Martes, 22 Marzo 2016 00:00

La adopción de niños con necesidades especiales

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Este mes me gustaría hablaros de un tipo de adopción que no hemos mencionado aún, y que presenta algunas peculiaridades respecto a la adopción “tradicional” por las especiales características de los niños adoptables, los llamados “niños con necesidades especiales”.

Nos referimos al acogimiento permanente de niños enfermos, que existe desde 2005 como adopción independiente y que recibe distintas denominaciones según el país del que hablemos. En China se llama “Pasaje verde”, en Vietnam, “Lista 2”; en Perú, “Ángeles que aguardan”; en Colombia, “Camino a la esperanza” y en España, “adopción de niños con necesidades especiales”. Es una vía que cada vez está más solicitada (aunque sin llegar a la masificación que soporta la adopción ordinaria) y que es mucho más rápida de resolución por las propias necesidades que presentan los menores, que exigen una actuación ágil.

Los niños con necesidades especiales son menores que padecen o han padecido alguna enfermedad, o que presentan alguna discapacidad. También se incluyen en esta categoría niños de difícil adopción, bien por su edad (son mayores de 5 años) o por conformar un grupo de hermanos con otros niños.

En el caso de los niños enfermos y discapacitados, las patologías que pueden sufrir son muy variadas y se clasifican en: faciales, como labios leporinos, hemangiomas, manchas, cicatrices…; de la piel: quemaduras de diverso grado, nevus, alteraciones de pigmentación; patologías sensoriales: alteraciones visuales y auditivas; patologías de las extremidades: deformaciones y/o malformaciones congénitas totales o parciales en miembros superiores o inferiores; patologías cardíacas moderadas o severas, digestivas, urogenitales, de la sangre, enfermedades crónicas o infectocontagiosas, afecciones neurológicas, y patologías múltiples combinadas.

Los requisitos de las familias que optan por esta vía también han de ser valorados de manera especial, pues además de reunir los requerimientos básicos establecidos para la adopción ordinaria, deben cumplir otras condiciones. Así, ninguno de los cónyuges debe superar los 55 años de edad, han de ser cariñosos y amables, poseer unas características psicológicas determinadas para hacerse cargo de un menor enfermo, tener una formación adecuada sobre las necesidades especiales del niño que adoptarán, percibir ingresos anuales estables, y han de estar física y psicológicamente sanos para garantizar que ninguna enfermedad les impedirá el cuidado de su hijo. También han de comprometerse a mantener una relación continua con los servicios post adoptivos, asistiendo a todas las entrevistas de seguimiento que se les indique.

Los pasos para tramitar por esta vía (tanto nacional como internacionalmente) son algo diferentes a los que se han de seguir para adoptar por vía ordinaria. Una vez que la familia obtiene el certificado de idoneidad específico para esta adopción, se incorpora a una lista de espera, donde aguardará hasta que haya un menor que encaje con las características establecidas, que han sido previamente valoradas y aceptadas por la familia y la Comunidad Autónoma correspondiente (C.A. en adelante). Cuando se encuentra un expediente de un menor “compatible”, se bloquea y se presenta a los Servicios Sociales de la C.A.  toda la documentación relativa. Después se facilitará a la familia los datos esenciales del menor, el informe médico y una fotografía de la zona afectada, para que la familia pueda consultar con médicos especialistas y tomar una decisión. Es necesario tener la máxima información sobre estas enfermedades para valorar si la familia a la que se le propone puede asumir sus cuidados. Por ello también los organismos que tramitan estos procesos piden a los solicitantes indicar con el mayor detalle posible los problemas de salud que consideran aceptables por ellos.

Aceptado el ofrecimiento, se aprueba la solicitud por el órgano competente en España o en el extranjero. Tras la conformidad, se ofrecerá a la familia la totalidad del expediente del menor solicitado, pues hasta ahora no tenían datos concretos del niño para preservar su identidad.

A partir de ahí, hay que seguir la tramitación normal de una adopción nacional o internacional.

Algunas CC.AA. tienen decretos que priorizan la tramitación de los certificados de idoneidad cuando se trata de niños con necesidades especiales, algo que –desde mi punto de vista- debería generalizarse en el resto del territorio nacional. 

