A vueltas con la comunicación

Seguimos con la comunicación porque, por frecuente que pueda resultar como tema, no deja de ser la verdadera columna vertebral de nuestra relación. Si conseguimos un diez en esta asignatura, tenemos asegurado el cum laude al final del camino.

Hoy nos centraremos en las preguntas, camino frecuente que nos conduce a una comunicación densa y personal. 

A veces las cosas fluyen sin más, pero hay personas a las que les cuesta más salir de dentro a fuera y unas preguntas bien deslizadas pueden ser el catalizador perfecto. Pero deben cumplir ciertas características:

1. En primer lugar preguntamos para saber, no para confirmar lo que ya sabemos. Es decir, al dirigirnos al otro en asuntos personales, debemos partir de la más completa humildad: no estamos en posesión de la verdad. Nos interesa algún aspecto concreto y estamos dispuestos a dejarnos sorprender incluso por lo que escuchemos. Pero no escuchamos preparados para disparar con nuestra versión acerca de lo que el otro piensa, desea, siente o pretendía en una determinada situación.

2. En segundo lugar, al contestar, es importante que conjuguemos la primera persona del singular. Si utilizamos la segunda, estaremos acusando, culpabilizando o reprochando en vez de dejar ver cómo nos sentimos en relación a esa cuestión concreta que nos han preguntado o sobre la que estamos hablando.

¡Cuánto más digerible es –“me he sentido muy solo en estos días”- que “no me has hecho ni caso estos días”! Nos damos perfecta cuenta, el mensaje es el mismo. Pero si nos dirigen la primera frase, nos sentimos interpelados en positivo y rápidamente recapacitamos sobre nuestra actitud y muy probablemente nos disculpamos por haber estado despistados o demasiado absorbidos por lo urgente. Eso sí, ante la segunda frase, nuestra reacción será, sin duda, de defensa: no tardaremos en justificarnos, sentirnos incomprendidos, incluso podríamos llegar a acusar al otro de egoísta por no hacerse cargo de la vida que llevamos.

Si tratamos de evitar estos errores y mantener esta buena disposición en nuestras conversaciones, iremos creando un ambiente cada vez más cercano y confiado entre los dos. No olvidemos que la confianza y la cercanía son dos de los frutos más esperados de una sana comunicación.

Publicado en NachoTornel.com

Nacho Tornel

Soy una persona que, a los treinta y tantos, decide dedicar sus esfuerzos profesionales a la familia. Pienso que quienes hemos decidido buscar la felicidad de la mano de otra persona, merecemos la ayuda y el apoyo necesario para superar las dificultades. Llego a eso después de haber estado trabajando en organizaciones internacionales como la Comisión Europea en Bruselas, Naciones Unidas en Nueva York y desde Madrid en el Fondo Social Europeo.

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