba en todos.

No perdió tiempo a lo largo de su productiva vida, no. Quizás por eso es por lo que el Señor quiso llevárselo tan pronto. En 1957 se le diagnosticó un cáncer incurable pero, mientras pudo, no dejó de llevar la vida intensa que le caracterizaba. Todos se volcaron con él, también los obreros que habían trabajado bajo su dirección. Todos se interesaban por su estado de salud incluso, cuando necesitó transfusiones de sangre, se podría decir que no faltó quien se ofreciera, especialmente sus propios obreros. Con todos los cuidados de que fue objeto, mantuvo su actividad hasta 1962 en que su salud empeoró notablemente, falleciendo el 27 de agosto de ese año, muy orgulloso por morir con “sangre de obrero en sus venas”.

¡Caramba qué vida tan intensa e interesante! ¡Qué ejemplo para todos! Ejemplo de joven, ejemplo de estudiante, ejemplo de compañero, ejemplo de padre, ejemplo de empresario… impregnándolo todo de espíritu evangélico.

Tomemos buena nota de los ejemplos de vida de éstos que tan bien han puesto a trabajar los talentos que han recibido, no en su propio provecho, sino para el bien de todos.

Hay un video en el cual podemos conocer la vida de Enrique Shaw con detalles contados por su propia esposa, en este enlace.

Aunque es un poquito largo, merece la pena.

Sole Martín

Soledad Martín, esposa y madre. Intento compaginar ésta que es mi verdadera vocación, lo mejor que puedo, con un trabajo como funcionaria en horario de mañana, lo cual me permite atender a mi familia puesto que tengo las tardes libres. Soy laica del Hogar de la Madre.