Desde España se colabora también con las adopciones internacionales de estos niños. Por citar un ejemplo, un equipo de pediatras españoles viajó en 2010 a China para evaluar la salud de cuatrocientos de niños huérfanos enfermos, con el fin de mejorar la información que se ofrecía de ellos, muchas veces incompleta por falta de recursos en un país donde la sanidad no es gratuita y son los propios orfanatos los que tienen que asumir el coste de los diagnósticos y las operaciones. Uno de estos pediatras reconocía que había sido un viaje de emociones muy intensas, pero con un balance muy positivo. Realizaron su trabajo con la confianza de que estos niños encontrarían una familia, como así fue. “El problema siempre es el económico –reconocía-, esta es la causa por la que, en muchos casos, se abandona a los niños. Las familias no pueden hacerse cargo de los gastos médicos y los dejan en la calle, o incluso en los hospitales”. Respecto a su opinión sobre este tipo de adopción, decía: “En ningún caso un padre tiene garantías sobre la salud de su hijo, tanto si es biológico como adoptado. Eso no se lo asegura nadie. Sí es cierto que hay que reflexionar sobre qué patologías se está dispuesto a asumir, pero hay que entender que adoptar es un acto de amor con todas sus consecuencias”.

En este sentido, cuando un matrimonio considera la adopción no suele pensar en estos niños, normalmente por desinformación o por miedo a lo desconocido. Pero todos los niños merecen ser tenidos en cuenta, independientemente de su estado de salud. En la adopción –como en la paternidad biológica- no existen niños perfectos. Para mí la maternidad adoptiva es una vocación, y hay determinadas personas que descubren dentro de esta llamada una inclinación más profunda a acoger niños con alguna necesidad concreta. Personas que, a diferencia de los padres que rezan para que sus hijos nazcan sanos, se lanzan a la búsqueda de niños enfermos. Para mí es algo heroico. Por eso creo que la adopción de estos menores no es una vía para todas las familias. No se puede recurrir a esta opción como alternativa para agilizar la resolución de un expediente, por ejemplo. Estos niños, además del cariño, necesitan mayores atenciones que los menores sanos. Unos serán autónomos el día de mañana si su patología es superable, pero otros muchos serán personas dependientes para el resto de sus vidas. Cada familia tiene que reflexionar respecto a lo que se siente llamada a hacer, siendo realista respecto a sus posibilidades.

En relación a esto, me conmueve profundamente el testimonio del actor Jim Caviezel –lo recordaréis por su papel de Jesucristo en la película La Pasión- y su mujer Kerri. Tras varios intentos infructuosos de ser padres biológicos, optaron por la adopción de dos niños chinos, ambos con deformidades tumorales.

Jim lo cuenta así: “Una amiga nuestra, Susan McEveety, nos mostró una imagen de un pequeño con un tumor cerebral, que podía verse dentro y fuera de la cabeza. Había algo en sus ojos...y me quedé como escuchándole: ¿Me amarás? Yo dije: Sí, te amaré. El amor fue instantáneo y definitivo, a un nivel que nunca había experimentado”. Lo adoptaron en 2007. El pequeño Bo fue abandonado en un tren y vivió sus cinco primeros años en un orfanato chino, hasta que le diagnosticaron el tumor.

Años más tarde, Jim y Kerri decidieron adoptar de nuevo en China. En esta ocasión les asignaron una niña en perfecto estado de salud, pero pensaron que sería adoptada fácilmente por otra familia, mientras que LeLe, también con un tumor, no sería tan afortunada.

Dice Jim: “Sí, cuando les vi a ambos, mis ojos vieron sus deformidades, pero mi corazón no. Mi corazón vio que eran hermosos, y no sólo que eran hermosos, sino que me embellecían a mí, porque me hacían querer ser un hombre mejor.”

A quienes asusta lo que Dios les pide, Jim les aconseja: “No te haces idea de las bendiciones que puedes recibir si le das una oportunidad a la fe”.

Él tiene muy claras sus prioridades en la vida: “Cuando muera, probablemente se me recuerde como un actor de Hollywood que interpretó muchos papeles (…). Pero más allá de las películas y de mi carrera como actor, hay algo más importante: mi papel como marido de mi mujer, Kerri, y como padre de mis dos hijos adoptivos, Bo y LeLe”.

Todo un testimonio de valentía y generosidad, ¿no os parece? Una demostración que me confirma, tal y como comentábamos hace poco en familia, que el amor no es un sentimiento, sino una decisión.

Clara Martínez Gomariz es Licenciada en Derecho y Master en Dirección de Personal y Gestión de RRHH. Trabaja desde hace hace quince años en el sector de las telecomunicaciones. Soy Laica del Hogar de la Madre.
Casada desde 2001, es madre adoptiva de una niña china de ocho años de edad y se encuentra desde hace seis años en un segundo proceso de adopción en este mismo país. Es miembro de Andeni, Asociación Nacional en Defensa del Niño. Ha leído diversos libros y artículos sobre adopción y ha asistido a charlas sobre el tema. Además, se mantiene en contacto permanente con un grupo de familias españolas y americanas con menores adoptados en China.